LA VIDA MISMA
En la mitologÃa egipcia, un alma se ganaba el derecho a seguir con vida después de la muerte, si lograba salir indemne del Juicio de Osiris. En él, un jurado compuesto por dioses le formulaban preguntas a cerca de su conducta pasada, mientras su corazón era pesado en una balanza, donde dependiendo de sus respuestas el corazón disminuÃa o aumentaba de peso. Como contrapeso, la pluma de la Verdad, la diosa Maat. Al final del juicio, Osiris dictaba sentencia.
Caminar por los Campos de Yaru, era el máximo honor para aquél que podÃa presentar una conducta intachable.
Y según parece, Roberto Videla sabe que para afrontar el Duat, el paso de los años no esta asociado al vivir, sino, a trasmitir las experiencias, en ser consecuente con el trabajo colectivo, con su compromiso polÃtico, en abandonar la obsecuencia para proponer a partir del juego escénico, su crÃtica a la sociedad moderna, la búsqueda de la concientización y la transformación social.
Tal como dijo Liliana Paolinelli, un libro necesario «para comprender la naturaleza feroz del deseo, con sus componentes de pesar y de muerte y de felicidad». Relatos que hacen a la vida misma, que nos insertan en el patetismo de la condición humana para abofetearnos.
Un docente dirÃa » accionar pedagógico polÃtico».
Carlos M. DÃaz
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BREVE ENTREVISTA A UN AMIGO
– Tu carrera comenzó con el cine, luego el teatro y ahora, la literatura, ¿Cómo comenzaste a producir escritos?
Todo empieza con mis grupos de creación colectiva, los primeros en Córdoba, en cine y en teatro después, que marcan la historia del teatro de Córdoba y la historia de mi vida. O sea producir cosas cercanas al grupo, poner en palabras nuestra mirada sobre la realidad. También investigar en teatro documental me llevó a apasionarme por las historias de vida verdaderas. Luego siguió con mails a mi gente amiga, en los que relataba sucesos de mi historia, vividos. Me comenzaron a decir que tenÃa que escribir, y entonces escribÃ, como un juego, Animales. Y después seguà y seguÃ.
– ¿Qué relación guardan tus obras literarias con las otras disciplinas que abordas?
Yo escribo como si filmara, quiero decir que quiero hacer ver lo que escribo, que el lector tiene que ser guiado hacia lo que yo quiero que vea, y quiero que lo vea. A su modo, claro, si hablo de un gato él puede imaginarse uno de cualquier color, pero el espÃritu del gato es el que quiero que reconozca.
– En tus libros, notamos que hay algo de la vivencia que traspasa los órdenes de la ficción, ¿hay algo de documental en tus procesos de escritura? (pensando, por ejemplo, en «Animales» la obra prima o «Luisa, frutos extraño» aunque también «Todos los caminos»).
Casi todo es documento de vida, yo no invento, no tengo esa capacidad al menos al escribir. Yo cuento directamente, o a veces de forma disimulada, lo que vivo. Y en esa búsqueda no me permito mentir, o al menos no me doy cuenta de que miento, quiero ser fiel a las cosas que vivà y sentÃ, a mi modo, aunque ese modo no sea el compartido por otras personas que vivieron lo mismo.
– Desde tu primera publicación que es «Animales» a este quinto libro «Copacabana», ¿qué proceso realizaste, qué cambios notas? ¿qué guardan en relación estos textos entre sÃ?
Son todos iguales. Yo escribo sobre lo mismo: la vida, mi vida, mis amores, mis animales, mis recuerdos, mis sentimientos, confusos o claros o como sean. Quiero echar luz sobre mi vida vivida, a ver si toco a alguien con eso que vivà y sentÃ. Para darle a la vida algo de la trascendencia que la vida no tiene.
– ¿Por qué «Copacabana»? ¿Con qué se va a encontrar el lector cuando ingrese a sus páginas?
Copacabana es el nombre de uno de los relatos del libro. El lector va a encontrar una serie de relatos, algunos más largos, otros más breves, unos más livianos y otros más duros, sobre cosas de la vida de las que difÃcilmente se habla en las conversaciones de todos los dÃas, aún entre gente con mucha intimidad: la muerte, el sexo, la traición, la cobardÃa…
– Roberto Videla, ¿actor, director de cine o escritor? ¿con qué faceta te identificas hoy más? ¿por qué?
Con ninguna, yo soy más o menos lo mismo en todo. Es cierto que estoy medio cansado del teatro ahora, de los grupos, de las dificultades de la vida grupal, pero no sé si ese amor no volverá. Todo vuelve, parece. El actuar me sigue asustando, pero es apasionante, el enseñar agota y cansa pero también me llena, a veces, de chispazos de alegrÃa, el escribir hasta hoy es algo puro y muy hermoso, depende sólo de mà y de mis ganas y de nada más. Si no tengo ganas, no escribo, y eso es bueno, porque cuando aparecen las ganas todo cobra sentido. Como en el amor.
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