Crítica cinematográfica: “EL ESPACIO ENTRE LOS DOS”

PRÓCERES ADOLESCENTES

Por Lucas Moreno

Jamás los colores saturados y la tristeza combinaron tan bien. Cada fotograma de El Espacio entre los Dos estalla de alegría cromática. Imágenes que vibran, contagian euforia, energía y te enloquecen de belleza pop. Pero esta intensidad corresponde a un nivel superficial; dentro de la narrativa de Nadir, la felicidad de los colores se invierte y terminamos enfrentando una historia nostálgica al punto de dislocar el corazón.

No es un efecto de contrapunto. Esta confusión de vitalidad y melancolía convierte a El Espacio entre los Dos en una metáfora ultrasensible para explicar el funeral de la adolescencia. Introspección alcanzada por la ausencia de delirio narrativo. Tres amigos con una banda tocan en una fiesta y se van. Listo. Cumbre de lo intrascendente. Tiempo del limbo. Pero en un limbo los destinos son conclusivos. El Espacio entre los Dos desprende su complejidad por otro costado, uno silencioso y sensitivo.

A esta película hay que pensarla con el hemisferio derecho. Hay que acompañar a Gustavo Kreiman y meterse en su cabeza para ayudarlo a desenredar sus emociones. Clave para que la película soporte todos los tiempos muertos que quiera: Nadir no ofrece más que pistas para solucionar un misterio sentimental. Los detalles son más cruciales que cualquier aclaración. El estremecimiento pasa por saber qué representa un par de gallinitas de cerámica o porqué un gorro de bufón aparece a mitad de película para quedarse. También consiste en decidir si es conveniente quedarse dormido o mantenerse en estado de alerta.

Armar una narrativa tan compleja con sutilezas requiere la templanza de un monje budista. Algo que Nadir tiene y los actores absorben. Tanto Gustavo como Santiago y Florencia captan la delicadeza imparcial que necesitan sus actuaciones. Cuando la angustia disimulada de Gustavo se acopla con una puesta en escena angustiada, El Espacio entre los Dos llega a su pico de inteligencia emocional.

Ver deambular a tres chicos por una calle desolada y no poder desconcentrarse demuestra la honestidad desequilibrada de esta historia. Se cuenta lo justo con los recursos justos. Hasta las escenas donde la música se impone articulando una lógica de videoclip son coherentes con el contexto musical de los personajes.

Eso. La música. Además de ser hermosa, tiene acá la misma función que en la vida cotidiana: reducir la incomodidad o estimular lo rutinario. Melodías que no están para remarcar un drama; están para descomprimir una tensión inmanejable. Los apartados musicales son la catarsis para un espectador desasosegado. Cuando Gustavo les muestra a sus amigos un tema que está componiendo, Nadir inmediatamente lo usa en primer plano sonoro, ya totalmente compuesto.

Este recurso, que parecería sólo formal, confirma cómo Nadir ampara con humildad a sus creaciones.

Amar así a tus personajes es amar al cine por sobre todas las cosas.

Calificación: 10 morenaux

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Título: El Espacio entre los Dos
País: Argentina
Duración: 80 minutos
Dirección: Nadir Medina.
Guión: Nadir Medina
Producción: Nadir Medina
Producción Ejecutiva: Maximiliano La Furia, Nadir Medina, Natalí Córdoba, Yanina Moyano
Intérpretes: Gustavo Kreiman, Santiago Zapata, Florencia Decall, Ignacio Jara, Octavio Bertone, Florencia Moresi, Facundo Dominguez
Dirección de Fotografía: Santiago Seminara
Cámara: Darío Mascambroni, Santiago Seminara
Dirección deAarte: Florencia Wehbe
Dirección de Sonido: Álvaro Martín
Música: Francisco Kreiman
Montaje: Nadir Medina, Darío Mascambroni

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