AMPLIACIÓN Y MULTIPLICACIÓN DE LOS CAMPOS DE BATALLAS
Por Javier Martínez Ramacciotti

– Sobre “El secreto de las polillas urgentes”, de Elisa Gagliano
“La guerra es la madre de todas las cosas”
Heráclito
“dijo dame/ un besito sobre/ su boca escupí/
sangre/ y me quedé/ con su lengua”
hacer sapito, Verónica Viola Fisher
En el comienzo fue la guerra. Pero ahí nomás el que iba ganando creó el lenguaje como un Paraíso mítico en el que todos estábamos pretendidamente contenidos como hermanos bajo la tutela del signo. Y aunque la sangre sigue corriendo, aunque los cuerpos cada vez son más similares a los cadáveres, aunque en la tierra cada segundo nace una trinchera y es destruida, los sacerdotes de esa Paz Universal no dejan de repetir sus interminables sermones, tan extensos como el lenguaje mismo. ¿Qué hacer, entonces?
El libro de Elisa Gagliano, “El secreto de las polillas urgentes”, arriesga una estrategia épica para la poesía: exhibir los conflictos, las guerras, las heridas y sus resistencias, solapadas en/por los discursos y que se materializan en un cuerpo; y para ese fin traza una táctica arriesgada: la ampliación y multiplicación de los campos de batalla en el territorio del lenguaje. Hay una postulación guerrillera en la poesía de Gagliano: los poemas tienen que exponer un estado de opresión de los cuerpos y para hacerlo no queda otra que la insurrección de ese mismo cuerpo chocando en una acción directa con el estado (de la lengua). Los primeros versos del primer poema son claros: “no sabría/ empezar como muñeca plana/ o mujer que esconde/ los dientes bajo las tetas/ para no hacer daño”. En el comienzo de esta escritura hay una deliberada intencionalidad de dañar, son poemas-bombas, ajenos a cierto devenir inofensivo de la literatura actual, ya sea bajo la celebración nihilista pop del fluir de las superficies, ya sea bajo el gesto sublime de “retiro” a algún afuera sin contradicciones. La voz que en este libro se aventura lo hace sin seguridades, montada en el riesgo, pero con la urgencia de quien no puede ni quiere dejar de hacer gritar los desgarros de su carne, el temor y el temblor de su existencia.
De este modo, Gagliano no sólo abre la poesía a una dimensión épica-política, sino que la convierte en una prótesis más del organismo corporal, como si los poemas fueran sismógrafos de cada parcela de la piel, de la sangre, los fluidos y las respiraciones, sin privilegiar ninguno: “harta de las cosas/ que escribo con las manos” . Harta de eso como de muchas cosas más; sus versos no traen ni la paz ni el sosiego: traen la rabia, el dolor que no se contiene y se vuelve grito que destruye las palabras y las lleva al punto en que ya no comunican nada, sino que golpean, transfieren la herida hiriendo. En estos poemas hay varias modalidades del insulto, y pienso que ellos mismos, cada uno y el libro entero, podrían leerse como un ejercicio brillante de estética del insulto. Como afirmaba Barthes, el insulto es un indicador de una situación revolucionaria, ese umbral en el que la escritura ya no sólo comunica o expresa sino que impone (por la fuerza) una más allá del lenguaje que es a la vez la Historia y la posición que se toma frente a ella. Haciendo pie en esa situación revolucionaria, la voz de los poemas asume el registro de la increpación como ética: una relación con la lengua pero con un dialogismo que implica la guerra. Porque hay que decirlo: hay más allá del lenguaje, hay el cuerpo y sus convulsiones, hay la guerra, pero sólo podemos expresarlo con las palabras heredadas; por eso la increpación es una ética, porque es un modo de la lengua que no le permite pacificarse en una quietud que nada tiene de tranquilidad y mucho de cruel: “hay algo de crueldad/ en lo que deja de moverse”. Increpar, entonces, es hacer de cada palabra una polilla que carcome la lengua, la horada: los poemas como ejércitos de polillas cavando túneles y huecos por todos lados al uniforme del lenguaje, y dejando ahí un enigmático mapa hecho del polvo de sus alas: “o pedirte la quietud/ para descubrir en el techo de tu casa/ los caminos del polvo del ala”
Porque en el origen fue la guerra y el origen no es lo que fue, sino también lo que es y será y nos acompaña como un halo que olvidamos frecuentemente. Para nuestra suerte, los poemas de Gagliano se erigen aquí y ahora, urgentemente, para interrumpir nuestra amnesia, increparla. Una vez en un comentario de su Blog, Elisa escribió que si no sabías a quién odiabas te podías convertir en un pelotudo, pero en un pelotudo peligroso. Conjurando ese peligro, “El secreto de las polillas urgentes” es una declaración de guerra contra el lenguaje entendido como máquina de sedimentación del sentido común y aplanadora de la insurrección de los cuerpos. Y es, como todo gesto artístico, una invitación a entrar al campo de batalla, a no dejar al guerrero en soledad:
ahora si
me quedan pocas cosas
por pensar
en tu pena quizás
ese círculo de ardor perfecto
en mi vecino
(en los brazos de mi vecino)
estrangulo cuatro cachorros
con toda su bondad a cuestas
o en el chico ese
el día que levanto su existencia de la vereda
y dijo
mi alma es redonda
y ustedes
putos cobardes
solo quieren
sentarse alrededor
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Libro: El secreto de las polillas urgentes
Autor: Elisa Gagliano
Editorial Lamás Médula- Mayo 2012
http://www.revistalamasmedula.com.ar/







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