Crítica cinematográfica: “La Purga” – parte II

ADIÓS A LAS PURGAS – SEGUNDA PARTE

Por Lucas Moreno

–¿Qué significaba spoiler? –le pregunté al gordo, un amigo.

–Arruinar –me respondió, tomándose un mate.

¿O sea que voy a exzpoislerear una serie? NO: los invito a seguir leyendo, hayan visto La Purga o no, porque mis exxxpoilers prometen no arruinar la Experiencia. Si arrojo pistas será para incrustar una curiosidad insoportable, jamás para suprimirla.

(Corte publicitario. A mediados de enero estreno dos cortos: El Histérico Suicidio de Lautaro Mastretta y La Mulita; estén atentos que salen por Vimeo)

Alguien dijo que una característica humana es entender la realidad a través del mito. Con el relato mítico cubrimos lo que está fuera del entendimiento humano. Además, los mitos cumplen funciones conductistas, como GPS morales. Si un griego se asustaba en medio de una guerra, pensaba en Aquiles y corría. Cuando estamos por mandarnos una cagada, se nos activa la alegoría cielo/infierno para replantear la decisión. En otras palabras, el mito es una ficción que te ayuda primero a entender y después a actuar.

¿Adónde apunto? La Purga, la serie, es el mito que Córdoba necesitaba hace tiempo.

Una alegoría social centrada en dos figuras: Francisco Cataldi y Pablo Tolosa. El primero, representante arruinado de clase alta; el segundo, representante dignificado de clase baja. Esta peculiaridad los empata: Cataldi estuvo arriba y bajó, Tolosa estuvo abajo y subió. Personajes que ocupan una categoría atípica y compleja. Por eso entra en juego un espacio geográfico especial para que estas categorías logren entenderse: el barrio de La Purga. Espacio que reformula códigos de conducta. Micro-universo inventado para esta serie, que funciona como el set de una sitcom donde los personajes se cruzan continuamente en el momento apropiado, casi parodiando la unidad de tiempo y espacio de las tragedias griegas.

Dentro de este micro-universo se ramifican muchos personajes, pero necesarios TODOS para que la alegoría cierre perfecta. Alvin Astorga, sátiro del crimen. Ricardo Bertone, monstruo legal. Hernán Sevilla, Patroclo de Tolosa. Julieta Daga, heroína trágica. Francisco Colja, dulzura rebelde. Maximiliano Gallo, moralista grandilocuente. Héctor López, sabio peronista. Guillemo Vanadía, niño tentado. Y por supuesto, Atilio Ordóñez, increíble fusión entre Cataldi y Tolosa.

Los personajes son coreografiados a lo largo de 13 capítulos para interpretar una sinfonía de redención. El título de la serie-barrio-mito ya es obvio: se narra la purificación de pasados oscuros. Redenciones que llegan desde el poder, el amor, la ingenuidad, la muerte o el perdón.

Y notemos que son pasiones extremadamente básicas. Esencia de un Humanismo que hace atemporal a un Dostoievsky o a un Shakespeare. Por eso insistí en la primera parte de esta reseña que la virtud de La Purga era hacer de lo cordobés un valor narrativo sin atentar contra su historia. Lo que en el fondo cautiva es el entrelazado humano y su sencillez dramática. El Mito, en fin, o la universalidad del relato.

Nada de simpleza hay en esta humildad narrativa. De hecho, La Purga hace un planteo moral jugado y lo resuelve de dos maneras.

(Pausa. Se viene un exploter!!!)

El final trágico de la serie protege a los personajes políticamente correctos: los murgueros. Pareciera que allí está la esperanza y que el elenco se sacrificó para que Gallo y Ramos se abracen felices bajo la lluvia (?).

Epílogo tramposo; no tiene la honestidad que presenciamos en 6 horas de serie. ¿Por qué suponer que La Purga se convierte en un paraíso candombero?

Pero hay otro final encubierto que me sacude de emoción cada vez que lo recuerdo. Consiste en un solo plano. Sí, un solo plano estremecedoramente poético: Francisco Colja, preso injustamente, mira la lluvia aplastado por la incertidumbre.

Colja no tiene la bondad unilateral de los murgueros; se echa grandes mocos a lo largo de la serie pero termina preso por algo que no hizo. Castigo mayor al delito. En esa ambigüedad está la perfección de La Purga; es un momento transparente e incómodo. La mirada angustiada de Colja reflexiona sobre lo que es correcto y lo que es correcto dentro de La Purga. Reflexiona también sobre la imposibilidad de unir ambas formas de corrección. Esas lágrimas deslizándose por la ventana purgan al espectador para una interpretación absolutamente libre e introspectiva.

En esa apertura de sentidos está la riqueza del mito. Con un plano tan simple y poderoso queda claro que La Purga no fue una serie cualquiera.

Ni me quiero imaginar cuando explote en Cuevana…

Parte I: La Purga

_____________________________________

LA PURGA – FICHA TÉCNICA
Definición: HD
Formato: Miniserie de13 Capítulos
Emisión: Semanal
Género: Drama
Dirección: Claudio Rosa – Pablo Brusa
Producción Ejecutiva: Sergio Pedrosa – Antonio Pita – Romina Savary
Dirección de Producción: Daniela Bestard Pou
Dirección de Fotografía: Diego Arroyo – Sebastián Ferrero
Dirección de Arte: Carolina Bravo
Montaje: Antonio Pita – Matías Nille
Guión: Ivana Galdeano

Si te interesa este artículo, podés compartirlo:

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Sobre admin