Entrevista: RODRIGO DE LA SERNA y LEANDRO IPIÑA

CONTAR NUESTRA PROPIA HISTORIA

Por: Gloria Kreiman

Cámara: Julieta Lazzarino | ART VANDELAY COMUNICACIÓN INTEGRAL

En el marco de la presentación en Córdoba (y simultáneamente en todo el país) de Revolución. El cruce de los Andes, el 7 de abril, Bitácora de Vuelo y Art Vandelay conversaron con Rodrigo de la Serna, protagonista de la película y con Leandro Ipiña, director.

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RODRIGO DE LA SERNA

– En varios medios te citan diciendo que tu participación en Revolución… fue “la responsabilidad más difícil e importante” de tu carrera. ¿Por qué? y ¿por qué más difícil e importante que tu representación de Alberto Granado, por ejemplo? ¿Por la composición del personaje, por la heroicidad del prócer?
Sí, Alberto Granado era un personaje casi anónimo. Pocos conocían su existencia y las miradas más que todo están puestas sobre la figura del Che Guevara. Todos sabemos quién fue el Che Guevara y cada uno de los individuos tiene una mirada particular sobre esa figura. Entonces uno no puede conformar a todas esas visiones y a todas esas posturas. Lo mismo sucede con San Martín, que acaso es una figura que todavía está muy poco analizada. Se construyó alrededor de San Martín una figura que poco tiene que ver con la realidad, hablando de la historiografía clásica argentina. En este caso, la responsabilidad fue enorme, porque es un tipo enorme, que tiene muchísima relevancia, muchísimas significaciones. Entonces fue no sé si el papel más difícil, pero sí la responsabilidad más grande, sin dudas.

– Hace poco vimos Belgrano, la película. ¿Creés que se está gestando una ola de cine nacional, histórico y patriota? ¿Cómo te llevás con los patriotismos?
No sé si por patriotismo, pero me parece que es muy necesario que nosotros aprendamos a contar nuestra propia historia. Todos los países del mundo lo hacen. Estados Unidos lo hace y hasta te cuenta la historia tuya o de otros países. Eso es muy peligroso. Es muy necesario abrir el debate sobre nuestra propia historia y poder contarla entre nosotros. Y mucho mejor si es en este marco de libertad absoluta que nosotros tuvimos. La única dificultad era el compromiso con la historia, pero historiadores muy prestigiosos colaboraron con la confección de este guión.
Repito: me parece de vital importancia que cada país aprenda a contar su propia historia. Es algo que se debe el cine argentino, porque hace muchos años que no plantea su propia historia. Es muy importante para no volver a cometer algunos errores, para generar debates necesarios en la sociedad. Esta es una película que no baja línea pero sí plantea una situación que genera debate y eso es valioso.

– Revolución. El cruce de los Andes es -aunque de bajo presupuesto- una superproducción, es épica… En lo personal, como espectador, ¿te gusta este tipo de cine?
Me encanta. Y me encanta el enorme esfuerzo que hicimos para esta película. Estamos hablando de 300 extras, 200 técnicos, un despliegue de vestuario que -de verdad- no se ve desde hace muchísimas décadas en este país. Ver esa industria incipiente, formar parte de esa industria, es un orgullo muy grande. Estamos muy orgullosos de esta película, que es un peliculón. Es una película de género, es una película de suspenso, es un thriller, tiene épica -como dijiste- y además plantea estos debates necesarios. Pocas veces una película tiene tantos ingredientes interesantes.

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LEANDRO IPIÑA

– ¿Cómo fue trabajar en esta superproducción, en Argentina, con Rodrigo de la Serna y el resto del elenco?
Trabajar con esta producción fue realmente complicado. Es una producción muy grande, hace muchísimo que no se hace una cosa semejante. Sumado a la cantidad de extras, caballos, actores, etc. en escena, está la complicación de que es una película de época y estamos en un momento en el que hemos casi destruido cualquier vestigio de época en la Argentina. Excepto en algunos casos, como acá en Córdoba que tenemos la Manzana Jesuítica, pero la verdad que no hay mucho más, entonces a todo hay que reconstruirlo. Así que nos encontramos con el enorme trabajo de reconstrucción de la época previo al rodaje, bastante complejo.

– ¿Creés que este tipo de películas (como Belgrano…) tienen una causa o una consecuencia directa en lo que es la identidad argentina?
Tanto Belgrano…, que vendría a ser una especie de hija de esta película (porque se filmó mucho antes, Belgrano… abreva de todo el trabajo previo) como Revolución…, tienen que ver con una política muy concreta del Estado de recuperar los próceres y ponerlos en la pantalla. De recuperar la historia, no solamente los próceres, porque también sería “flojo” decirlo así. Y es venir a ocupar un lugar, un espacio que estaba totalmente abandonado, dejado de lado desde hace 40 años.
La épica nacional es fundamental y en cada momento de la historia argentina es fundamental revalorarla, comprenderla nuevamente y revisarla. Es algo que necesitamos como ciudadanos, necesitamos como argentinos y para nuestra cultura.

– Como le preguntábamos a Rodrigo: Más allá de lo que es esta producción en particular, como director y como espectador, ¿cómo te relacionás con las películas épicas y las superproducciones?
Me parece que el cine tiene tres aristas o tres columnas importantes. Una columna es ser un hecho cultural; otra, ser un hecho de reflexión y otra, ser un hecho de entretenimiento. Creo que esta película tiene esos tres pilares. Incluso, a las películas se las ve mejor cada vez que se las ve más veces, porque se van encontrando cositas, capas y capas, como una cebolla.
A mí me gustan las películas épicas, me parecen hermosas en tanto y en cuanto tengan una profundidad. Si no hay cierta poética, son simplemente fuegos artificiales. Los fuegos artificiales solos no me interesan. Hemos estado frente a algunos casos del cine histórico, no solamente nacional sino del mundo, que son interesantes; otros son meramente espantosos. Creo que este no es mi caso.

– ¿Qué significa para vos estrenar la película en Córdoba?
Hay una cuestión personal y una cuestión comercial, también.
La cuestión comercial se da porque Córdoba es la segunda ciudad del país. La importancia de Córdoba es enorme en la economía nacional, en la cantidad de gente y obviamente es un mercado importante para estrenar cualquier tipo de producción. Me parece que con esta película, también, vamos a tratar de inaugurar eso: estrenos simultáneos en todo el país. Hasta el momento lo que se hace es estrenar en Capital Federal, se desparraman por el resto de lo que se llama interior a medida que pasan las semanas y nos llegan las copias rayadas, destruidas. La intención con esta película fue que sea en 71 salas de todo el país.
Y, por otro lado, una cuestión personal que es, tal vez, más importante. Es que yo estudié, me formé acá en Córdoba; la mayoría de mis amigos es de acá de Córdoba o de algún otro lado, pero nos formamos aquí. Así que volver a Córdoba después de haber estudiado, presentar una película y una película grande, encima, es para mí un orgullo y me llena de emoción. Y también debo decir que nervios, porque en realidad son los pares los que en algún punto van a mirar y juzgar el trabajo de uno.

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