Reseña: “ORQUIDEAS”

VARIACIONES MICROSCÓPICAS EN TORNO A LA LITERATURA

Por Marcelo Díaz

– Acerca de “Orquideas”, de Margarita García Robayo

En plena luz no somos ni una sombra.
Antonio Porchia.

El primero de los movimientos de mi lectura se detiene en el epígrafe que inicia la constelación de relatos de Orquideas: “Las orquídeas pueden tener pocos milímetros de longitud y mezclarse hasta constituir agregaciones gigantescas”. La atención suspendida en la doble relación entre lo mínimo y lo gigantesco me predispone de un modo especial que se puede enunciar en la pregunta: ¿de qué manera la experiencia particular se integra a lo general en una escritura que le apuesta a lo fragmentario? Inquietud que comienza a resolverse cuando leyendo texto por texto descubro que las narraciones se transforman en relatos con cierta autonomía, unos con respecto a otros, pero relatos que, en conjunto, constituyen una imbricada arquitectura sobre lo real como si fuesen pequeñas hojas de un extenso ramal.

El mundo aparece aquí como una adición (y una proyección) simétrica de paisaje en paisaje y pienso en frases presentes en el inicio del libro: “Hay casas que son muchas casas, están en esos edificios con patio interior al que miran todas las ventanas” Una mirada aérea desde el exterior hacia lo privado, y viceversa, como un satélite monitoreando detalle por detalle el mapa de la ciudad para terminar en la voz de un narrador proveniente de otra tierra.

La elección de la primera persona, seguida de la identificación entre narrador/ autor, permite, como recurso formal, unir, las narraciones en un estado de observación y reflexión como quién se deja atravesar por una experiencia en apariencia común y para nada trascendente. Por momentos surgen la curiosidad por el más allá acompañada por pensamientos elevados. La concentración de la escritura en la anécdota urbana de una chica haciendo malabares en el andamio de un edificio seguido de razonamientos sútiles, no sólo por el uso metafórico de la lengua sino por la organización lógica de cada idea, da cuenta de ello : “1) Tendríamos que poder conformarnos con lo bello aunque sea efímero; 2) La evolución lógica de la belleza suma es la fealdad extrema; 3) dos segundos, a veces, es todo lo que se necesita para atravesar el límite.” Sí, atravesar el límite pero resguardarse allí, al margen de las cosas, en un lugar objetivable y ajeno a la vivencia personal dentro de los límites de la fuerza de la observación.

Los 24 relatos se reúnen en la diferencia. Y haré una síntesis desprolijamente ordenada de algunos de ellos: una pareja de editores que elabora representaciones opuestas sobre Buenos Aires, un carnicero que esconde en un manto de pseudo cortesía una violencia desmesurada, los lugares que ya no están y quedaron en otras latitudes y activan nuestra memoria, la ciudad que se transforma en un organismo vivo que se diversifica por las paredes de la realidad, personajes que abordan las contradicciones acerca del paso del tiempo o registros de frases cristalizadas que funcionan en el imaginario social e imponen sentidos desde allí: “Todo el mundo lo sabe” o “Clásico es aquello que no arremete a la vista”. La contradicción no es únicamente tópico, antes que nada, y algo comenté unas líneas arriba, se presenta como un procedimiento discursivo. De hecho la pregunta acerca de cómo leer Orquídeas no es menor. Se trata de un texto que en un mismo territorio del lenguaje integra subjetividad y objetividad, luz y niebla, literatura y pensamiento. Entiendo que la correlación entre forma(s) y sentido(s) le otorgan unidad pero no para clausurar o cerrar lecturas hacia una sola dirección. Todo lo contrario, la pareja entre sentido y forma busca complejizar y abrir interpretaciones sostenidas en la sospecha, en la duda y se materializa en preguntas acerca de cómo se organiza nuestro mundo lleno de contrastes.

Recuerdo el texto “La nutria” de Infancia en Berlín donde Walter Benjamín cuenta cómo de chico gustaba de ir al zoológico los días de lluvia, en soledad, para tener la posibilidad de encontrarse con ese animal que sólo asomaba al universo cuando llovía y prácticamente nadie estaba presente salvo él. Pienso los relatos de Margarita García Robayo desde la experiencia del pequeño Benjamin, como una metáfora de la escritura en la escritura, que consiste en asomarse un poco más allá de las representaciones comunes sobre el espacio que habitamos a diario para testimoniar (o textualizar) esas contradicciones con las que escribimos nuestras propias historias.

________________________________________________

Libro: Orquideas
Autor: Margarita García Robayo
Editorial Nudista – Octubre 2012

http://www.editorialnudista.com.ar

Si te interesa este artículo, podés compartirlo:

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Sobre admin