Curaduría: FLORENCIA WALTER

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ANIMAL PRINT O MI CUARTO ROSA

Por Carina Cagnolo

Para Didi-Huberman, ciertos objetos del arte abren a la mirada una escisión entre dos posiciones: la actitud tautológica (el hombre de la tautología) y la actitud de la creencia (el hombre de la creencia).[1]

Si revisamos diacrónicamente la historia de las instalaciones, ciertas marcas de género –el borde neto, el color saturado y plano, el colorfield o la pintura expandida- nos invitan a pensar que, en Animal Print o mi cuarto rosa, “lo que vemos es lo que vemos”[2]. Se declara la identidad manifiesta del objeto –mínima, tautológica-. Dirá Didi-Huberman, el “hombre de la tautología”, con esta “voluntad de limitarse a cualquier precio a lo que vemos”, lo hace todo para “recusar el aura del objeto”,[3] para borrar su evocación simbólica, su latencia fiduciaria de una creencia mítica bajo la inmanencia de la forma y de la obra.

Aquellas marcas de género nos traen a la memoria proyectos de sitio específico, como las intervenciones de Daniel Buren, o de las estructuras primarias, vinculando a Animal Print… con esta actitud minimalista.

Sin embargo, la instalación no clausura la mirada en un único sentido, en una dirección. Es necesario volver sobre el conjunto para encontrar que el modo de ser tautológico puede ser rebatido con su opuesto, en la misma obra, como un movimiento pendular, paradojal… El hombre de la creencia evitará ver el objeto sólo desde su pura materialidad, para llenarlo con imágenes simbólicas, “hechas para (…) fijar nuestras memorias, nuestros temores y nuestros deseos.”[4]

¿Es posible sostener esta doble actitud?

La escisión que permite la apertura del objeto a partir de la mirada, esta tensión entre historicidad y actualidad, se potencia mediante una operación de “interrupción” del visible cotidiano: el extrañamiento como operación de montaje.

Así como desde el eje diacrónico reconocíamos una conexión con la historia de la instalación, a partir del minimalismo; desde una perspectiva sincrónica, Animal Print… propone reconexiones más inmediatas y localizables: aquellas que nos acercan al espacio de lo social, conocido y re-conocido. La expansión de la pintura adquiere, desde este punto de vista, otro acuerdo: la vinculación de sus materiales y de sus formas con las experiencias de la vida común. El olor del hule, la textura de la tela, el color que nos envuelve a través de la forma, nos transportan al lugar de las identificaciones -o de las alteridades-, de las simbologías, que encontramos en nuestra memoria de lo cotidiano o de nuestra sublimación estética: Caminar por una calle céntrica; respirar el aire de una brisa fresca, o escuchar las voces de vendedores de mercado; encontrarnos en un living de ornamentación kitsch o en un escenario sin actores.

[1] Georges Didi-Huberman. Lo que vemos, lo que nos mira. Ed. Bordes Manantial. Buenos Aires, 1997 (1992). Pág. 19 y ss.
[2] Parafraseando la famosa cita de Frank Stella.
[3] Ibídem, pág. 21.
[4] Ibídem, pág. 26.

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Artista: Florencia Walter
Título: «Animal print o mi cuarto rosa»
Clausura: Sábado 22 de Febrero
Lugar: MUMU – Museo de las Mujeres (Rivera Indarte 55)
Entrada Libre y Gratuita

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