EL DIRECTOR QUE PROBÓ LAS CEREZAS DE LA MUERTE
Existe una película japonesa llamada Battle Royale donde unos estudiantes se matan en una isla con el aval del estado. La experiencia se resume al estupor sanguinario porque Japón conquistó el imperio del morbo. Nadie reincide en la esperanza después de ver pornografía japonesa. Años más tarde, llega una película berreta titulada La Muerte en Vivo. Usaba el reality como materia prima y los participantes jugaban a la ruleta rusa. El suspenso de su megaobviedad explotaba con su tono culposo de denuncia. Mucho antes, The Truman Show se catapultaba como la película más festiva sobre realitys show, mientras que El Señor de las Moscas ya era un ícono de nenes locos.
Los Juegos del Hambre es el proceso químico de estas referencias. Un sintético para la multiplicación sensorial.
Primera trampa: Gary Ross filma esta distopía con una fe impasible. Su confianza por un futuro así es tal que ni se molesta en darle al espectador un mapa. El tejido social y el despelote geopolítico se revelan periféricamente, otorgándole a los detalles una importancia suprema. Discreción narrativa que favorece el diseño artístico; lo que calla el director lo susurra el director de arte. Nobleza cinematográfica pura.
Sin ansiedad explicativa, la narración se arquea en el lugar apropiado: Jennifer Lawrence, la chica que va al matadero. Segunda trampa que acaba fulminándote: seguimos las peripecias de esta piba y la adoptamos porque se caracteriza con carisma y prolijidad. Uno termina convirtiéndose en espectador al cuadrado: de la película de Jennifer y del show con Jennifer.
Con esta subtrama, Los Juegos del Hambre encuentra un combo para el adolescente estúpido y el cinéfilo no tan estúpido: una competencia de chicos asesinos que espectacularizada habilita una serie de lecturas que a Guy Debord le daría taquicardia.
Todo show necesita re-presentación, pero este show rompe esa regla o más bien la contradice: acá la muerte se presenta. Los participantes sufren esquizofrenia ante la conciencia televisiva y el instinto de supervivencia. Ficción y realidad se desdibujan y el mérito de Ross es desdibujar esta misma idea, olvidar que trabaja ese concepto.
Llega un punto en el que jamás detectamos la cuota actoral que los participantes aplican frente a las cámaras, qué sienten o qué fingen. Ni siquiera entendemos qué sienten los realizadores del evento ante esos giros inesperados que levantan la audiencia. La ambigüedad es la última droga que dosifica el director, logrando un happy ending perverso. El plano/epílogo, sintético y contundente, contamina la película de replanteos.
Agridulce victoria del espectáculo, tanto de la película como del show.
Calificación: 9,5 morenaux
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Título: Los Juegos del Hambre
Título original: The Hunger Games
Año: 2012
País: EEUU
Duración: 142 minutos
Dirección: Gary Ross
Guión: Gary Ross, Suzanne Collins, Billy Ray (basada en la novela de Suzanne Collins)
Producción: Robin Bissell, Suzanne Collins, Chantal Feghali. Nina Jacobson. Jon Kilik, Aldric La’auli Porter, Louise Rosner, Bryan Unkeless
Intérpretes: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Elizabeth Banks, Willow Shields, Paula Malcomson, Woody Harrelson, Stanley Tucci, Donald Sutherland
Dirección de Fotografía: Tom Stern
Dirección de Arte: John Collins, Robert Fechtman, Paul Richards
Sonido: Lon Bender
Música: T-Bone Burnett, James Newton Howard
Montaje: Stephen Mirrione, Juliette Welfling








Acabo de chequear que van a hacer una secuela de esta película.
Noticia nefasta: arruina su final poderoso e incierto, que ahora resulta ser la apertura a nuevos productos de progresivo deterioro artístico.
De haberlo sabido antes, bajaba la nota a 8 morenaux.
¿ Las cerezas de la muerte ?
Sin duda alguna, las cerezas son una de las frutas más versátiles: se pueden comer crudas, cocinarse, hornearse, e incluso utilizarse en ciertos tipos de licor. Pero a pesar de contar con todas estas maravillas, son sumamente tóxicas. Si alguna vez has masticado o conservado su semilla en tu boca, estás introduciendo cianuro de hidrógeno en tu organismo. Si una semilla de cereza es masticada, aplastada, molida o dañada, automáticamente produce esta toxina. Los síntomas de un leve envenenamiento incluyen dolor de cabeza, mareos, confusión, ansiedad y vómito. Una mayor ingesta puede provocar cambios en el ritmo cardiaco y en la presión sanguínea, y daños al riñón. Si no se atiende a tiempo puede provocar convulsiones, coma y muerte por paro respiratorio.
O lo decis por Jennifer Lawrence que es un carocito, ¿ no ?
Cristina! Vi la película en una función de prensa y fui crudo, sin chequear nada.
Después me quedé pensando y me llamó la atención que Hollywood se anime a un final así. Googleé y claro… trilogía.
Ruego que mantengan el nivel y no harrypottisen la saga. El director de entrada era un tipo sin grandes películas, pero acá se pasó.
Hasta temo que a la tercera parte la partan en dos.
Martín! Otro carocito es Josh Hutcherson, no excluyamos géneros 😉