CÓMO DETENERSE EN EL AIRE Y SEGUIR VIAJANDO
Por Javier Martínez Ramacciotti

– Apuntes para «Poemas de Michael Jordan» de Francisco Ide Wolleter (Ajiaco Ediciones, 2014) –
“Todo amor es urgente, porque nos vamos a morir”
Raúl Zurita
«Hemos hablado mucho contra la ocupación,
la humillación, la injusticia, en medio del torbellino,
el entusiasmo y el desorden,
pero ahora es el momento de decir algunas palabras sobre el amor.”
Carlos Ríos
0- ¿Qué descubriríamos de nosotros, del mundo y el lenguaje, si nos detuviéramos un instante? ¿Tenemos aún la potencia de detenernos más allá de la semántica afectiva del aburrimiento y la inmovilidad? ¿Existe un lenguaje disponible para articular alguna forma contemporánea del Preferiría no hacerlo de Bartleby? ¿Puede ser Michael Jordan nuestro Bartleby?
Miley Cyrus- que aparece en el video del tema “23” con la remera de los Bulls de Jordan- tiene un tema titulado “We can´t stop”, en el cual de algún modo se cifra la tonalidad afectiva de la subjetividad contemporánea: and we can´t stop, and we won´t stop. No se trata de una constatación de hecho: no vamos a parar; es el enunciado de una Ley que se cita a sí misma en el goce: no podemos detenernos, que bien podría parafrasearse: no podemos no movernos. O llevada al imperativo desnudo: ¡muévanse! Del cántico generacional celebrando una fiesta a la imposibilidad hecha cuerpo de detenerse. El video de Miley cierra un arco que podríamos abrir en “Smells like teen spirit” de Nirvana, del here we are now, entertain us al and we can´t stop se introyecta el imperativo y la obligación de diversión, de cambio, de novedad: ya no es el otro el que debe proveernos del destello del encantamiento, nosotros mismos somos ese pedido y esa responsabilidad, el flujo que exige movimiento, entretenimiento y recambio. Ya Zizek lo aclaró, el presente se articula en torno al eco siempre diferido de una sola orden que se vivencia como liberación individual: ¡Goza! Una cadena de consumo donde todo se tritura, donde se consume y se destruye, se consume y se destroza, donde consumir y destruir son equivalentes porque lo que se consume/goza es nada, porque se consume/goza para nulificar, para encontrar un vacío y llenarse de vacío, y tener así que continuar. ¿Y no es/fue acaso Michael Jordan un plato principal en ese banquete contemporáneo? ¿Qué otra cosa es Michael Jordan que la imagen devenida afiche multiplicado por millones de él saltando al aro, con el brazo estirado a punto de clavar la pelota, la figura del star system en su punto de máxima gloria? Y sin embargo, en esa imagen hay dos posibilidades, dos fuerzas que Francisco Ide Wolleter detecta y cuya tensión despliega en el poemario. La primera, la obvia, es Jordan transformado en imagen-fetiche, mercancía, signo y símbolo de la posibilidad de cualquier cuerpo de museificarse en el flash instantáneo del foco del Espectáculo, un cuerpo en perpetuo movimiento, que como el capital que encarna- “El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen” (Debord)- no puede detenerse y debe seguir entreteniendo, generando valor. La otra posibilidad es la de una percepción amable que profana esa imagen-espectáculo para adjudicarle un nuevo valor de uso; es adivinar, por qué no, en ese cuerpo flotando hacia el aro un cuerpo en trance, un cuerpo zen, un cuerpo que se sustrae al imperativo cinético, y que descubre una quietud anterior a la dicotomía movimiento-inmóvil. Francisco ha escrito un libro como si mirara el afiche de Jordan con ojos profanadores, como si lo arrebatara de su equivalencia general con todos los demás afiches, y convirtiera esa imagen singular en el paradigma para bucear una respuesta posible a las preguntas formuladas más arriba: ¿Qué descubriríamos de nosotros, del mundo y el lenguaje, si nos detuviéramos un instante? ¿Tenemos aún la potencia de detenernos más allá de la semántica afectiva del aburrimiento y la inmovilidad? ¿Existe un lenguaje disponible para articular alguna forma contemporánea del Preferiría no hacerlo de Bartleby? ¿Puede ser Michael Jordan nuestro Bartleby?
