Curaduría: JORGE SIMES

MEMORIAS EN FICCIÓN

Por Paulina Antacli

– Sobre la muestra «Serie Borgeana y otros Laberintos. Obras en papel 2017-2026»

Las pisadas de arena que la ola soñolienta y fatal borra en la playa. Los colores de Turner cuando apagan las luces en la recta galería y no resuena un paso en la alta noche. El revés del prolijo mapamundi. La tenue telaraña en la pirámide. La piedra ciega y la curiosa mano…
Jorge Luis Borges (1972) “Cosas”, en El oro de los tigres

La exposición Serie borgeana y otros laberintos, obras en papel, 2017-2026 busca trazar un puente entre la interpretación que Jorge Simes propone sobre la obra y filosofía de Jorge Luis Borges y los múltiples laberintos que el artista configura en sus experimentaciones plásticas. Simes nos sumerge en un mundo donde la realidad y la ficción se entrelazan en un juego infinito de símbolos, espejos y laberintos. La relación entre palabra e imagen revela, cómo lo visual puede ampliar y profundizar la experiencia estética. Las obras en papel de nuestro artista evocan la fragilidad del tiempo y la memoria.

La muestra expone poemas-visuales de Simes que erige en un juego permanente entre la consonancia y la disonancia, entre el azar y la predestinación. La “carne de la pintura” que nombraba Pablo Picasso se actualiza en la obra de Simes a través de construcciones culturales que subvierten el sin sentido de un presente convulso. De tal modo, Simes incluye códigos de barra y fake news en personajes de la mitología griega. No obstante, su mirada hacia el pasado se materializa con sensibles trazos donde labra emociones, pensamientos y sensaciones con la materia sutil de la pintura.

La muestra se divide en dos ejes: la Serie borgeana, otras obras en papel y bitácoras que se vinculan, en palabras de Simes de «manera simbiótica». Esa continuidad en los procesos creativos del artista nos acerca al pensamiento de Aby Warburg (Hamburgo 1866-1929). El historiador del arte y la cultura observa que las imágenes, con su carga de tiempo y memoria, se presentan como mediadoras entre el pasado y el presente, como vector de la memoria cultural. Warburg, afirma que el destino del artista se puede encontrar en una distancia semejante entre el caos de una excitación dolorosa y el equilibrio de la actitud estética. Es en la memoria donde se establecen los dos polos entre los que se sitúa la creación artística. En esa línea de pensamiento, en la introducción a su último proyecto el Atlas Mnemosyne (1924-1929), un gran atlas sobre la genealogía de las imágenes y de la memoria de Occidente, señala que, en el intento que hace el hombre de descender a las profundidades se produce el encuentro de los impulsos del espíritu humano con la materia acronológicamente estratificada, lugar donde se acuñaron los valores expresivos de la antigüedad. La pervivencia de las fórmulas expresivas (Pathosformel) se produce en una doble memoria, la individual y la colectiva, entre ellas se crea un espacio para el pensamiento.

En torno a la noción de laberinto en Borges, Iván Almeida (1999), echa luz sobre el tema y asevera que esta figura es la forma personal adoptada por el escritor para pensar el infinito. En ese orden de ideas, el laberinto en la obra de Borges se presenta como metáfora de la inmanencia, proyecciones que incluyen la orientación y el extravío.

Desde nuestra perspectiva, el laberinto configura en la obra de Simes una cartografía imaginaria que introduce a otro laberinto. El laberinto, es entendido aquí desde la etimología latina: labyr alguna variación de labor, laboris (dando la idea de artificial), e intus-interno, es decir que se trataría de un trabajo hecho en el interior de algo.

En la obra del artista cordobés, la conjugación de palabras e imágenes, colores, texturas conciertan una cosmogonía de seres y de cosas representadas. Las palabras escritas en diferentes lenguas generan en el plano compositivo un diseño, podríamos decir coreográfico, dinamizado en líneas curvas, espiraladas, verticales, horizontales y diagonales que acompañan a modo de letanía silenciosa los hechos plasmados en el papel. Entre capas y sedimentos se identifican ecos de plegarias, con voces cuyas resonancias vienen de tiempos muy antiguos.

