Reseña: “FELIZ FELIZ CUMPLEAÑOS”

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LA LEVE GOTA DE ROCÍO QUE SURCA EL MUNDO

Por Javier Martínez Ramacciotti

 

– Sobre Feliz Feliz Cumpleaños (Llantodemudo Ediciones, Colección Bonzo, 2014) de Rocío Pavetti

“Oscuro es todo esto; pero a veces cantamos, en la noche,
para robar la llama a un remoto paraíso”
Gianuzzi

¿Puede lo leve violentar la tierra?

De nuevo: ¿Puede lo leve rozar la tierra y hacerle un surco del que nacerá un mundo nuevo? Voy a decir aquí y ahora que sí, que puede, y no porque esté seguro desde siempre, sino porque acabo de cerrar el poemario de Pavetti y algo como una grieta se pasea transversal por toda la superficie del planeta. Algo chilla. Algo nace. Alguien lo festeja. Alguien escribe ese festejo obsesivamente, como un ritual, como una fiesta, como un poema. Alguien, Pavetti, lo hace, y nosotros con ella. No se puede ser inmune a las fiestas de lo nuevo; de esto sí estoy seguro desde siempre.
“Feliz Feliz Cumpleaños” es un título sencillo pero también extraño. ¿Qué hace esa reduplicación del deseo de felicidad ahí, esa repetición golosa del anhelo de dicha? Todo título es provisorio y contingente hasta que deja de serlo. Es decir, hasta que cristaliza una imagen fugaz del movimiento del libro- como la fotografía de un bailarín al costado de un acantilado- y ya no podría no ser sino ese que es, ese que habrá sido desde hace mucho, antes incluso que la primera letra apareciendo sobre la superficie lechosa de la hoja o la página de Word. Es el caso: Feliz Feliz Cumpleaños exhibe una paradoja que atraviesa todo el libro y le confiere su movimiento, su cinemática, su coreografía- una paradoja no es del orden estático de la aporía sino el gesto del comienzo de un movimiento singular-. En cada poema, y en el ensamblaje de todos ellos, se trata de festejar lo nuevo, lo inédito, lo que viene de lejos como todo nacimiento, pero se trata de festejarlo otra vez, repetición que ya se encuentra en el “feliz cumpleaños”, y que el agregado de un segundo “feliz” pone estelarmente de manifiesto. Una escritura de celebraciones continuas que nos convence que igual de ininterrumpidas son las emergencias de pequeñas vidas inéditas, de diminutos fragmentos de vidas sin patrón de equivalencia, singularidades que vienen al mundo para ensanchar su hábitat, alegrías y tristezas (pero más alegrías que tristezas) que reparten nuevamente el juego del glosario afectivo obligándonos a bautizar eso que (nos) sucede como por primera vez, aunque sea lo más común y ordinario, pero será ahora lo común y lo ordinario puestos en sintonía con el canto y, así, celebrados, o dicho de otro modo, aplaudidos. Los poemas de Pavetti aplauden, son ritmo consagratorio que hacen de este mundo un templo para rezar a este mundo pidiendo interceda por este mundo, que sea más mundo y menos desierto.

