“LO INESPERADO Y LO IMPROVISADO SON SIEMPRE EL MEJOR IMPULSO DE LA FUERZA DE CREACIÓN”
Por Paula Flores y Carlos M. Díaz
En Córdoba hay un grupo teatral que hace de las suyas los jueves en el restaurante BAJO FONDO, de Nueva Córdoba, se llaman a si mismos Los Pelafustanes. Un término con el que se denominaba a los personajes insolentes, picaros, y soñadores. Expresiones que marcan muy bien su impronta en el escenario.
Este colectivo, cuya técnica de expresión artística es la improvisación teatral, está conformado por cuatro amigos, Claudio Oliva, Camilo Nicolás, Emilio Canga Oruetta y José Majul Flores, que tienen la habilidad de contar historias que se crean y desarrollan en el instante mismo que las actúan.
Esta forma de teatro se presenta actualmente no como un adiestramiento de formación para los actores, sino como un producto terminado en el que los intérpretes y el público van desvelando la trama de la historia que cobra vida en el escenario.
Continuamente improvisamos, la vida está llena de momentos inesperados en los que reaccionamos de las maneras más diversas e insospechadas, pero indefectiblemente honestas. Nuestro cuerpo reacciona antes de que nuestro cerebro pueda ordenarle nada. Llevar esa frescura al escenario es la labor del actor, y aquí entra en juego nuestra capacidad de sorprendernos. El teatro necesita de esta capacidad.
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– La Improvisación esta asociada al humor, como el teatro espontáneo al dramático. ¿Porqué eligieron la improvisación y el humor como propuesta creativa?
Camilo: Lo hemos discutido un millón de veces. Por ahí nos pasa que si no sentimos la risa del público, nos afecta. Pero poco a poco estamos aprendiendo a diferenciar que no es necesario que la gente se ría para saber que estas mostrando algo bueno. Es suficiente con que te presten atención, y si se ríen obviamente es un plus más, y que te lleva a sentirte mejor en escena, pero no significa que si no hay risas, no sea bueno lo que estamos haciendo.
Canga: Nosotros hemos entendido que el humor, es una consecuencia de una historia. Porque en realidad lo que nosotros queremos contar es una historia, más allá de que sea graciosa, humorística o no.
No, es una consecuencia. Nosotros lo que queremos es contar una historia y siempre la llevamos por el lado del humor, pero ahora estamos trabajando precisamente el tema de que no es necesario hacer reír. Vos podes contar una brillante historia sin hacer reír y la gente la va a saber apreciar mucho. La diferencia con el teatro espontáneo, es que, nosotros no profundizamos tanto, por el contexto en donde nosotros presentamos la obra, no llegamos a contar una historia sumamente profunda, dramática porque los tiempos que manejamos en los juegos de Impro son distintos.
Majul: El espectáculo está planteado con un ritmo y un tiempo de juego mucho más corto que permite darle más dinamismo a todo el show. Eso hace que cada una de las impro sean un poco más acotadas. Hay espectáculos de “Long Form” que son improvisaciones largas, de quince minutos, pero son elecciones, nosotros elegimos hacer muchas impro de menos minutos y tratar de contar historias en esos tiempos que nosotros nos propusimos.
– ¿Es decir, que es una cuestión de tiempo lo que genera que Los Pelafustanes hagan humor?
Claudio: A veces lo que pasa es que el humor viene sólo. Contas una historia, haces un guiño y de repente la gente se ríe, sin buscar uno todo el tiempo hacer reír.
Camilo: Por ahí lo que sucede siempre en escena es que uno esta mostrando una desgracia o algo por el estilo, y por ahí la gente lo toma como una gracia. Por ejemplo la consigna es Terror y estás matando a alguien y la gente se ríe de cómo lo estás matando. Pero por nuestra personalidad, tenemos inclinación a generar humor por nuestra personalidad.
Canga: Es la esencia.
Camilo: También tenemos algunos juegos de Impro como por ejemplo el de las manos, en el cual lo importante no es tanto el desarrollo de una historia sino mostrar una destreza dentro del ejercicio, y eso también genera humor. Pero sí, a mí lo que particularmente me gusta es generar humor.
– ¿Cuál es el momento de mayor felicidad para los pelafustanes cuando están en escena?
Camilo: Cuando estoy en escena es mi mejor momento, por más que haya tenido un día triste o me hayan pasado millones de cosas. En el momento que te subís en el escenario se da como una cuestión energética que es diferente. Cuando te piden “otra”, o te retribuyen con aplausos, es la mejor devolución que puede tener uno cuando presenta un espectáculo.
Canga: Un aplauso o una risa de la gente te llena un montón y eso es impagable. Pero otro de los momentos imperdibles es justo antes de empezar una improvisación, ese vacío, cuando te sale un título como “a Blanca Nieves se le hinchó el pié y no pudo caminar con las muletas nuevas que le regalaron”, vos decís ¿y ahora cómo arrancamos esto?. Ese vacío si uno lo aprende a disfrutar es fantástico.
