Crónica: TAN BÍONICA

MATINÉE GLAM

Por Martín Filipic

El furor adolescente copó el Studio Theater, donde Tan Biónica reafirmó la onda expansiva de su boom.

Viernes por la noche en el centro de la ciudad. Recién son las 21 y decenas de quinceañeras producidas como para ir a un boliche (bueno, el Studio Theater lo es), ya esperan ansiosas a la banda de Chano. Hay frivolidad, sí, pero también hay estilo. Un grupo de chicas y chicos se acerca al ingreso y exige que se los deje entrar porque que están en la lista y se presentan: “Somos los Chicos Biónicos”. Una vez que los (pre) adolescentes pasan el último obstáculo nada los detiene en su carrera hacia lo más cerca posible del escenario. No deja de sorprender la escena, así como el lleno total.

Para ablandar la espera, suena The Strokes entre otras bandas, hasta que se escucha Eleanor Rigby de The Beatles y se percibe en el aire cómo millones de flamantes hormonas están por estallar. Finalmente, Tan Biónica sube al escenario y después de un saludo solemne los músicos ocupan sus posiciones; suena Perdida y comienza la fiesta.

El griterío -y la superpoblación de cámaras digitales y/o celulares- hacen que cueste unos segundos fijar la atención en la banda. “Cada noche bailo un ritmo nuevo”, reza la letra de Vidas Perfectas. Termina este tema bien arriba y Chano saluda a su gente: “Es una noche de mucha emoción, dejemos que hable la música”. Sabia decisión la del cantante. El show se basó en el flamante álbum Obsesionario, del que tocaron sus 12 temas. Obviamente uno de los picos enérgicos del show fue cuando sonó su hit del momento, Ella.

Sin embargo, el grupo tiene canciones como para empuñar con firmeza el arma de doble filo que significa “pegar un hit” y no hace falta ser vidente para darse cuenta que la próxima vez que la banda de los hermanos Moreno Charpentier venga a Córdoba, deberán tocar en un lugar más grande.

Musicalmente hablando, la clave de Tan Biónica está en el ritmo, y ahí es donde el baterista, Diego Lichtenstein, se erige como el arquitecto que maneja los tiempos de la banda. Lleva con mucha soltura y oficio los hilos del beat biónico. Sus arreglos y su toque le dan un plus al conjunto sonoro de este grupo que viene pidiendo pista. Obviamente las secuencias y adornos electro también suman a que muchos temas sean una invitación a bailar/saltar, pero la fórmula es esencialmente rítmica.

Uno de los momentos más altos de la noche llega de la mano de Pastillitas del Olvido, que sabe a esa alegre tristeza rioplatense y que inevitablemente remite a la Bersuit. A lo largo de sus historias urbanas -con una buena dosis de reviente- Chano describe sensaciones y situaciones con un relato tan sincero como particular. Sin una gran voz pero con mucho carisma, logra que su mensaje llegue. En vivo, cada uno de sus movimientos y gestos es seguido por el griterío histérico de la masa de teens embelesadas.

La banda se va del escenario. El frontman queda solo con su acústica para el popurrí Ensalada – Amor Clasificado, de Rodrigo. Este cover/homenaje al Potro es frecuente en los shows, y no podía faltar en Córdoba. Después del momento íntimo, el resto de la banda vuelve para redondear el concierto con una seguidilla que incluyó Veneno, Lunita de Tucumán, El Color del Ayer y Chica Biónica.

A esa altura ya no importaba casi nada más, la noche estaba hecha aunque recién eran las once. Como corolario de un show intenso y caluroso, sonó Arruinarse, de Canciones del Huracán (2007), y la Wonderful Noche adolescente glam siguió en diferentes boliches cordobeses (Tan Biónica hizo un mini show más tarde en Cruz). Así las cosas, parece que va a durar mucho la primavera de esta banda singular.

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** Tan Biónica – Obsesionario Tour **
Viernes 20 de Mayo – Studio Theater

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