«DERRAME FANTASMAGÓRICO»
Por Carlos M. Díaz
Fotos: Luciana Macagno Grifasi
Recorriendo la vieja Escuela Lino E. Spilimbergo, en el marco de la Muestra Internacional de Arte Contemporáneo AFUERA! Organizado por el CCEC, colisionabas con una instalación sonora, que literalmente sacudía tus sentidos. Un patio “vacio” al que Yamil Burguener le dio vida convocando a los fantasmas del pasado para que lo vuelvan a habitar durante los 17 días que duraría la muestra.
Un “derrame sonoro” que día a día se iba retroalimentando con el sonido ambiente que se articulaba desde la interacción de los visitantes mediante un obturador sonoro que capturaba una “foto sonora” del lugar, y luego, ese mismo sonido de la interacción empezaba a formar parte también de lo que se podía escuchar en el ambiente.
Una definición muy técnica para quienes no estamos acostumbrados al concepto de “arte sonoro”…. ¿ARTE SONORO?
¿Arte?, todavía no puedo digerir a Marcel Duchamp exhibiendo un urinario en un museo, y este concepto de «re-contextualización» demasiado contemporánea.
¿Sonoro?, pero lo que vimos y escuchamos no era música!! ¿Y la melodía, la armonía, el ritmo? ¿Quién mato a Las Musas?
Si SPILL OVER BER se puede considerar una obra de arte, la instalación debería simplemente expresar ideas a través del sonido… ¿Pero cuáles? ¿Cómo? ¿Porqué?
Demasiadas preguntas, demasiados interrogantes… Fuimos a la fuente y hablamos con él.
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– Para facilitar la comprensión a todos aquellos que viven ajenos a estos movimientos, ¿Cómo definirías tu trabajo?
Realmente es necesario que esté mejor definido. Recuerdo una vez que quise blanquear mi actividad y fui a AFIP para averiguar sobre el Monotributo de Trabajador Independiente, me dieron la lista en donde incluían una serie de oficios y actividades totalmente dignas que podían adquirirlo. En la lista aparecían: cocinero, pescadores, calesita, profesores particulares, leñadores, changadores, enfermeros, etc., etc. Pero las palabras compositor o artista estaban ausentes. Lo más parecido a compositor era… costurero. Imagínense. Aún se puede consultar esta lista, inclusive por Internet.
Volviendo a la pregunta, defino mi trabajo como de artista multimedia. Enfoco mi actividad hacia lo que se suele denominar nuevos medios. Mejor estaría definirlo como artes mediales, en donde combino primordialmente la composición sonora, la multimedia, y la interactividad. Me gusta ampliar los recursos estéticos y técnicos desde la utilización de variadas interfaces físicas y la programación de algoritmos.
– ¿Qué ha cambiado en la creación sonora con la incorporación de medios tecnológicos, desde que comenzaste a relacionarte profesionalmente con el sonido?
Sobre todo lo relacionado con la interactividad. La intensidad y adrenalina que causa que un cierto discurso vaya desarrollándose más allá del creador. Hacer trabajos para nada cerrados, en donde se necesita la intervención de terceros, ajenos a mí, para construir, modificar y, en el mejor de los casos, completar la obra. Es así. Me llama mucho la atención la inclusión de procesos inteligentes, interactivos, generativos en las prácticas artísticas.
– ¿En qué medida arte, ciencia y nuevas tecnologías contribuyen a esta una nueva estética?
Hay nuevas estéticas, seguro. Algunas muy interesantes y que antes no podrían haberse abordado sin el crecimiento de estas tres partes. Pero hay que tener mucho cuidado en no fascinarse con la nueva tecnología de turno. Tratemos de no dejarnos engañar. ¿Podríamos confundir las funciones geniales de un nuevo lavarropas, con alguna instalación generativa inmesiva que nos de vuelta la cabeza? Hoy en día nos puede pasar, y en este punto me inclino y elijo radicalmente los objetos o artefactos funcionales que carguen con un cierto vuelo artístico, por sobre las obras de arte abarrotadas de tanta ciencia y tecnología.
– ¿Tu trabajo presupone una constante investigación sonora?
Claro que si, una investigación de los medios en donde por lo general priorizo lo sonoro. En lo sonoro, hay gente que investiga escuchando un montón de música, convirtiéndose en bibliotecas andantes. Otros prefieren analizar alguna obra puntual y se quedan hasta meses, allí, adentro de algún gesto sonoro, focalizando con la lupa. Ni tan minucioso ni abarcativo, yo trato de pasar por el medio de ellos.
– Ante cada nuevo proyecto que emprendes, como lo afrontas ¿Cómo describirías el proceso creativo, y cuáles son los objetivos como creador?
Me encanta emprender un nuevo proyecto. La hoja en blanco, mejor dicho, la pantalla en blanco. El momento de enfrentar ideas, motivaciones, convertirlos en materiales, descartar algunos, elegir otros, y reflexionar mucho sobre lo que se está queriendo hacer y decir. A todo esto no me gusta tomármelo a la ligera, sobre todo si trabajo en muchos proyectos a la vez, lo que es habitual en mi. Y en este punto es importante que los proyectos no se contaminen entre sí. Algunos se resuelven rápido, otros tienen un crecimiento lento de años. Un amigo me decía que yo no era de los que investigaban en google antes de hacer un nuevo proyecto. De ver lo que estaba pasando por allí en el entorno, afuera. Según él, investigo pero para adentro. ¿Me verá como una especie de monje entonces?. Creo que hay que observar en ambas direcciones. Pero concretar un proyecto es lo que da más placer. Es una de mis objetivos principales. Verlo ahí terminado, imperfecto, fuera de mi.