Camilo: Otro momento sumamente disfrutable es cuando estamos improvisando y empezamos a jugar. Por ahí uno está tan nervioso o tan preocupado por acomodar a la gente, con los aspectos técnicos del espectáculo, que cuando uno se tranquiliza, se armoniza un poco y siente que ya está jugando el momento de improvisar y siente que la gente es cómplice de ese juego. Ese momento, esa sensación es impagable.
Otro momento, esta relacionado con los tiempos, hay impros que pueden durar tres minutos y no están saliendo tan buenas y hay impros que pueden durar quince o veinte minutos de lo buenas que están saliendo y ni te das cuenta, después preguntas cuanto duró y eran 10 minutos 15 minutos.
Majul: Existen muchos momentos de disfrute, por ejemplo nosotros cuando arrancamos el espectáculo hacemos una arenga en la cual se ve la comunicación con el público, cuando la arenga es fuerte, vos ves que la gente está con ganas de ver el espectáculo, ahí ya empezás a disfrutar.
Y después, sí en las impro hay momentos en las que vos ves que la historia está baja o como que la gente se perdió, y empezás a salir de ahí y empezás a ver que la gente se empieza a sumar, y de esa meseta que tuvo la historia, empezás a percibir un disfrute por parte del público. Ese momento es mucho más grato quizás que la arenga. Y si termina con aplausos es… bueno… fantástico!
Un punto que me olvidaba, es que cuando nosotros salimos y te dicen, “pero ahí había algo que estaba armado”, eso es uno de los mejores halagos para un improvisador.
Canga: que la gente crea que está guionado.
Maju: Que estuvo guionado, que es una historia que estuvo preparada o que estuvo ensayada, es muy lindo lo que se siente.
Camilo: Gratificante, esa es la palabra!
– ¿Cuál es el trabajo previo que realizan para entrar en escena y lograr que toda la sala se ría?
Camilo: Durante toda la semana estamos preparando, desde la hoja donde escriben los títulos que propone el público, el comprar los elementos necesarios, el estar atento a que el lugar esté bien acondicionado de acuerdo a las reservas. No es un trabajo de dos horitas antes. Tratamos de hacer las reservas nosotros, porque justamente eso es lo que tiene la impro, esa cosa de energía con el público que pedimos al principio del espectáculo, por ahí si hay poca gente es mucho más complicado laburar en ese ambiente. Por ahí calentamos, por ahí una que otra cervecita también antes de entrar pero sí es una cuestión de días.
Canga: Sobretodo una cuestión de entrenmiento. Nosotros todos los lunes tomamos clases con un profesor de Improvisación donde es fundamental entrenar, porque no es como en una obra de Teatro “clásico” donde uno puede ensayar, en esto no hay que ensayar, sino que hay que entrenar. Se dice entrenar porque hay que entrenar en la técnica, es como un jugador de football que patea un tiro libre, vos tenés que patear la pelota cincuenta veces. Acá tenés que hacer lo mismo porque hay reglas, reglas básicas que hay que respetar. Y ese es el entrenamiento, como por ejemplo, nunca negar una propuesta del compañero. Eso te sale de forma innata porque uno tiene armada una historia y el otro tiene armada otra historia, porque es lógico que así suceda, entonces cuando se juntan esas dos historias es lógico que uno reaccione con una negación del otro.
Esto se evita con entrenamiento constante, el NO negar, el tratar de unir las dos propuestas, tratar de conocer el código, conocer lo que él está pensando, para que yo me pueda meter en el pensamiento de él. Por eso es un trabajo de entrenamiento profundo, más allá de preparar todo, es un entrenamiento constante de conocimiento entre los cuatro.
Camilo: También una cuestión importante es el prepararnos psicológicamente porque por ahí, no todas las impro salen 10 puntos,
Está la posibilidad de que la atención del público esta dispersa, más en el contexto en el que nosotros nos presentamos que es un bar, que la gente pide comida, pasa el mozo, que no pasa, que hay lugar, que no hay lugar. Con que la gente te preste atención y que por ahí emita una sonrisa es importante. Para eso hay que estar preparados a que la impro puede salir diez puntos, ocho o cinco, y que eso no afecte el trabajo en escena, porque justamente no está nada ensayado estás constantemente corriendo con ese juego de riesgo de error o no.
– ¿Cuál es el límite de la improvisación?
Camilo: Yo personalmente pienso que no hay límites al momento de Improvisar, es más, justamente yo tengo por ahí esa personalidad que me gusta mucho el absurdo y lo disparatado, justamente la impro, te permite tener al lado tuyo un botón propulsor para irte a Marte y de ahí tomarte un ascensor y bajar, justamente al no tener una escenografía o algo guionado vos podes hacer, lo que quieras, obviamente tratando de desarrollar una historia con un principio un nudo y un desenlace. El límite es tratar de no caer en lo grotesco, en lo ordinario, de no herir susceptibilidades, justamente para que haya un juego universal.
