Reseña: “LOS OJOS DE LOS OTROS”

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UNOS OJOS HUÉRFANOS: HACIA OTRA POLÍTICA DE LA MIRADA

Por Javier Martínez Ramacciotti
Rama

 

 

 

 

-Sobre “Los ojos de los otros” de Julián Fuks (La Sofía Cartonera, Colección Mar de Capitú, 2014) –

Se escribió mucho, demasiado, sobre la relación entre literatura y política; quizá se escribió menos, pero también excesivas páginas, sobre el enlace mirada-real. De lo que quizá no se habló con una frecuencia continuada es sobre lo que acá quisiéramos decir unas palabras, motivados por los dos cuentos de Julián Fuks: la existencia de un paradigma óptico que sobredetermina la relación entre escritura y política. O dicho de otro modo: una determinada imagen de los ojos que atraviesa la escritura y la política como su inconsciente histórico. Ya desde la alegoría de la Caverna de Platón la mirada se constituye en el locus donde se juega la posibilidad de la verdad, la belleza y el bien; es en la recta visión donde la escritura y el pensamiento hallan el fundamento de sus construcciones, pero también asume una operación crucial en la configuración de la cosa común, de La Polis: la alegoría de la caverna aparece justamente en el libro VII de La República, texto en el cual Platón delinea los contornos ideales de La Ciudad. La Mirada adecuada, entonces, funciona como el substrato de garantía del Logos y la Polis: Lenguaje y Política, podríamos decir, entablan su relación originaria- o alguna de ellas- en el medio visual: entre la letra y la ciudad hay unos ojos enlazándolas. Pero no se trataría de cualquier ojo; lo adelantamos: en el inconsciente del enlace escritura-política lo que pulsiona es una imagen de los ojos, El Ojo Demiúrgico, aquel con el que el Demiurgo observa las ideas en el Timeo al momento de generar el universo. ¿Cuál sería la estructura de esta imagen? El Ojo Demiúrgico articula dos vectores: es una mirada desencarnada, objetiva, perfecta, a la altura de La Idea de la cosa y, simultáneamente, es una mirada instituyente, creadora, anterior a lo real y que lo configura; en resumen, es una mirada sin situacionalidad e inmune a lo real, una mirada que coincide, abarca y aplasta lo real. El paradigma óptico que sobredetermina la relación escritura-política reza así: la escritura será tanto más política cuanto más confirme una topología social trazada de antemano, y lo será aún más cuanto la opacidad de la letra no desgarre la luz de la visión en función de la cual una ciudad aparece ordenada y visible, representable. ¿Es posible cortar ese lazo presupuesto entre letra y ciudad, ese lazo en y por el cual ambas instancias se difuminan en su problemática interna en la diáfana escena del Ojo demiúrgico que hace del lenguaje una filigrana transparente y de la ciudad una maqueta de alumno de arquitectura olvidada en una vitrina a resguardo del tiempo, la historia y el conflicto? ¿Es posible una nueva imagen de los ojos, otra política de la mirada? En el intento, no de responder, pero sí de explorar el espacio inaugurado por esas preguntas, se embarcan ambos cuentos de Fuks y encuentran ahí, en esa aventura de fabular una relación inédita para la literatura política, su zona de potencia estética más cargada de porvenir.