– ¿Compones tu trabajo pensando en la experiencia del oyente/espectador?. En este sentido, ¿Qué le pedirías al supuesto «oyente/espectador ideal»?
Esto me recuerdo a un mecanismo extraño y solitario que tengo para degustar mis propios trabajos. Me gusta verlos (o escucharlos según fuere) como si lo estuviera viviendo otra persona puntual ajena a mi. Algún elegido. Ponerme en la situación de esa persona, y entonces prestar atención a ciertas cualidades o defectos de la obra. Esta experiencia que yo me invento me ayuda a desglosar e inmiscuirme entre las capas de mis trabajos, que de otra forma no logro observar. Claro que me gusta volver real esta práctica y compartirla con algunos oyentes o espectadores, aunque sea para mejorar, a la larga, este mecanismo extraño de degustación… de monje.
El oyente/espectador ideal sería aquel que genera naturalmente una experiencia personal. Eso ya denota desde él algún tipo de interés. Ver la forma de trasmitirlo o devolverlo es algo secundario que solo lo exijo un poco en mi entorno cercano.
– ¿Cómo describirías al ruido en tu trabajo?
Según. A veces como una interferencia que hay que tratar de eliminarla. Otras, como un elemento lioso que hay que saber incluirlo en el discurso. Lo que sucede es que ruido (en lo sonoro) tiene un espectro complejo en donde no se puede discriminar que frecuencias están en juego.
– ¿Cómo se compone de tal modo que los sonidos y el silencio armonicen en una instalación?
Bueno, el silencio es parte de la paleta del artista sonoro. Es un “color” más que está muy bueno saber usarlo. Sé que a veces causa un poco de pánico o vergüenza trabajar con silencios, como si se tratara de desnudos. Es más fácil siempre subir el volumen y la intensidad
– ¿Cómo solventas tu trabajo?, no es barato acceder a la tecnología.
Y, cociendo me iría mejor capaz.
En nuestra realidad, parece ser que no somos necesarios, así que se complica el punto de solventarnos. Un amigo me hacia un chiste bastante ácido. Me ponía en alguna situación extrema, por ejemplo, el avión que se va en picada, o la isla que se hunde, (o cualquier cosa que descienda dramáticamente) entonces alguien gritaba desesperadamente: – ¡Por favor! ¡¿Hay algún compositor entre ustedes?!
Hablando en serio, hoy en día las computadoras son bastante accesibles y con una de ellas se puede hacer bastante. Por ejemplo, hacer música electrónica es más barato que tener una banda acústica. Sobre todo si pensamos en la producción de un LP. En las artes mediales es más complicado, porque la tecnología que suele utilizarse es más compleja. De todas formas, si se obtiene algún subsidio, de los pocos que andan dando vuelta, es una gran ayuda, pero siempre, siempre vamos a tener que estar trabajando en otra cosa, salvo que seas algún elegido de turno, o bueno en la lotería o con las herencias.
– ¿Cómo todos estos elementos se conjugaron en tu historia personal y profesional?
Esto me hace pensar en la tecnología y en el arte y de cómo me fui acercando a ellos. Fue un continuo vaivén. De chico, además de estar trepado a los árboles, me gustaba programar juegos electrónicos protagonizados por mis propios amigos. Tuve la suerte de que a los 10 años, en los años 80, uno de mis hermanos mayores me enseñara a programar. El arte vino unos años después. Y a los 15 años, armar bandas de rock hizo que me olvidara de mis algoritmos. Pero llego la universidad. Y el arte, al parecer, no era profesión bien vista. Así que empecé a estudiar Ingeniería en Sistemas. Le saque el polvo a mis algoritmos y los empecé a mezclar con empresas y cosas que no eran tan divertidas como los juegos de años atrás. Así que luego de unos años, abandoné casi con odio la computadora y me metí de lleno con el arte. Terminé una licenciatura, música para orquesta y muchos pentagramas, y a fines de los 90 con la aparición de computadoras que podías procesar en tiempo real tanta información, recién pude empezar a conciliar estas dos fascinaciones mías. Esto me llevó a unir algoritmos y prácticas artísticas, en lo personal y en lo profesional. Y aquí estoy.
– ¿Cuáles son las satisfacciones que te produce tu trabajo, para que le dediques todo tu tiempo?
Creo que uno le dedica mucho tiempo porque de otra manera no obtiene un resultado coherente, creíble. Las satisfacciones, en mi caso, no van por el lado de los aplausos. Más bien por una necesidad personal de lograr, aunque sea por momentos, convivir en y con el caos, y sentir allí cierto equilibrio.
– ¿Desde cuándo te consideras un artista?
Hace mucho. Desde que me di cuenta de que ser un artista no significaba ser un buen artista o uno malo. La necesidad de dedicarme y estar al servicio de lo hermosamente inútil.
– Después de todo lo que hablamos… ¿Cuál sería la frase más correcta para que acompañe tu trabajo, “arte con sonidos”, o es “es arte que emite sonidos”?
Prácticas artísticas con sonidos. Un montón de cosas mías en donde el sonido suele adquirir un papel fundamental. Es muy aprovechable para el arte la capacidad de abstracción que tiene lo sonoro, y sobre todo cuando uno aprende a escuchar más allá de lo causal y lo semántico. Me refiero a la Escucha Reducida de Schaeffer – Husserl, donde uno presta atención a los atributos internos del sonido.
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+ Información:
http://www.yamilburguener.com.ar