Al terminar el libro, podemos observar la imagen de Jordan en el aire y adivinar que no viene de ningún lado ni se dirige hacia ninguna meta. Es un cuerpo detenido, activamente detenido, una tensión sin objetivo, como describe Herrigel Eugen a la cuerda del arco en Zen en el arte del tiro al arco: un cuerpo suspendido en el aire y que aún sigue viajando hacia ningún lado.
1- ¿Cómo escribir sobre Michael Jordan, cómo transformar en materia de poema un cuerpo devenido Espectáculo? Justamente, no escribiendo «sobre» sino «para» Michael Jordan: destinar una escritura es un gesto amoroso, y el poemario de Francisco puede leerse exacta y justamente como un libro de Amor. Ahí están las palabras del propio Jordan como epígrafe anticipándonos una ética, siendo su propia citación, en un libro para Jordan, una ética de la voz, ¿o acaso hay acto más amoroso que dar la voz?
““Lo que amas permanece,
el resto no es nada.
Lo que amas no te será arrebatado.
Lo que amas es tu herencia verdadera.”
Porque sólo amar interrumpe el flujo continuo de la mercancía, arrebata de esa correntada indiferente una imagen y la signa con una sobrevida. Sólo un amor veloz puede amar lo que rápido se fuga (Watanabe) y transformar lo coyuntural en herencia, el presente en valor-de-uso-porvenir, la actualidad pop en permanencia poética (“mas lo permanente lo instauran los poetas», Holderlin), la imagen-espectáculo en imagen-estética: transmutar la marca Michael Jordan en poemas para michael jordan. Sólo una percepción amable, como la que atraviesa los poemas de este libro, apuesta en lo que no tiene Sentido- insignificante- la última trinchera para producir poemas:
«he visto la belleza insignificante de un insecto
que a pesar del balón contra el tablero
permanece inmóvil
como una mancha de sol en el reverso de la mano
o un tatuaje en la piel de Dennis Rodman»
3- Un Libro de Amor, entonces, y por lo tanto un entrenamiento en el tacto delicado, en una escritura despojada de la arrogancia de pretender “representar” a Jordan, y que se mueve, más bien, en el roce, en el trazado de escenas mínimas, en la valoración de sus gestos gratuitos, en la audición minuciosa de una voz murmurada en los pliegues de los gritos. Pero la delicadeza vuelve amable lo que toca, y por ello esos gestos, esas escenas y esa voz, sin renunciar a su minimalismo, asumen, a fuerza de singularización, una ejemplaridad, un estatuto paradigmático, un espacio de percepción del mundo: Jordan se transforma en el nombre singular-común para erigir una imagen del mundo a partir de un mundo de imágenes. Los percepción de Jordan transforma el entorno aprovechando cada detalle, cada insignificancia, como el trampolín adecuado hacia una imagen, hacia la conquista de una figuración poética; la percepción de Jordan hace flashear lo real: «los flash(…) son nubes plateadas que me sirven de escalera» Pero la posibilidad de ese flash es, como dijimos, la singularización de Jordan, una singularización que roza la soledad: Jordan es el nombre de una distancia, la distancia necesaria para el nacimiento de una imagen. Para que lo propio sea común hay que pasar por una singularización, como si fuera necesario, a los fines de heredar una constelación de visibilidades nuevas, una sustracción del medio desde el medio para mejor combatir el medio:
«Juego solo, como Kasparov contra la máquina»
4- No hace falta pegotear citas de Deleuze para saber que La Lengua es una Máquina. Y como podemos leer más arriba, Jordan juega contra la máquina, es decir- silogismo primario mediante- contra La Lengua. Los poemas no sólo singularizan a Jordan, usando su entorno de realidad como medio a partir del cual y en contra del cual se levanta la constelación de imágenes, sino que efectúan un litigio con el entorno de enunciación, con el medio de la lengua poética- y su archivo- en el que chapotean: es recurrente el procedimiento de iniciar a partir de un sustantivo abstracto- “La Muerte”- que cifra un tópico poético, y singularizarlo por medio de una sobredeterminación concreta, confinándole una geografía precisa y una historia de trazos gruesos, lo que permite pensar esta escritura no sólo- ni principalmente- como una poetización de Jordan ( en virtud de la cual La Poesía seguiría repitiendo su lengua) sino una Jordanización de lo poético: Jordan no sólo como el nombre común de una distancia, sino también como un medio posible de recomienzo de la poesía.