En efecto, y sin ánimos de spoilear los argumentos, sino más bien indicar la lógica de esta propuesta de otra política de la mirada, podríamos afirmar que la narrativa de Fuks comienza en el instante preciso donde el sentido se sustrae, pero no según la escenografía heredada en la cual sustraerse es sinónimo de esconderse, de colocarse “detrás”, de volverse invisible; comenzar así sería replicar el presupuesto de La Mirada que veníamos caracterizando, ya que respetaría la distribución arrojada: lo visible es el sentido, el sinsentido es lo invisible. Punto. Pero Fuks elige la guerra de guerrilla, inventar una política de la mirada en el espacio mismo del enemigo: lo que sustrae el sentido es la transparencia y la claridad misma, lo que opaca la mirada no es un acontecimiento obtuso sino un hecho obvio, “a la vista”. La escritura comienza, entonces, en el instante preciso donde una irrupción cualquiera hace visible la propia invisibilidad de lo visible; o dicho de otro modo, cuando la mirada se sabe mirando, cuando interrumpe su soberanía por el asalto de lo real. Ojos situados y segundos, ojos incardinados y activados por la punción de lo singular e imprevisible. Ahora bien, más arriba aclaramos que la sustracción del sentido se genera en el espacio de lo obvio, y en la misma dirección deberíamos resaltar que esta irrupción de lo singular e imprevisible de ningún modo asume las formas “lo extraño”, “lo otro”: nuevamente Fuks elige la táctica entrista, el asalto de lo real coincidirá con la invasión de la realidad, lo singular e imprevisible emergerá del repertorio común de la ciudad o la historia: escribir aquello que de la ciudad/historia, y en la ciudad/historia, hace imposible la clausura y realización de la ciudad/historia. Intervenir lo visible, la ciudad y la historia, ahí el gesto literario de estos cuentos: hacer visible la propia invisibilidad e inconsistencia de la ciudad/historia visible. Y todo ello suspendiendo también la inmunidad del lenguaje, su pulsión escópica-representativa, y asumiendo una materialidad mimética a la altura de la nueva política de la mirada atenta a la impureza de lo visible y la invasión de lo singular-común. Los cuerpos que irrumpen en la escena narrativa son corporalidades tambaleantes, indecisas, inestables, con sacudidas irregulares, y el cuerpo propio de la escritura se contagia de esa rítmica anatómica: la huella de las irrupciones es una coreografía sintáctica, hecha de avances y retrocesos, de agregados y aposiciones en comas, que más que ahondar en la información vertida dan cuenta de un nerviosismo de la letra, la incómoda búsqueda de un lugar para la frase. Hay en ello una política estética de lo mirado, que elude la estrategia de la representación, de la imitación, y asume más bien una mimética erótica- una mímesis al nivel de la piel- una mímesis de la complejidad de lo real: a lo que afecta se responde afectado, a lo que desacomoda se lo narra con una lengua incómoda. Como podemos constatar, estamos ya muy lejos de la imagen de los ojos que sobredeterminaron una relación hegemónica entre escritura-política, ese paradigma óptico para el cual un ojo mira, donde mirar dice confirmar lo que es en tanto que es consistente y que me confirma a su vez como sujeto igual de consistente (y donde el sujeto puede ser el individuo, pero también una ciudad, la historia de un país, el lenguaje mismo). ¿Y si los ojos no miraran? No en el sentido de cerrarlos, de “no querer ver”, sino más radicalmente: ¿y si lo propio de los ojos no fuera mirar? ¿Si lo propio de los ojos fuera, como escribe Fuks, implorar cuando las palabras desaparecen? La escritura de estos cuentos comienzan en el instante mismo en que el sentido se sustrae, formulamos más arriba; podemos ahora ahondar: la escritura de Fuks comienza en el momento crucial donde las palabras y las cosas desaparecen, donde Logos y Polis desaparecen, y los ojos se abren por primera vez no ya para mirar sino para implorar, para suplicar en la vacancia abierta de lo desaparecido algo más radical que su restitución: implorar en esa abertura una nueva imagen y una nueva lengua de lo posible, una imaginación política del porvenir.

¿Es posible una nueva imagen de los ojos, otra política de la mirada? Los cuentos de Fuks nos ofrecen una respuesta tentativa que sin ser absolutamente afirmativa se arriesgan a la intemperie de ofrecer experimentaciones que avanzan pujadas por el optimismo de su posibilidad. Una nueva imagen de los ojos: ojos pobres, deliberadamente pobres, huérfanos de brillo, espera y afecto; ojos singados por la orfandad, ojos que se abren a la desaparición de lo heredado, a sus ruinas, sin ánimo de restituir ni acumular nada, ojos que celebra su altísima pobreza como la chance de mirar en la intemperie, de mirar como por primera vez lo siempre ya visto, restituyéndole su inequivalencia singular, y sin pretender representarlo en un nombre ni en un espacio social, ni en el catálogo de la lengua ni en una cartografía de lo común. Ojos pobres y su ética de afectar y ser afectados por cada pliegue del mundo; ojos mundanos, del mundo (en su doble genitivo). Ojos donde lo propio no sería mirar sino llorar. ¿Cómo escribir una mirada empañada por todas las lágrimas del mundo?

Esa es la política de la mirada de Julián Fuks: una mirada que imprime en nuestras espaldas el peso mayor de la historia y todas las formas menores del terror.

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+ acerca de Javier Martínez Ramacciotti:
Nació en Córdoba, 1985. Participó de las antologías de jóvenes narradores Es lo que hay y Los nuevos, ambas editadas por Babel, y de Dieciocho. Antología de poetas hombres de Córdoba (Tinta de Negro Ediciones). Ganó el Primer premio del Concurso Literario El Banquete 2011 y fue seleccionado también con el primer premio del II Concurso Nacional de Poesía “Taller Latinoamericano de Poesía Fundación Pablo Neruda 2012” Publicó: Fondo Blanco (Alción, 2011), Papá-Oso (La Sofía Cartonera, 2013) y Alto Mediodía (Llanto de Mudo, 2014) y participó de los libros colectivos de ensayos: La Obstinación de la escritura (Postales Japonesas, 2013) y Violencia y Método. De lecturas y críticas (Letranómada, 2014). Es editor de la Revista Digital Caja Muda: www.revistacajamuda.com.ar

Libro: “Los ojos de los otros”
Autor: Julián Fuks
Editorial: La Sofía Cartonera, Colección Mar de Capitú  – 2014

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