Entrevista: RODRIGO DE LA SERNA

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EL FARMER: MITOLOGÍA FANTASMAL

Por Valeria Arévalo

Criollismo, poder y crueldad, frases que relacionamos con el polémico y controvertido personaje histórico argentino, Juan Manuel de Rosas, que Rodrigo de La Serna junto a Pompeyo Audivert interpretan en la obra de Andrés Rivera, «El Farmer», mostrandonos de una excelente puesta teatral, los últimos años de vida de Rosas, donde la lucha se hace presente entre la vida y la muerte que lo espera.

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– Para comenzar con esta entrevista contame, ¿De qué trata El Farmer? ¿Cómo es interpretar un personaje tan polémico y contradictorio como lo ha sido Juan Manuel de Rosas?

El Farmer tiene la interpretación de este personaje odiado y amado, personaje muy polémico que nos enseñaron a odiarlo. Hay una declaración que ponemos en la obra de teatro del diputado Nicolás Albarellos que en el año mil ochocientos sesenta y pico, no recuerdo ahora bien, en una sesión que estaban votando para declararlo traidor a la patria a Rosas decía: “Hay que votar urgentemente, para que en las escuelas se lo odie a Rosas, porque si no va a quedar como el argentino más grande de todos los tiempos por eso, San Martín le legó su sable, votemos por favor como traidor a la Patria”. Esto es un poco lo que pasó, se ha exaltado sus facetas más violenta, fue un símbolo muy violento. Hay que recordar también que Lavalle venía cortando cabezas para pelear en contra de él, mató mucha gente. Sarmiento decía que había que matar paisanos y gauchos porque era sangre barata que abonaba la tierra, y había que exterminar a todos los bárbaros gauchos para traer europeos, que fue un poco lo que pasó.
Así que estamos hablando de una época muy violenta, muy turbulenta, pero es donde colisionó el poder durante veinte años, esto generó rasgos muy autoritarios, era un autócrata Rosas, pero hay que saber observarlo. Se puso al frente de la vanguardia de la Vuelta de Obligado, que cuando el imperialismo inglés se puso en esa bravuconada y se tiró para canal norte pechando con sus veinte buques de guerra aliados a los franceses, en su momento buques mercantes, para imponer sus productos, se puso en la vanguardia con el movimiento popular y repelió diplomáticamente con armas a esa intentona. Es por eso, que San Martín le ofrece sus servicios militares a Rosas para ayudarlo en esta guerra que termina recapitulada por los ingleses.
Por eso tenemos un país tan periférico como el nuestro. Le dio también visibilidad al gaucho y participación política a la clase más baja, pero también favoreció a la oligarquía. Personaje polémico, contradictorio, manchado de sangre, y es a partir de ahí que Rivera Andrés, el autor de la nouvelle El Farmer, el que adaptamos al teatro, utiliza esa figura de Rosas para sacudirlo, conmoverlo, o quizás a partir de esa máscara Rosas muestra la contradicción de todos los argentinos, en cuanto a odiarlo o lo amarlo, y es a partir de ahí que se puede reflexionar sobre temas más profundos de la política histórica del destino de nuestro país: la guerra, la muerte, la traición. Ese problema que vamos a tener todos ante la muerte, ese umbral que se abre ante nosotros. La figura de Juan Manuel de Rosas, la menos conocida, la de su destierro, que padeció durante veinticinco años en el exilio en el país del enemigo donde él combatió. Vivió en un rancho muy miserable, muerto de hambre, de frío y de resentimiento. En ese último instante, en esa recapitulación final en la obra es presentar, a Rosas en dos cuerpos, el físico patético, resentido que encarna tan bien Pompeyo Audivert, y su doble mitológico fantasmal que nace a la historia cuando su físico muere, ese Rosas que sigue estando presente en la política argentina hoy por hoy, ese rol sobre natural, ese espíritu es el que hago yo, y también hago otro personaje porque soy como una proyección onírica, cuando inter-locuta con el primer ministro inglés me transformo en él, o Manuelita su hija, una niña muy perversa, o entre los peones galeses que le hacen la vida imposible en ese rancho infesto. Es una puesta mezclada con lo histórico y lo metafísico.

