Entrevista: NICOLA COSTANTINO

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EL CAMBIO COMO MOTOR VITAL DE LA VIDA

Por Carlos M. Díaz
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El año pasado la artista rosarina Nicola Costantino visitó Córdoba, en el marco de “Alteridad”, la cual estaba conformada por trabajos fotográficos en los cuales su figura se convierte, al mismo tiempo, en sujeto y objeto de representación. Un concepto que tiene que ver con el otro y también con la idea de actuación, de encarnar un personaje, ser otra persona.

Nos citamos un viernes, en el bar del hotel donde se alojaba. Desayunaba con Aquiles, su hijo. Charlamos un rato. Tomamos un taxi y nos fuimos al Museo Caraffa. No había visitantes todavía. Tomamos el ascensor hasta las salas donde estaban colgadas sus obras y nos sentamos a charlar como dos amigos que se ven con frecuencia.

¿Quién es Nicola? Quería saber quien estaba atrás de esos personajes, de sus obras? Aquiles se puso a jugar con su tablet, no podía haber mejor ocasión para conocerla.

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– ¿Cómo empezaste a vincularte con el arte?

Yo nací en Rosario, en el ‘64. Y desde chica ya quería ser artista. No sabía nada de arte, menos de arte contemporáneo. En Rosario había un solo museo, pero mi familia no me llevaba. Así que no se dé donde, pero a los 7 años ya estaba segura que iba a ser escultora. Todo un misterio de donde me vino todo esto.

Mi familia tampoco entendía porque quería ser escultora. Recuerdo que mi papa compraba fascículos de colección de todo tipo, y una vez compro la colección «La pinacoteca de los genios». Y cuando llego el fascículo de Antornio Berni, en la que estaba la reproducción de «La mujer del suéter rojo», recuerdo que quede shockeada, me pase días mirándola, miraba como había pintado el suéter punto por punto. Recuerdo que no me desprendía de ese fascículo, estaba todo el tiempo conmigo. Yo quería hacer lo que hacia ese señor. Y la reproducción de esa obra, es la que usaron en el Museo Caraffa por motivo de la muestra que expuse ahí.

– ¿Cuándo te mudas a Bs As, y comienzas a dedicarte plenamente a él?

Yo hice todo mi estudio de secundario durante el proceso, y fue muy pobre en todos los aspectos de formación cultural. Cuando termine la escuela, estaba desesperada por entrar en la facultad de artes. Fue justo en el año 1983, el primer año de democracia, en medio de un clima de euforia que obviamente me influyo mucho. Creo que fue todo este escenario que influyo en mi interés por el arte político, conceptual.

Hice toda la carrera en artes en la Universidad de Rosario. Recién a los 30 años yo quería irme a Buenos Aires porque era el centro de todo, donde podría desarrollarme profesionalmente. En Rosario no podía hacer nada. A esa edad, gracias a una beca que tuve, me mude a Buenos Aires y no volví nunca más.

Cuando arribe a Buenos Aires empecé a trabajar con las galerías de arte. Mis primeras obras fueron las obras de peletería humana, donde yo hacía calcos de piel humana en silicona y con ella los tapados de piel.

– Un aspecto fundamental de tu trabajo es el vestuario.

Yo crecí en la fábrica de ropa de mi mama, conozco todos los procesos y puedo hacer todo en materia de indumentaria gracias a los moldes y modelos. Este punto es muy importante para mi obra, para la peletería, para las escenografías, para los vestuarios… El vestuario es muy importante para mi obra, lo uso conceptualmente.

Y en los ’90, el tema de la piel y el cuerpo estaban en foco internacionalmente. Me empezaron a invitar de bienales, de museos; En esa época empecé a mostrar mucho afuera.

– Te graduaste en Escultura. Y sin embargo tu reconocimiento mayor llego de la mano de la fotografía. ¿Una evolución bidimensional de tu obra?

Los premios no me interesan mucho porque son arbitrarios. Pero fueron 15 años haciendo esculturas e instalaciones, y un día se me ocurrió hacer fotografía, y otro día se me ocurrió participar de un concurso, pero hasta me daba vergüenza, yo no soy fotógrafa me decía. Tenía un poco de miedo como lo iban a tomar sabiendo mi trayectoria.
Y me dieron el primer premio, y el gran premio de honor… No sé….

Yo creo que la fotografía que yo hice, ayudo a que la gente se acercara a mi obra anterior, que era mucho más dura, cruda. La fotografía le dio ternura, como un componente femenino, ya que en ellas yo estoy siempre como mujer maternal, glamorosa, entre otros personajes.

A través de la fotografía es más fácil conectarse con mi obra.

– ¿Cómo está reflejada el alma de Nicola en sus fotografías?

Me sale naturalmente hacer lo que hago. Mis obras siempre tienen esa ambigüedad de atracción y de rechazo al mismo tiempo. Esta característica las llevo a todas mis obras. No busco complacer ni hacerme de amigos. Me interesa mostrar aquello que vemos todos los días, pero también mostrar aquello que no queremos ver. Esa ambigüedad está siempre presente en mi persona. Me sale naturalmente ese merodeo con los cuerpos, la muerte.