Claudio: Algo que yo veo como un posible límite podría ser nuestras capacidades pero, como dice él, no hay una cuestión de límites que nosotros nos impongamos y digamos bueno vamos a ir hasta acá. Salvo con la cuestión de sexo o una ideología política o el insulto.
– ¿El insulto como agresión es un límite por ejemplo?
Claudio: Totalmente, ahí sí hay un límite.
Majul: Creo que el límite del humor dentro de la improvisación viene por el lado de que por ahí, nosotros si bien utilizamos pequeños gags, o algún recurso que va a generar humor, tampoco lo priorizamos a tal punto que no nos deje seguir improvisando. Tampoco lo utilizamos hasta el hartazgo para que al final de la improvisación quede solamente un chiste o un momento gracioso sino que intentamos contar una pequeña historia. Muchas veces puede quedar muy anecdótico y otras veces queda más memorable la historia. Lo que buscamos es que sea la historia lo que quede.
Canga: Yo creo que uno de los límites bien marcados es el feedback con el público, en cuanto uno agrede al público y corta esa conexión con el público. Creo que ahí nosotros ya sabemos que esa es una línea que no se puede atravesar.
– ¿Lo inesperado y lo improvisado es el motor de impulso de creación? ¿Hay detrás de lo inesperado códigos internos?
Majul: Hay prioridades. Lo último que pasa se lo toma como lo más importante. O sea quizás el tira una última frase y resignificarla con lo que yo voy a aportar, va a hacer que sea más importante aún. Son prioridades que uno le pone para que la técnica fluya. Por decirte, aceptar el juego que propuso el otro y desarrollarlo lo más que se pueda. Tenemos también ya el “olfato” desarrollado en cada uno, por ahí si vemos que la escena está apagada o amesetada, Camilo lanza un recurso o el Canga lanza otro recurso, o Claudio lanza otro recurso para que uno salga de esa meseta y a partir de ahí tenga un poco más de dinamismo la historia.
Camilo: Justamente como la improvisación es una técnica hay determinados recursos que te llevan a desarrollar mejor una historia, por ahí darle más dinamismo. Hay conceptos como la expansión, el avance, el flash back, elementos que justifican una impro. No sé si son códigos internos porque cualquiera que profundice un poco sobre la técnica de Improvisación tiene al alcance de las manos esos recursos.
Canga: Y sí, hay códigos internos, el conocernos entre nosotros, el saber cómo juega uno, en qué es bueno uno, y en qué es bueno el otro. Uno debe saber como jugar con el otro. Yo creo que ese es uno de los códigos fundamentales. Cada uno sabe cómo juega el otro.
Majul: Son implícitos quizás.
– Con respecto a ese conocerse, ¿Cómo construyen la confianza grupal, esa sincronicidad que hace falta arriba del escenario?
Majul: Estamos en eso, no te puedo decir que somos un grupo consolidado totalmente porque cada una de nuestra funciones es parte de un proceso que estamos llevando a cabo. Tenemos cierta confianza pero queremos cada vez tener más, y a medida que más nos conocemos esos “códigos internos” serán más ricos y les podremos sacar más provecho.
Camilo: Al no tener los cuatro una formación homogénea, cada uno dentro del grupo tiene sus tiempos, por ahí uno evoluciona más rápido, otro más lento. Lo bueno es que como grupo vamos creciendo juntos. Como grupo veo que hace ya un año que estamos trabajando juntos, y hay un avance enorme en cada uno de nosotros y como grupo.
Canga: En la improvisación es fundamental la confianza, porque yo me lanzo a la idea que tiene mi compañero, entonces tengo que confiar y a su vez mi compañero tiene que confiar en que yo voy a resignificar su idea. Sí o sí es un engranaje de confianza que tenes que tener sino, no lo podrías realizar nunca. Porque aparece la negatividad a flor de piel y si no te entregas a la confianza de tu compañero no avanza la impro. Entonces no podríamos estar haciendo lo que estamos haciendo.
– Es decir, no estigmatizamos los aspectos negativos del compañero.
Camilo: Exactamente! Avanzar en conjunto. Somos un grupo muy solidario nosotros.
Claudio: Es en parte conocerse y estar transitando un camino verdadero, la confianza se va construyendo a partir de que lo que aportamos, es real, auténtico.
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En definitiva, se trata de hacer un teatro más natural, adaptarlo a la realidad, al idioma, y romper un poco con la idea de que el teatro es algo fijo, en lo que todo está pensado y al que no puede acceder cualquier persona. Y tiene la ventaja añadida de lograr que los espectadores, al hacerlos participar, sean también, en cierta medida, creadores.
Agradecimientos: Lorena Lopes y Patricia Davis
Título: Frase de Constantin Stanislawski.