Es en el caos creativo donde germina su obra. Es así como lo representado en el papel a través de veladuras, colores, formas y palabras sumergen a quien mira en las profundidades del alma humana. En este punto, ponemos en diálogo la heurística warburguiana con el “saber hacer” de nuestro artista. Su arte incluye otros saberes, pasión por la mitología, ferviente lector y viajero capaz de desentrañar lo inefable en culturas milenarias. El barroquismo es otro elemento con el que identificamos su obra a través de la polaridad de los símbolos que utiliza. De este modo, se abre el juego de lo inmanente descubriendo nuevas formas, miradas e interpretaciones.

El caso de Funes el memorioso, en el cuento Borges habla de la memoria en su estado extremo, que puede ser una bendición o una maldición. También remite a la percepción del tiempo, Funes vive en un presente perpetuo. En la versión de Simes, el presente perpetuo está plasmado en la repetición casi seriada de rostros en el plano compositivo. El barroquismo marca un ostinato.

Otro caso significativo se refleja en El Aleph, en palabras de Almeida (2019), la descripción se transforma en un laberinto de reciprocidad, el uno en la totalidad. “… vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra…”

Simes logra unir todos estos elementos centralizando en su obra la primera letra del alfabeto hebreo: Aleph. El uso de materiales como acuarela, oro de 12 o 24 kilates, tinta sobre papel y los recursos empleados como texturas, transparencias, superposiciones, desdoblamiento de las figuras, permiten evocar la fragilidad del tiempo y la memoria, conceptos centrales en Borges.

En El libro de los seres imaginarios (2018), Simes representa a tres especies fantásticas de las ciento dieciséis abordadas en el libro de Borges. Especies creadas por la imaginación del hombre con un denominador común: las fobias y los deseos. Nuestro artista, los presenta suspendidos en un fondo de tierras cálidas y frías, muy probablemente con reminiscencias a las cuevas de Altamira. En consonancia, encontramos algunos indicios en los siguientes versos del poema Himno de Borges: “En la caverna cuyo nombre será Altamira, una mano sin cara traza la curva del lomo del bisonte”. Aquí podemos identificar la pervivencia del pensamiento mágico del hombre y la toma de posesión a través de las imágenes.

A propósito de un tema afín con “la materia acronológicamente estratificada” de la que nos habló Warburg, en Himno Magenta (2018), la exuberancia de lo femenino emerge como Venus de las aguas. En la acuarela de Simes, los versos se fraccionan en rítmicos oleajes de las palabras contenidas en el poema Himno de Jorge Luis Borges que culmina de este modo: “Todo el pasado vuelve como una ola y esas antiguas cosas discurren porque una mujer te ha besado”. Nuevamente advertimos otras formas de pervivencia de la antigüedad materializados entre los versos del poeta Borges: “Una lluvia de oro cae del cielo; es el amor de Zeus…”; “Pitágoras revela a sus griegos que la forma del tiempo es la del círculo…” y el plano compositivo del artista, donde se produce la alquimia del color, las formas y la luz.

OTROS LABERINTOS

Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto
estaba el otro laberinto, el de tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera
sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos
azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un
hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en
un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman
filosofía o en la mera y sencilla felicidad.
Borges, Cnossos, 1984 en Los conjurados (1985)

Bajo el título de Otros laberintos nos interesa indagar sobre aspectos de la obra del artista cordobés, que él mismo reconoce como “simbiótica”, debido a la continuidad y estrechas analogías que desplegó en su proceso creativo posterior a la Serie borgeana.

El humor satírico también se identifica en la obra de Simes, en Saturno devorando un extra-large hot dog, a partir de Goya (2019), es poco relevante si esta pintura produce hilaridad, lo que queda potenciado en la imagen es la voracidad del dios expulsado del Olimpo. Del mismo modo, es incisivo el tono irónico de La muerte tratando de entender teoría del color, a partir de Durero (2019) o Ícaro rescatado por las fake news (2019). elementos que conjugan una mirada nostálgica con el pasado y crítica con el presente.

La evocación de maestros de la pintura en Un cuento colorido, a partir de Watteau (2019), presenta “un saber hacer” que involucra a Watteau, Durero, Goya, Saraceni o Manet. La narrativa convincente (2019), da lugar a la inclusión tecnológica del código de barras como representación visual de datos o la identificación de productos. Idéntica función cumplen los códigos QR de Olympia y su sirviente, Laure, idénticas a nivel celular, a partir de Manet (2023). Anacronismos potenciados en imágenes.

