Crítica Teatral: “Black Dreams”

TRAGICOMEDIA TELENOVELESCA CASI EXISTENCIAL MINIMALISTA

Por Lucas Moreno

Cuando voy al teatro siento que los actores sufren mucho. Lloran un montón. Re-dramático. Hasta se tiran al suelo y patalean. Bueno, en Black Dreams los actores también sufren, pero es entretenido verlos sufrir. Existe algo que le chupa grandilocuencia al sufrimiento y te deja una parodia de horror existencialista.

Complicado precisar para mí qué es ese algo, que no entiendo de códigos teatrales. Pero intuyo que sería más o menos así: hay cuatro personajes. Martín Suárez tiene dos novias: la ex, Carolina Cismondi, y la actual, Estefanía Moyano. El triángulo telenovelesco dispara celos y recriminaciones. Pero también está Melina Passadore interpretando una mascota humana. Eso ya te empieza a simpatizar, al igual que las escenas duplicadas. Y finalmente, el martillazo de purpurina: en una breve oración de Estefanía Moyano… TuK! Aparece el Quinto Personaje y nunca nada será lo mismo. Resignificación de la obra a cargo de un ser tenebroso y omnipotente, titiritero que en lugar de hilos usa punteos. Manipula escenas desde una mente esquizoide. Es un demiurgo con un sentido del humor exquisito y depravado. Demonio de la música country.

Con cositas así Cipriano Argüello Pitt hace un montón con nada. Si eso no es ingenio para hacer una puesta teatral no tengo idea qué lo sería. Porque además hay un reflector de 300 watts a un costado. Única fuente lumínica. De pronto un personaje se acerca al reflector tanto como para chamuscarse y la escena se oscurece. No sólo sirve de separador, sino que con movimientos calculadísimos, el actor chamuscado direcciona rayos sobre los otros. Algo tan disparatado como una lucha por la distribución de la luz. Interesante porque si la función primordial de la luz es revelar, esta gente se pelea por la revelación que dramáticamente más les conviene. Y mientras forcejean por cómo se verá lo que se ve, el personaje tenebroso decide tiempos e ironías, desmantelando esos intentos desesperados de control escénico. Atención: nos vamos al carajo cuando este ser macabro monopoliza ambos recursos: tiempo y luz. Agarrate de la silla, espectador, que te vas a dar un julepe inolvidable.

Ahí te das cuenta que la obra funciona, que los elementos se integran y que discretamente nos inclinamos por lo tragicómico.

Estructuralmente hay algo curioso: el minimalismo. No ese obvio, negro y compacto, que lo sacás apenas ves el decorado. Hay otro minimalismo, macroestructural, que comparo con la música minimalista. Si uno escucha un tema largo de Philip Glass o Steve Reich, entra en una sensación de metamorfosis invisible. El truco consiste en repetir un bloque melódico hasta el hartazgo, incluyendo de a poco variaciones. Cuando el tema se acaba, la melodía es diferente. Lo mismo pasa con Black Dreams: un déja vu detrás de otro, cada vez más amorfo y sorpresivo. Cuando termina la obra, sospechás que los pataleos telenovelescos fueron una guiñada de ojo, una excusa para una exploración formal más piola que el texto.

¿Qué más? Sería indecente no hablar sobre los actores si éste es un comentario de teatro. OK, están todos realmente OK, bien sintonizados. Se entienden y miden y transmiten destreza. Martín Suárez y Estefanía Moyano tienen un momento que te pone incómodo y a mí me hizo cruzar las piernas. Melina Passadore salta y se divierte y nos divierte y a Carolina Cismondi la quiero ver urgente co-protagonizando una comedia con Daniel Hendler.

Black Dreams ahora está en DocumentA/Escénicas los viernes de abril a la 21.30. Si van, porfa tráiganme uno de los peluches que quedan en el piso al final de la obra. Estuve tentado de manotear uno pero no me animé. Aún soy un chico decente, qué le voy a hacer.

______________________________

Obra: Black Dreams
Actores: Melina Passadore, Carolina Cismondi, Estefanía Moyano,  Martín Suárez y Pablo Cécere.
Música: Pablo Cécere.
Dramaturgia de  Escena: Cipriano Argüello Pitt.
Script Dramatúrgico: Luciano Delprato.
Script de Puesta en Escena: Jazmín  Sequeira.
Asistencia de Dirección: Verónica  Aguada Bertea, Gustavo  Kreiman.
Realización de  Máscaras: Juan Dellaferrera y Claudia Peralta
Diseño de Escenografía: Luciano  Delprato.
Diseño de  Iluminación: Luciano  Delprato, Cipriano Argüello Pitt.
Edición: Gabriela  Halac
Diseño Gráfico: Lucas Chami
Prensa: Victoria  Conci
Dirección General: Cipriano Argüello Pitt
Es  una obra de la Compañía DocumentA/Escénicas.
Fotos de Rodrigo Fierro

Si te interesa este artículo, podés compartirlo:

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Sobre admin