“así era la muerte:
un salto anti-gravitatorio
clavar el balón en la canasta
caer con los pies firmes en el suelo de madera
como sobre la superficie de la luna
y mirar a los ojos
las graderías vacías
era eso:
retirarse y, no obstante
seguir la práctica
como si el próximo partido estuviera
a minutos de distancia en mi avión privado
Si “Poemas para Michael Jordan” es un libro de Amor, no lo es sólo para Jordan, es decir, no sólo transforma a Jordan en Amable, sino también, y en el mismo gesto, lo hace con la poesía (y lo que se ama pertenece, cada vez que se lo ama, a un tiempo largo, a un gran tiempo). Amar a Jordan y amar a la poesía, si se efectúa en el mismo gesto, también se puede formular del siguiente modo: escritos de amor para una poesía Jordanizada, una poesía del espectáculo, una poesía que se mide consigo misma- con el núcleo de su sobrevida, de sus posibilidad de continuar diciendo algo del y al mundo- en tanto se mide con el espacio de las imágenes, en tanto ingresa en el común espacio del litigio por el lugar y la función de las imágenes.
Lo interesante del libro de Francisco, aquello que le adjudica un influjo contemporáneo- esa relación desfasada con el presente, al decir de Agamben, pero que sigue siendo, sobre todo, una relación con el presente- es que su escritura entre en el litigio pero no en nombre de una “realidad más real”, sino de lo que podríamos pensar como una imagen-material: un espacio de la figuración que exhibe una atención minuciosa al cuerpo, a las flexiones de un cuerpo, a la física heterogénea de los cuerpos, a su peso, a su grano de voz, al excedente irreductible que todo cuerpo imprime en las imágenes que lo colocan en una superficie de visibilidad:
“un metro noventa y ocho
de altura
y contra el atardecer
mi sombra se alarga y cubre
al menos cuatro metros
de distancia
ese gigante negro sobre el pasto
de la cancha de golf
no es otra cosa
que la sombra de un enano”
Una imagen-material es la imagen que salvaguarda el peso y debilidad respectiva de un cuerpo: una sombra gigante que se sabe sombra de un enano
5- Un Libro de Amor a Jordan y a la poesía, sí, y también un Libro de Amor de Jordan a sus hijos. ¿Qué cuerpo más débil que el que ingresa a la vida sin armazón inmunitario, el mamífero humano, el más indefenso de los mamíferos, la potencia que más peligra en nunca volverse nada? Con la aparición de los hijos en los poemas la “debilidad” se transforma y radicaliza en “muerte”, en acecho permanente de la muerte, y por ello la fantasía de Jordan de devolver al hijo al útero de la madre, porque donde no hay “Yo” no hay nombre, y donde no hay nombre no hay muerte.
“a veces siento como si el balón estuviera
cubierto de venas palpitantes
así nació mi hijo, con venas visibles e hinchadas
en su piel de cebolla azulada de frío
cuando lo sostuve en mis manos la primera vez
sentí deseos de lanzarlo, dar un pase
encestarlo de vuelta al vientre de su madre”
Y sin embargo, es sobre este horizonte de la muerte como posibilidad más propia en el cual se erige la vista- la visitación- de una nueva figura para la vida y el amor: la ternura, la delicadeza, el con-tacto de quien sabe que una vida depende exclusivamente de uno: con el nacimiento de los hijos nace la muerte, pero también la chance de otras formas-de-vida.