Lo más asombroso es que en algún intersticio de su obra se filtran remotos pasajes de la vida del artista, a través del rojo intenso de los geranios que cultivaba su madre o el aroma persistente de un jazmín recién cortado. Es así como en Sueño con estrellas (2019) Simes crea un autorretrato gozoso, donde los gestos pictórico-emocionales que mencionamos anteriormente se actualizan.

La piedra ciega y la curiosa mano…

Parafraseando a Borges decimos: la curiosa mano garabatea y el pensamiento discurre…

Las bitácoras que exponemos condensan imágenes mentales en estado puro. Jorge Simes, responde a la pregunta sobre las bitácoras y cuál es la alquimia que produce imágenes: “en todos los casos se trata de una combinación de analogías visuales y caos creativo, en proporciones e interacciones que no están nunca establecidas”.

Simes observa que las ideas plasmadas en las bitácoras no son simplemente un puente hacia la obra final, sino que “representan una obra en sí mismas, aunque menos formal y más intuitiva”. A menudo, estas ideas, bocetos o textos también pueden convertirse en la base de otras obras más definidas, como dibujos, pinturas u objetos. Nuestro artista observa que “Generalmente las ideas más convincentes expresadas en las bitácoras ‘se abren paso’ hacia un renacimiento en otras formas de obra visual, algunas con éxito y la mayor parte quedan como fermento de otras concepciones, de otras series”.

A través del relato de Hèléne Parmelin (1980), retornamos a la frase de Picasso citada en la introducción de este texto. En la charla que mantuvieron el artista malagueño y el pintor francés Edouard Pignon, hicieron alusión a quienes ante la obra de un pintor no saben percibir “la locura de la imaginación cuando se convierte en carne de pintura, ni el aplomo de la actitud exasperada”. Orientando estas reflexiones a los procesos creativos de nuestro artista, Simes observa que las analogías visuales son intuitivas y motivadas por estímulos ya sea visuales o literarios, sonoros o táctiles, como así también por la misma experiencia de estar vivo. Todo “se convierte en carne de pintura”.

Luis Felipe Noé (2013) hizo una síntesis certera sobre la obra de Jorge Simes. Noé observa que el surrealismo recuperó la libre asociación de imágenes y que hoy la creación artística combina las conquistas vanguardistas con nuevas tecnologías y conceptos. En ese marco, la obra de Simes se vincula con la “conquista de lo maravilloso”, formulada por Aldo Pellegrini. Lo maravilloso no reside en lo irreal, sino en la experiencia subjetiva de descubrimiento y trascendencia, es desde estos valores que Noé pondera la obra del artista cordobés.

Retomamos a Borges en el fragmento final de “El hilo de la fábula”, escrito en Cnossos en 1984: “Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo…”.

Como respuesta, encontramos en la obra de Jorge Simes un subterfugio: el otro extremo del hilo y la conquista de lo trascendente a través de lo maravilloso.

Paulina Antacli
Curadora

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+ acerca de Jorge Simes:
Nace en Córdoba, Argentina, en 1960. Egresa de la Escuela Superior de Bellas Artes como profesor de dibujo y grabado en 1985, iniciando su carrera artística en Córdoba antes de trasladarse a Buenos Aires y finalmente a Chicago, donde reside actualmente.
En 1982 realiza su primera exposición individual en Buenos Aires en la galería Ruth Benzacar, exhibiendo aguafuertes sobre papeles hechos a mano por él mismo en cajas de madera quemadas y presentados como instalación. Su práctica artística abarca múltiples disciplinas: manufactura de papeles, grabado, pintura, escultura, performance y fotografía. Ávido lector y viajero, su producción se nutre de corrientes literarias, filosóficas e históricas.
Ha expuesto en Córdoba, Buenos Aires, Chicago, Nueva York, México, Washington DC, Tokio, Paris, Friburgo y otras ciudades. Entre sus distinciones se destacan: Primer Premio Academia Nacional de Bellas Artes (1982), Primer Premio Grabado Salón Manuel Belgrano (1985), National Endowment for the Arts y Rockefeller Foundation (1990).
Su obra integra colecciones públicas como The Museum of Contemporary Arts Los Angeles, Museo Nacional de Bellas Artes Buenos Aires, y Flaxman Library Chicago, entre otras.

Artista: Jorge Simes
Curaduría: Paulina Antacli
Título: “Serie Borgeana y otros Laberintos. Obras en papel 2017-2026”
Clausura: Domingo 14 de Junio
Lugar: Sala 2 – Museo Emilio Caraffa

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