Reseña: “EL ÁRBOL DE LOS REFLEJOS”

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VIAJE GENEALÓGICO

Por Cuqui

Mariana Robles en su segundo libro, El árbol de los reflejos (con el que obtuvo una mención en el Premio Provincia de Córdoba 2012), dice El padre de mi padre, y con ese gesto se retrotrae al pasado, “en tiempos en que”, y no al ahora sintético: “mi abuelo”. Como En la precaria y bella casa de mi infancia, es el “érase una vez”, quizás contando la historia a su pequeño hijo Valentino e incluso a sí misma. El paisaje que ella ve por la ventanilla cuando viaja por las Altas Cumbres es el mismo que veía su abuela paterna, la imagen que las une ahora es como el placar que refleja a la que es hoy y fue ayer a la vez. Se viaja en el tiempo con una imagen, ambas épocas convergen en ese punto y están vivas: a través de la persona que mira y la otra callada en lo que quedó guardado, o ambas vivas en dos dimensiones distintas.

Durante la contemplación se quiere encontrar en los seres nuevos a los viejos integrantes de la familia, para que sigan viviendo de algún modo. ¿Cuán menos es la nueva persona ella misma por ser una suma de partes anteriores y cuánto es más amada por eso?.
El tiempo es ahora, Mariana Robles vive el presente como un monje zen o Boris Pahor, que así lo hizo en un campo de concentración nazi para poder sobrevivir, y ha vuelto a sus recuerdos a través de la escritura. Si Robles es la luz de su árbol genealógico, como le dijo una hechicera, ella es la pieza imprescindible para el eslabón guirnalda (clan/ ADN). Los muertos son inalcanzables con el zoom de la cámara fotográfica, pero no para los que están en la tierra, ya que una vez alcanzados viajan en la luz, como la imagen del Big-bang.

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Libro: El árbol de los reflejos
Autor: Mariana Robles
Editorial Letras y Bibliotecas Córdoba
35 pág.
$25

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