Es en el horizonte de la muerte también que un Libro de Amor a los hijos puede leerse en el antiguo género de las Epístolas morales: cartas escritas por un anciano a un joven aprendiz en el umbral de un mundo que se apaga y otro que comienza a formarse, y son cartas que insisten en esa discontinuidad- el trabajo de la muerte- pero también en la importancia de cierta herencia, el don de algún lenguaje para que la orfandad en la intemperie no sea absoluta. Jordan escribe a sus hijos- o sea, a nosotros- como si fuera Tom Hanks en El Náufrago hablándole a la pelota- un aire apenas envuelto, la vida aferrada en su irreductible precariedad-
6- Retomemos el comienzo: el afiche de Jordan saltando triunfante al aro. Contra esa imagen, es decir, sobre esa imagen, se escribe “Poemas para Michael Jordan”; contra el imperativo del we can´t stop y el entertain us que se cifra en ese cuerpo glorioso. Pero no sólo contra, sino sobre, en su inmanencia, en su tacto: un intento de escarbar en esa imagen todo lo que está ahí, pero como velado en sombras, o en las grandes luces del Flash: un cuerpo mezclado con el aire, un cuerpo cualquiera, desprovisto de todo entorno glorificante. Un Libro de Amor, repitamos, amor a Jordan, y por eso mismo amor a las imágenes, porque Jordan no fue nunca otra cosa que un bombardeo sistemático de imágenes (¿pero no lo es acaso también La Literatura, La Poesía, desde que no puede escindir su experiencia de su Discurso, desde que nos llega como currícula en la escuela, desde que deviene objeto de estudio, canon, tradición, archivo?) No son poemas para el Jordan-real-detrás-de-las-imágenes– ¿qué Jordan detrás de Jordan el balón encesta…?- sino para una imagen-real (material) de Jordan: el problema no es la imagen sino la imagen-representación que convierte a Jordan en becerro de oro. Pero hay otra posibilidad para la representación, tal y como nos lo anuncia Jean-Luc Nancy en “La Representación prohibida”: re-presentar también puede significar intensificar una presencia, pero intensificar acá no sería «volver poderoso», más bien «realizar una presencia», que también puede escribirse: real-izar. Izar un cuerpo a la altura de su real, a su propio modo de desinscribirse de las superficies de visibilidad del espectáculo, elevar un cuerpo a la altura de su fisura, trazar el horizonte de la muerte sobre el afiche de Jordan y seguir amándolo, no a pesar, sino por ello mismo.
Lo que amas es tu herencia verdadera, dice Jordan.
Amá sólo lo que muere.
Seguí amando con urgencia hasta resucitar tus muertos en una imagen suspendida encima del tiempo.
Esa es la herencia verdadera de “Poemas para Michael Jordan”
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+ acerca de Javier Martínez Ramacciotti:
Nació en Córdoba, 1985. Participó de las antologías de jóvenes narradores Es lo que hay y Los nuevos, ambas editadas por Babel, y de Dieciocho. Antología de poetas hombres de Córdoba (Tinta de Negro Ediciones). Ganó el Primer premio del Concurso Literario El Banquete 2011 y fue seleccionado también con el primer premio del II Concurso Nacional de Poesía “Taller Latinoamericano de Poesía Fundación Pablo Neruda 2012” Publicó: Fondo Blanco (Alción, 2011), Papá-Oso (La Sofía Cartonera, 2013) y Alto Mediodía (Llanto de Mudo, 2014) y participó de los libros colectivos de ensayos: La Obstinación de la escritura (Postales Japonesas, 2013) y Violencia y Método. De lecturas y críticas (Letranómada, 2014). Es editor de la Revista Digital Caja Muda: www.revistacajamuda.com.ar
Libro: “Poemas para Michael Jordan”
Autor: Francisco Ide Wolleter
Editorial: Ajiaco Ediciones – 2014






