LA GRAN MADRE
Por Cuqui
Verónica Molas es conocida por su extensa labor como periodista de artes visuales. Poco a poco también como curadora. Sin embargo, lo más extraño para los artistas es enterarse de pronto que ella es una colega. El miércoles 11 de junio se inaugurará en la Universidad Blas Pascal una nueva muestra colectiva, «La gran familia», curada por esta periodista multifacética.
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– Decís que dibujabas antes de ingresar al jardín de infantes y luego ¿qué pasó con ese ritmo de producción tan intenso?
Por entonces era muy callada, casi muda. El dibujo huyó de mí, y la pasión fauve me atrapó en la adolescencia. Mi papá me había comprado un caballete, pinturas y pinceles, y tanto a mí como a mi hermana Andrea que ya tocaba la guitarra y cantaba (estábamos en la secundaria), nos hizo un estudio/taller. Muchos años después, el dibujo reflotó de repente. Un gatito que tuvimos un tiempo en casa con Andrea y mi hijo Martín me ayudó a volver. Él se quedó quietito largo tiempo durante una siesta de sol, y entendí que me pedía a gritos que lo dibujara. Lo hice, pero yo de antes venía dibujando sobre objetos, unas cajas, cosas sin forma. Fue en 2008 la explosión y desde entonces, este volcán no se ha detenido.
– ¿Los artistas te tratan como par? ¿Los curadores?
La mayoría de los artistas desconoce esa faceta o me ignoran como tal. Muchos que se van enterando quieren ver, se intrigan por mi dibujo. Los curadores: algunos me convocan a trabajar, por ejemplo Tomás Bondone en 2012 en el Evita; Juan Juares y Luz Novillo me convocaron como artista. Ser curadora fue un devenir y un desafío que me propuso Ana Cecconello de la UBP. Ella creyó en mí. Y luego los demás al ver mi trabajo. Las más de veinte muestras.
– ¿Cómo es tu relación con los artistas cuando estás en rol curadora?
Siempre digo que los artistas son personas. No son ni lunáticos ni dioses. Entonces aparecen miedos, hasta enfermedades, inseguridades, todo eso que tenemos los seres humanos frente a una situación muchas veces estresante (la muestra), a la vez que alegrías, imaginación, y mucha felicidad. Intento llegar a la persona, involucrarla y ver qué pasa. Mi actividad como curadora tiene 100% de riesgo y 100% de confianza. Como en la vida. Me estimula el arte y voy detrás de él.
– De modo constante tenés que entender la labor de los artistas, ¿ellos entienden el trabajo periodístico o hay ignorancia al respecto?
Muy pocas personas deducen que trabajo en una empresa y no en un grupo alternativo o de autogestión, que tengo jefes arriba, que no tomo sola las decisiones aunque luche por muchas de las notas que finalmente salen. Hay una ignorancia total de cómo se producen las noticias, los reportes, las crónicas. Se puede hacer periodismo de arte, claro que sí, y opinar, interpretar, hacer lectura de situación y contexto no me transforma en crítica de arte. El periodista trabaja en su tiempo, es testigo de su época y escribe desde su propia subjetividad siempre.
– Vos sos periodista y vivís del periodismo. La mayor parte de los artistas visuales no viven de la venta de sus obras sino de derivados –dar clases, trabajar en un museo, el diseño gráfico-, ¿hay alguna represalia por esa frustración profesional?
No lo creía así hasta que un artista me lo dijo. Yo le respondí: ser periodista es un trabajo rentado en nuestra cultura y es justo sobre todo si se trabaja para otro, ¡que es una empresa! (igual a lucro, aunque sea también servicio). Si yo trabajo para mí, ahí elijo cómo lo hago, es otra cosa, no se puede equiparar. Los periodistas tenemos gremio para defender nuestros derechos, los artistas no hemos podido organizarnos al respecto, para defender derechos o establecer reglas y que después las respetemos. El del arte es un mundo muy individualista, no hay asociaciones, o muy pocas.
– ¿El ego de los artistas no ha ido destruyendo tu autoestima con el correr del tiempo? ¿No sos distinta ahora a la niña que quería ser periodista a raíz de tener que dejar a todos felices?
No me destruyó el ego, el ego puede ser estimulante y festivo, como un empuje. Aquella niñita sigue ahí, se pone feliz cuando una nota salió bárbara porque así se transforma en un aporte, un puente. Me gusta mucho la diagramación, elegir las fotos cuando puedo. Cuando voy a la redacción, vibro.
– ¿Si el periodismo se trata sólo de informar, qué sería de vos como crítica de arte en una ciudad tan chica?
El periodismo es una forma de ver el mundo, es, desde la simple noticia un recorte, una de las tantas perspectivas posibles, una ventana, por ende, interpreta y toma decisiones desde el vamos, su palabra no es inocente, conduce a un sentido. La crítica es análisis de la obra y además juzga, valora, posiciona. No me identifico, aunque respeto mucho a quienes lo hacen, los admiro, porque es una palabra especializada muy necesaria. Ahí está el espacio para hacerlo, a tomarlo. En mi caso, acompaño, acerco algunas manifestaciones, mi tarea es más humilde, más austera. Si yo hiciera crítica de arte probablemente ya estaría muerta, ya hubiera sido apuñalada. ¡No es broma! No me atrae el hardcore. Si a veces una simple nota despierta celos y violencia física en un tercero que nada tiene que ver con el beneficiado por esa nota, no puedo imaginar lo que produciría una crítica negativa sobre una obra.
– ¿Qué les duele más a los artistas: una reseña no exacta, una reseña que “hable mal” o no ser mencionados?
Todo eso duele, y es lógico. Pero también puede doler una lectura de la situación que el que escribe considera correcta, que deba ser tenida en cuenta. Recuerdo que Marta Minujín se enojó mucho conmigo en 1998 cuando vino a Córdoba. Entonces fue blanco de unas de mis escasísimas críticas, y fui muy dura (traté de rebaño de ovejas a su público). Por suerte lo olvidó y volví a entrevistarla, pude reencontrarme con su obra desde un lugar de mayor consideración ante una persona de importancia histórica para las artes visuales a nivel internacional. Aunque haya señalado algo que creía certero, después me retiré de ese lugar de crítica definitivamente. A veces está bueno poder ejercerlo, pero muchas otras sólo hace daño. Gabriel Gutnisky dice “la palabra duele”, es muy cierto.
– ¿Qué te lleva a reseñar una muestra y no otra?
Muchas veces pienso, cuando propongo y no sólo obedezco órdenes, esto debe ser tenido en cuenta por tal y tal cosa, considero los aportes, el riesgo, observo la trayectoria para dar una idea de proyecto del artista. Lo que aún no ha sido tenido en cuenta siempre me llama la atención, salir de los lugares comunes. Voy a decir algo a mi favor: conocí la obra de Adriana Bustos en Casa 13 cuando nadie sabía quién era ella, y cuando aún ni ella sabía adónde llegaría (todavía conservo las hostias de su instalación), es decir, antes de que tuviera premios, becas y que sea tan reconocida, yo le hice una nota. ¿Intuición? También. Y desprejuicio.
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Muestra. La Gran Familia
Inauguración: Miércoles 11 de Junio :: 18:30 hs.
Lugar: Campus Universidad Blas Pascal
Exponen: Rosa González, Gerardo Oberto, Victoria Robles, Lorena Díaz, Andrea Rugnone, Diego Galíndez, Luis Bernardi y alumnos de la UBP.
Curaduría: Verónica Molas







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