De nuevo: ¿puede lo leve violentar la tierra? Sí, y del surco nacerá un nuevo tiempo y otra geografía: el tiempo de la inocencia y los lugares adyacentes al mundo. Incluso cuando los poemas se dirijan a un “Tú”, el interlocutor privilegiado de los mismos es esa zona de la inocencia –el tiempo en que eras sólo hijo, escribe-, un tiempo del mundo maleable y deseable –el mundo algodonado-, un tiempo anterior que no es cronológico sino fábula que habilita y recomienza el asombro y la maravilla, es decir, las disposiciones afectivas propias para ser hospitalario con lo nuevo que viene de lejos, otra vez, cada vez- y desde aquí se pueden leer esos acertados juegos verbales entre futuros que parecen ya haber pasado, o pasados que están por pasar: en todo caso, el presente como ese punto provisorio, el mundo del mientras tanto, entre lo que puede ocurrir o no-. De modo simétrico al tratamiento de otra temporalidad, los poemas trazan una geografía imaginaria que continúa y despliega la vía torcida del tiempo de la inocencia: hay un privilegio de los lugares botánicos, los elementos del jardín, las plantas, el patio, como espacios al costado de la historia, o del día a día, como adyacencias- ni totalmente adentro ni afuera- de la burocracia del mundo que salvaguardan la potencia de lo salvaje –lo brillante saliendo del suelo-. La escritura de Pavetti se mueve atenta y obsesiva en el intento de rescatar y exponer los indicios y resquicios por los que asoman las cabezas ese tiempo de la inocencia y ese lugar adyacente al mundo: toda una historia y una geografía fabulada para acoger amorosamente lo que no sabría nacer de otro modo, porque como sabemos el amor no sucede en este mundo sino que le sucede al mundo.

Vamos de nuevo: ¿puede lo leve violentar la tierra? Pavetti escribe- y yo acá también, la crítica como continuación del poema por otros medios-: “para poder decirle y que me creyera que hoy también es un día lindo y que mañana nos espera todavía lo brillante” ¿No es sencillamente genial este propósito en su radical humildad, en su vitalidad desesperada, en su entrega sin concesiones a un profetismo que de nada está seguro salvo que no vale la pena andar de a varios sino porque aún nos espera alguna luz en algún lado, tenue, débil, mortal, como cada uno de nosotros, pero insistente, terca, obstinada, sobreviviente, también como cada uno de nosotros en nuestros mejores momentos? Preparase, encontrar las palabras y las imágenes para lograr infundir esa creencia- que no deja de ser nunca una “fe opaca”, sin dogma- me parece algo como la dirección e(ste)tica del poemario.

Entonces, una última vez: ¿puede lo leve violentar la tierra? ¿puede una gota de rocío rozar la tierra y hacer un surco del que nacerá un mundo delicado? Estos poemas son esa levedad, esas sutiles gotas de rocío, que hacen colisión con lo pesado de los días, de las biografías, del neón y la rutina, dejando una estela de partículas brillantes por las que deslizarnos a una nueva mañana que aún está por despuntar. Y nada de eso es sencillo; nada más difícil que habitar este mundo con levedad, delicadamente, con un infinito decoro hacia los matices de las cosas. Pero nada más necesario. Nada más urgente.
Vivir, entonces, en los tiempos de la inocencia y en las zonas adyacentes, y hablar con la lengua que hablan los aún no nacidos. Y entonces sí celebrar, ahora, con total seguridad poética, que lo leve puede violentar la tierra. Al menos algunas veces; al menos en estas páginas.

Festejemos. Oscuro es todo esto pero alguien canta por nosotros. Nada más necesario. Nada más urgente. Nada más hermoso.

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+ acerca de Javier Martínez Ramacciotti:
Nació en Córdoba, 1985. Participó de las antologías de jóvenes narradores Es lo que hay y Los nuevos, ambas editadas por Babel, y de Dieciocho. Antología de poetas hombres de Córdoba (Tinta de Negro Ediciones). Ganó el Primer premio del Concurso Literario El Banquete 2011 y fue seleccionado también con el primer premio del II Concurso Nacional de Poesía “Taller Latinoamericano de Poesía Fundación Pablo Neruda 2012” Publicó: Fondo Blanco (Alción, 2011), Papá-Oso (La Sofía Cartonera, 2013) y Alto Mediodía (Llanto de Mudo, 2014) y participó de los libros colectivos de ensayos: La Obstinación de la escritura (Postales Japonesas, 2013) y Violencia y Método. De lecturas y críticas (Letranómada, 2014). Es editor de la Revista Digital Caja Muda: www.revistacajamuda.com.ar

Libro: “Feliz Feliz Cumpleaños”
Autor: Rocóo Pavetti
Editorial: Llantodemudo – Colección Bonzo – 2014

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