ENTRE PALABRAS Y COMETAS
Editorial Nudista presenta su nueva publicación de poesía: el “libro interestelar” Newton y yo de Marcelo Daniel Díaz. En él, el autor juega con las distancias y –acortando los tiempos- unifica con el diálogo producido entre ciencia ficción y paisaje cotidiano, el mundo del yo y el universo que lo abriga.
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– Newton y yo, desde el título plantea una relación de manera indirecta, entre uno y el universo, sujeto y cosmos. La conjunción de estas dos perspectivas –macro y micro-, ¿fue el punto de partida para la escritura o confluyó en la propia experiencia creativa?
La relación entre el micro y el macrocosmos es el punto de partida. Me obsesiona la idea de serie por más que después asuma caminos imprevistos. En principio a la hora de escribir pensé en utilizar procedimientos que distanciaran la mirada del poeta del mundo pero que a la vez construyeran un testimonio de una experiencia íntima y personal. La idea de primeras era concebir a la lengua como un espejo-puente de lo real. Luego vendrían otras direcciones de la palabra hacia otras zonas del mundo que exigen mayor complejidad en materia de lecturas. Pero esas direcciones fueron apareciendo solas. También me gustan ciertas dicotomías como la invención y la pérdida de sentidos, las figuras del imaginario popular combinadas con una óptica personal, lo urbano y lo rural. Es raro, porque después de pensar en el título se me aparecieron una serie de nombres de obras: Velcro y yo de Martín Rejtman o Arturo y yo referida al mismo Carrera. Y eso me gustó. Jugar con la tradición. Recuperar obras que funcionan en la enciclopedia de todo lector.
– La nostalgia, ¿es una suerte de faro en tu labor literaria?
Sí. Pero no sé si es el tópico. A veces la nostalgia tiene una presencia casi accidental y se apropia de un estado por completo en algunos poemas, aunque no todos los poemas se agotan en esa experiencia. Es un punto de partida, no el único. Otra opción puede ser comenzar por algunas preguntas del tipo cómo abordar la relación entre el lenguaje y el mundo, cómo la experiencia personal se transforma en lenguaje, cómo terminamos solos en la tierra, cómo recordamos lo que nos es significativo o cómo se destruye una familia del mismo modo en que colisionan los planetas… y así.
– En tu recorrido literario, ¿Cómo es el devenir que marca zonas de pulsiones a la hora de escribir?
Trabajo desde mis lecturas. En todo momento busco una serie. La serie juega con una doble relación; de repetición por un lado y de infinito por el otro. Un doble juego entre la noción de la obra como texto cerrado y la noción de la obra como una realidad que llama a una apertura continúa. Empiezo por un procedimiento y en relación al mismo quiero encontrar una serie que sirva para articular todo el conjunto de textos que tengo pensado escribir de antemano. En un principio todo es espontáneo, después comienzo a revisar los textos hasta lograr una versión definitiva. Me interesa tener algunas interpretaciones diferentes de lectores que provienen de realidades inconmensurables y busco integrar la lectura que nace del sentido común con la de un lector con un ojo más crítico en un sentido formal.
– Hace poco realizaste una clínica de escritura, ¿cómo fue esa experiencia?
Me gustó. Es simple, casi siempre trato de ubicarme en la posición de oyente en los lugares en los que estoy. Y tuve la suerte de participar de una clínica con Alejo Carbonell, María Teresa Andruetto y Silvio Mattoni que disfruté mucho. Entiendo que en cada caso he aprendido desde los textos que puedan ser recomendados hasta las observaciones de estilo más minuciosas en una obra. Y hay otra cuestión más personal, antes de llegar al Chateau ya había leído textos de cada uno de ellos hacía tiempo y tuve que contener mi emoción. Me costaba creer que hablaba con Andruetto, Mattoni y Carbonell. Incluso ahora si lo escribo es como en un sueño. Es cierto que uno trabaja con textos, con el lenguaje, pero conocer a los escritores que uno aprecia y admira por sus obras le agrega más significación al encuentro con la literatura.
– La pareja perfecta retratada en tu nuevo libro está conformada por la ciencia ficción y la cotidianeidad, ¿enlazando estas miradas emergen otros sentidos?
Gracias por lo de pareja perfecta. El desafío fue tomar elementos de un género literario que ha ocupado una posición periférica en la literatura como el de la ciencia ficción y ver cómo funcionan en la poesía. Me gustaría escuchar otras lecturas desinteresadas. Eso, de seguro, abriría otras miradas.
– Decís que “la literatura sirve para construir puentes sobre el vacío de las cosas, o para unirnos en una historia más o menos común, por breve que sea”; ¿qué puentes tiende Newton y yo, cuál es la historia (en) común que (nos) engendra?
Pienso en aquellas figuras de la cultura de masas, por ejemplo los superhéroes, como Superman o Linterna verde. Creo que muchas generaciones hemos crecido a la luz o a la sombra de figuras como esas y que por el simple hecho de colocarlas en un verso ya construyen un puente generacional, ya significan en una dirección. Soy profesor en Letras en el nivel medio, algunos textos los han leído mis alumnos y ellos se han identificado a pesar de la diferencia de edad. A mí me sucede que me emocionan los Batipoemas de Osvaldo Bossi, por ejemplo. O sino pienso en Sueño americano de María Teresa Andruetto donde Patti Smith (rodeada de una constelación de elementos que atraviesan una generación) también tiende puentes con escritores y lectores de mi edad y más jóvenes. Además hay temas recurrentes. Creo que los años 90 brillan por sí mismos, una vez un personaje de Edward Norton dijo “somos una generación de hijos únicos criados por madres solteras” y yo pensé: esta frase lo explica todo, absolutamente toda mi experiencia en la adolescencia puede ser ese verso. En Newton y yo trabajé con frases así que resolvieran situaciones formales más complejas. Sentencias que nos recuerdan que estamos solos en el medio del cosmos y que edificar sentidos no es una tarea sencilla. La literatura dispone de su propio magnetismo y Newton y yo creo que, como texto literario, lo tiene porque llama a diferentes generaciones por temas y experiencias comunes.
– ¿Por qué escribir poesía?
No creo mucho en la trascendencia de la poesía, pero si no escribiera las cosas tendrían menos sentido. ¿Por qué escribir? Hay una idea que postula Andruetto que me gusta mucho: “escribir para que lo escrito sea abrigo”. Creo que la poesía nos abriga y nos protege de cierto nihilismo a nuestro alrededor como el del personaje de La historia sin fin, por lo menos es mi creencia. La poesía también le devuelve a la realidad su esplendor, abre grietas y disloca el lenguaje. Escribir porque es necesario decir el mundo, por pequeño y minúsculo que sea, de una manera diferente. Lo que cuenta Fabián Casas cuando empezó a escribir en soledad El Salmón durante un invierno muy frío en el hogar de Juan Desiderio al resguardo de un pequeño rayo de luz me parece que dibuja una respuesta.
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Presentación: Viernes 19 de Agosto — 19:30 hs.
Lugar: Centro Cultural Mascaviento (Av. Marconi 727 – Ciudad de Río Cuarto)