– ¿Cómo fue la adaptación de la novela histórica a guión teatral, interpretación, lectura y la representación de Juan Manuel de Rosas?

La adaptación fue un proceso interesante, advertimos inmediatamente con Pompeyo Audivert, que era un texto digno de ser enunciado por la musicalidad que tiene, la prosa obsesiva y musical. Es un texto maravilloso, para mí Rivera es uno de los mejores escritores de estos últimos tiempos, así que nos pusimos a trabajar planteando a Rosas en dos cuerpos.
Es monólogo que muestra la recapitulación final, es Rosas hablando consigo mismo y sus fantasmas con los que fueron sus adversarios políticos. Tiene mucho de literatura, demasiada para un solo cuerpo, entonces tomamos esa decisión de separar el texto en dos cuerpos lo cual le da una teatralidad impresionante y toda la tensión, que en esos dos cuerpos, el físico que se está muriendo, y el mítico que está destinado a la inmortalidad, puesto entre comillas, ahí se plantea una cuestión más metafísica, ese umbral de la muerte que le está lamiendo las espaldas, la boca de lobo se cierra en ese rancho, algo más fantasmal. En cuanto a la lectura fue inmediata, en una noche ya lo leí, quedé cautivado por este texto maravilloso.

– ¿Al leer la obra, qué fue lo que más te impactó ? ¿Cómo se desarrolló el trabajo actoral con Pompeyo Audivert?

Lo que más me impactó fue la poética de Rivera, y cómo se pone la pluma al servicio de este gigante, de este coloso de la historia, con mucha inteligencia y muy crítico. Rivera es marxista así que lo defenestra bastante a Rosas, pero sabe ponerse muy bien en la piel y la imaginación de un hombre que tuvo un poder absoluto, que estuvo más allá de sus decisiones, y sobre todo poética accesible que es algo que no está encriptado que se advierte, con algunos pasajes increíbles, memorables.

Es un texto alucinante, la adaptación fue en un par de meses, conformamos una base para empezar a poner el cuerpo a los ensayos, es un desafío noche a noche. Es una puesta con un despliegue actoral monumental. Pompeyo es actor, para mí el más claro representante de la última tradición argentina del grotesco, que encarna a este anciano de una forma magistral. Es una obra de arte lo que hace Pompeyo. Es una obra de teatro monumental, que hoy en día no tiene la plaza teatral argentina, obras burguesas, contemporáneas, que no tienen el vuelo poético de El Farmer como teatro en su estado más puro.

– ¿ Por qué deberíamos verla, y con qué imagen nos quedamos de Rosas?

La obra se presenta como una batalla, un duelo actoral muy potente, una obra que está nominada a mejor obra, mejor director, mejor actor, hemos tenido críticas muy elogiosas después de haber estado casi un año en el Teatro San Martín, en Buenos Aires, y vemos cómo reaccionan los públicos. Es un espectáculo digno de ver por la actuación que se destaca, estalla arriba del escenario ya que tienen un nivel muy alto. Es una obra que indaga sobre la Argentina, la expone sobre el tapete, y todas las contradicciones identitarias están expuestas ahí a través de la figura de Rosas.
Muchos espectadores dijeron: “Al final no lo vi tanto a Rosas”, o muchos fanáticos de Rosas dijeron: “Che, pero al final era bastante salvaje este tipo”. Entonces, con esto digo, cada uno se cuestiona lo que debe cuestionarse, y me parece que eso es lo valioso de esta puesta teatral.

– ¿Te resulta más interesante como actor el desafío de interpretar figuras como la de Juan Manuel de Rosas?

Me resulta un desafío extra, y soy consciente que en pocas oportunidades uno tiene un material como El Farmer de interpretación, de resonancia. La cuestión histórica que me apasiona mucho, la metafísica que tienen esta cuestión universal de la vida y la muerte, lo grotesco que atraviesa nuestra tradición. Es un texto que tiene varias capas, de medula muy honda.

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