– ¿El pasado vivido influye en esa ambigüedad?

Mi viejo era cirujano, y como yo me aburría cuando estaba con él, me dejaba entrar en la sala de cirugías a mirar… como yo era chiquita!
La cocina es una de las cosas que más me gusta… así que siempre está presente. Mi casa es mi taller, así que, o estoy cocinando, o haciendo obra.
También me interesan las técnicas de producción de esculturas y objetos, de cómo están hechas las cosas. Para mí esto es el abecedario con el que construyo mi obra.

– ¿Por qué tiendes a disfrazar, a imbuir de belleza los temas complicados, la brutalidad, la violencia, la repulsión?

Justamente la forma de provocar, inquietar es esa. Si uno presenta algo horroroso de una manera horrorosa genera rechazo y punto. Uno siente que no le gusta y chau, se desconecta. En cambio, si el mensaje lo transformas en el algo atractivo, el espectador no sabe que pensar, no sabe si le gusta o no le gusta, si le da asco o qué. El espectador debe estar frente a un dilema, y eso es lo que busco. No darles las cosas tan fáciles, ya que entonces no se reflexiona.

– ¿Y esa necesidad de querer poner el cuerpo en tu obra, a exhibirte, e incluso a usar tu propio cuerpo como materia prima?

Yo empecé trabajando con los cuerpos de los animales, los calcos de pieles, y después pase a utilizar mi propio cuerpo, algo que hoy lo veo como coherente, la relación con el cuerpo, el trabajo desde el cuerpo. Hoy, estoy inserta como modelo, como actriz de mis videos.

El encarnar personajes lo veo como algo actoral, desde lo performático. Esto es algo que descubrí en mí misma no hace mucho tiempo. Antes del Jabón (2008), realmente nunca había pensado en esto, estaba más inserta en las esculturas. Yo no puedo analizar mucho las cosas, solo me pongo a trabajar hasta que la concreto.

Hoy, interpretar una obra es lo que me moviliza a hacerla. Mi trabajo de creación de la obra es mas desde la performance, de cómo hacer el cambio de personajes. Además, mi otra herramienta fundamental de trabajo es el vestuario.

– Leyendo críticas sobre tu trabajo, me pareció que lo podía definir en dos palabras: glamour y reflejo de la decadencia contemporánea. ¿Te identificas con estas etiquetas?

Creí que ibas a decir provocación. Yo no estoy en desacuerdo con la provocación, pero la palabra provocación muchas veces se queda en eso nada más, y eso es lo que no me gusta. Desconfío cuando califican con esa palabra, creo que reducen el trabajo poniendo esa etiqueta.
Hoy todo se reduce a una palabra, a 5 segundos de análisis, y a la primera etiqueta que surge.

– Regresemos un poco al tema de la muerte. En tus obras la muerte es un tema recurrente. ¿Cómo vives la muerte? Es una fascinación cargada de intensos significados, y por eso mismo te atrae?

Viví la muerte como se la toma en el campo. En el, la muerte no es algo horrible, es renovadora. La muerte transforma las cosas. Es parte de un ciclo inevitable. Pero obviamente no estoy hablando de la muerte como uno la vive si fallece un ser querido. Solo pienso que me voy a morir contenta porque hice todo lo que quería hacer. A veces digo que más intensamente de lo que viví, no podría hacerlo. Así que no hay miedo a la muerte.

Con la muerte podes hablar de muchas cosas. Pero en mis obras, la muerte es poética, simbólica. Es la muerte de los ideales, del querer encontrar el amor, una pareja… Lo que hoy es una de las cosas que muere primero.

– Muchos de tus trabajos están en blanco y negro, ¿Hay algo especial en ello? ¿Cómo decides que una obra debe estar plasmada monocromáticamente o en rutilante multicolor?

Por lo general mi obra está dentro de un grupo de referencias a obras de la historia del arte. Trato de respetar el formato original. Las obras en blanco y negro, chiquitas, son así porque están inspiradas en originales en los años ’20 o ’30. En cambio, en mi obra propia hay color y mayor tamaño.

Todas las obras que expuse en el Museo Caraffa tenían marcos. Hoy estoy enmarcado mis obras en diferentes objetos, por ejemplo: muebles.

– ¿Piensas tridimensionalmente una fotografía?

Si, la fotografía es una escenografía. No es una imagen plana. Es el cruce de varias técnicas, herramientas.

– ¿Eterna curiosa o amante de la indagación creativa? ¿Qué te motiva a seguir experimentando técnicas y no concentrar tu producción en alguna de ellas?

Me encanta cambiar, sino me aburre… No entiendo a los artistas que no varían, que siempre hacen lo mismo. Incluso a riesgo de que la obra nueva no guste tanto o no salga tan bien, no me importa. El cambiar en un valor, el arriesgarse, el experimentar cosas nuevas. No concibo la vida ni el arte sino hay riesgo de cambiar.

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