Entrevista: RAÚL PERRONE

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ENTRE LOS MOVIMIENTOS DE RAGAZZI
Y EL AMOR INCONDICIONAL AL CINE

Por Valeria Arevalo
vale arevalo

 

 

 

 

El filme “Ragazzi” pasó por la ciudad, su presentación se llevó a cabo en el Cine club Municipal Hugo del Carril, y en el programa Bitácora de Vuelo – Radio charle con Raúl Perrone para adentrarme un poco más en la forma de trabajar del director cinematográfico más independiente del país.

La película se desarrolla en dos movimientos, uno de ellos inspirado libremente en la historia del asesinato de Pier Paolo Pasolini, y el segundo en la vida de unos chicos carreros que habitan en Córdoba. Un hecho que sorprende, dado que su filmografía transcurre en Ituzaingó, Buenos Aires.

En este nuevo film, la película sumerge al espectador en un vuelo poético y estético experimental, a través de características técnicas que le pertenecen al cine mudo, y a las viejas filmaciones en blanco y negro. Una línea que viene desarrollando Raúl Perrone desde “P3ND3JO5”
La narración cinematográfica de Raúl Perrone, demuestra una vez más, que para hacer cine, solo se necesitan buenas ideas.

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– ¿De qué trata “Ragazzi”, tu nueva producción fílmica?

La película tiene dos movimientos, está dividida de esa forma. El primer movimiento es llevado a cabo en Ituzaingo, lugar donde están hechas todas mis películas. Y el segundo en Córdoba, con unos chicos carreros. Quiero mucho a Córdoba y siempre tuve la idea de filmar algo allá, y surgió la posibilidad de hacer esto con estos chicos, y ahí fue.
El primer movimiento de “Ragazzi” está basado en el día que murió Pasolini, pero no desde la mirada de Pasolini, si no desde la mirada del pibe Ragazzi, que estuvo en el momento equivocado, que fue el pibe, al que luego se lo acusó de haberlo matado, es una versión muy personal. No me voy a meter en la historia verdadera de lo que realmente sucedió, porque ese género no me interesa. Es la historia de un pibe como los hay en tantos lados.
El segundo movimiento, es el de estos pibes carreros; de los cuales no me interesaba mostrar su trabajo porque se ha mostrado varias veces en distintas películas del cine argentino, pero si me interesa, esos pibes de 16, 17 años que más allá de laburar, a la tarde se dedican a hacer cosas de chicos, jugar en el río y a pasarla bien, cosas que uno hacía cuando era chico, que se fue perdiendo con el tiempo. En Buenos Aires, ya no se puede ir al río, esta todo contaminado. Antes era todo un plan ir al río (…) eso es un poco “Ragazzi”. Es una licencia poética a un montón de cosas, que está basada en los orígenes del cine mudo, que hablan de una manera que no es la habitual, y con vuelos poéticos como Pasolini y algunos que otros autores.

– ¿Qué intentas manifestar con tus películas?

Nada, simplemente poder dejar un documento de mi época, y que la gente vaya y tenga un viaje sensorial, estético y poético. Después de tantas películas, llevo casi cuarenta y dos, y éstas tres últimas (P3nd3jos, Fábula, y Ragazzi), le brindo un homenaje al cine silente, desde un óptica vanguardista y moderna. Me parece importante que la gente entienda las películas, y más aún que las sienta.

– ¿Cuál es el mayor momento de placer cuando produces tus películas? ¿A qué instancia le das mayor importancia?

Le doy importancia a todo. Las películas tienen tres pasos, cuando las piensas, cuando las filmas y editas, hago todo eso.
Cuando la pienso está todo bien, escribo algunas cositas muy sueltas, básicamente improviso; cuando filmo la paso muy mal porque hay gente, y muchas veces la gente estorba, por eso cada vez trabajo con menos personas y poco tiempo, pero sabiendo lo que se hace. En mis películas cuido mucho la estética (…) y no necesito treinta personas para trabajar, con cuatro personas me arreglo.
En Córdoba éramos seis o siete, porque había gente de allí y estaban ayudando, y era bárbaro, pero cuando filmo en mi ciudad somos tres o cuatro y todos sabemos lo que queremos. En un rodaje cuando se hace con mucho dinero, llevan mucha gente para justificar toda esa guita que se les da, nada más, por que después no tienen ninguna función, están ahí dando vueltas, y a mí eso no me interesa.
Lo que si me interesa es editar, y ahí está el placer. Eso me lleva aproximadamente entre cuatro a cinco meses, es como un laboratorio, dónde puedo inventar, crear, jugar como un pibe, hacer cosas. Esto es lo que verdaderamente me interesa, de ver cómo armo una película, la armo ahí, cuando la edito.
Yo vengo del dibujo y cuando uno dibujaba no necesitaba a nadie, era yo con el personaje que tenía que hacer en la caricatura y nadie más. Estuve muchos años sin hablar y cuando edito me encuentro solo, es un laburo, y edito de cinco de la tarde a cinco de la mañana, es un momento placentero, miró lo que filmé y tomo mate.

– ¿Cuál es tu mirada del cine más masivo, o comercial?

Le preguntaste al tipo equivocado, no veo películas. Ahora estuve con “Ragazzi”, y en los festivales la pasan tres veces, y básicamente voy a una sola función, la del estreno, me ocupa todo el día porque hago notas y a la noche me quedo ahí, presento la película, charlo con la gente y después voy a comer como corresponde y tomar un vino. Después no voy más, no veo películas. No me interesa. Lo único que veo son las películas que ya vi.
En mi casa tengo un micro-cine, y vuelvo a ver películas de los años cincuenta, cuarenta, o treinta. Veo muy poco cine realmente (…)

– ¿Qué les enseñas a tus alumnos en tus talleres?

Les enseño a hacer películas, y que todo lo otro es mentira… la plata. Con plata no se hacen las películas, sino con ideas. Yo no pienso en la plata, y no me sobra, vivo austeramente, y vivo de dar clases, no del cine, y no pido plata, y si hubiera pedido no hubiera hecho tantas películas, porque perdería mucho más tiempo en pedir plata que en hacer las películas.
Tampoco soy un tarado, cuando doy clases gano, cuando mis películas van a Europa gano, tampoco soy Papá Noel. Pero no está en mi esa locura de correr detrás de la plata, porque como no la tengo, no la necesito, y no tengo salir en su búsqueda.

– ¿El ser dibujante te influyó a la hora de hacer cine?

Es todo una misma cosa. A los 17 años hacía películas en un súper ocho, después ya tenía obligaciones familiares y tenía que buscar un laburo porque de eso no vivís. Conseguí trabajo de dibujante que era mi placer, trabajé en El Gráfico, Gol, Tiempo Argentino… tuve una carrera de dibujante muy grande, estuve veinte años dibujando, hacía las editoriales políticas del diario. De esa época tengo siete u ocho libros de dibujo, pero paralelamente a eso, en los ochenta, principio de los noventa, con el VHS comencé otra vez, y ya después no pude parar, hasta el punto que renuncié al diario y me dediqué solo a hacer películas, y fue una decisión muy grosa, porque dejar un laburo rentable con casi los 38 años y con familia, es medio delirante, pero lo hice y no me arrepiento.

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