UN REGRESO IMPOSIBLE -cuando la ficción es el camino-
2008 es el año de publicación de Made in China, un hermoso libro de poemas en el que se presiente un inagotable esfuerzo en trabajar cada frase hasta que pueda ser esa y ninguna otra. Dos años después La Hora de los Monos le devuelve a la narrativa con una serie de cuentos atravesados por eventos extraordinarios -en el sentido menos fantástico del término (como si en “00” hubiera explotado la central en el comienzo del cuento)- y poetizados en el detalle que aleja la imagen de la copia fiel, la singulariza frente a lo cotidiano. Si ya nos habíamos acostumbrado a ese ritmo, esperábamos para el 2012 el nuevo libro de Falco y el fin del mundo, en ese orden. Sin embargo 2011 nos sorprende con la aparición de Cielos de Córdoba que además es su primer nouvelle.
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– ¿Qué nos podés contar de ella? ¿Cómo se gestó el libro? ¿Estabas buscando dentro del género o fue un encuentro fortuito?
“Cielos” tuvo un proceso de gestación bastante largo. Surgió, en primer lugar, como un cuento que se extendió muchísimo, hasta transformarse en una novela larga. La novela tenía problemas, no funcionaba y terminé desechándola. Durante un tiempo quedó ahí, en remojo, hasta que un día me di cuenta de cuál era el problema: sobraban cosas. Entonces recorté, tiré a la basura, reescribí lo que quedó y ahí apareció Cielos de Córdoba en su versión actual.
– Cielos de Córdoba es un título que puede estar señalando un espacio identificable con la nostalgia ¿De qué manera está funcionando en el libro?
No creo que la nostalgia sea necesariamente un componente. Me interesaba explorar Córdoba –ciertas zonas de Córdoba- como un lugar mítico. Sucede todo el tiempo, uno siempre se encuentra a alguien que desea “largar todo” e irse a vivir a las sierras. Hay un mito que tiñe a la zona y la ata a ideas de vida tranquila, de contacto con la naturaleza, de cierto misticismo. Es algo antiguo, que se remonta incluso a los hospitales y clínicas para tuberculosos. Las sierras como un lugar de descanso y sanación. Como lugar, también, para comenzar una nueva vida. Una zona de resarcimiento y segundas oportunidades. Siempre me atrajo este tema y quería escribir sobre personajes embarcados en ese tipo de situaciones. A lo mejor, lo que hay, justamente, es una nostalgia de esa posibilidad, de ese mito.
– Estamos de acuerdo en que un texto no tiene que estar justificado por la biografía del autor; pero ¿Qué tanto se cruza en tu producción en general y en Cielos de Córdoba en particular, realidad y ficción? ¿Hay una voluntad de jugar con los límites?
En general no trabajo con materiales autobiográficos, más allá de que uno siempre toma prestadas ciertas experiencias propias o de amigos y conocidos. Pero las bases y lo que sucede en Cielos de Córdoba no es para nada autobiográfico. En otros textos tal vez me interesa cruzar ciertos límites, entremezclar géneros, formas, sin embargo en Cielos de Córdoba hay pura ficción.
– Algunos encontramos en tus libros, sobre todo en los últimos, una intimidad que se mantiene en y más allá de la voz narradora; lo poco que hasta ahora conocemos de Cielos de Córdoba nos llega a través de la contratapa firmada por Luciano Lamberti que, en medio de otras dos frases potentes escribe: “Una historia de iniciación poética y verdadera”. ¿Encontrás alguna relación en esto? ¿Qué valor le das?
Es cierto que la trama se organiza sobre una historia de iniciación, el resto –lo de “poética” y lo de “verdadera”- corre por cuenta de la generosidad de Lamberti. El núcleo de la historia de Cielos de Córdoba transcurre en el interior de una familia y las relaciones de convivencia, de intimidad máxima y, al mismo tiempo, de máximo distanciamiento, que se dan en los vínculos familiares, eso sí me interesa mucho. Creo que ahí está todo o que casi todo se puede contar desde ese lugar.
– Por otro lado este nuevo libro te encuentra reinstalado en Córdoba y editando desde acá ¿Cómo surge el trabajo con Nudista? ¿Cómo fue el proceso de edición?
Regresé hace poco y, ahí nomás al volver, se cumplió un año del lanzamiento de Nudista. Me asombró ver todo lo que había crecido la editorial en ese tiempo en que no había estado en Córdoba. Parecía ayer cuando Maigua recién comenzaba con la idea y pedía opiniones y sugerencias. Es realmente destacable el trabajo que ha realizado en tan poco tiempo y creo que no hay mejor manera de hablar de su compromiso (y el de toda la gente cercana a la editorial) que viendo su catálogo. Un día nos juntamos a tomar un café con Maigua para charlar de esto y me propuso sacar algo en la editorial. Yo tenía “Cielos” terminada y Maigua contagia entusiasmo, así que me convenció enseguida.
– En este libro tu imagen pasó de la contratapa al frente ¿cómo fue esa experiencia?
Rara. En general no me gusta aparecer en los libros, prefiero que se defiendan solos y que haya el menor agregado posible. Nudista maneja este diseño donde el autor debe aparecer en la fotografía y fue imposible convencer a Maigua de no hacerlo. Juan Cruz Sánchez, que hizo la foto, tenía una idea donde yo aparecería en la contratapa. Al final la idea se modificó y terminé adelante, pero chiquitito. Lo mejor es que, si no avisan, ni se nota que soy yo.
– Teniendo en cuenta que La Hora de los Monos fue publicada mientras estabas viviendo afuera por una reconocida editorial de Buenos Aires ¿Editar desde Córdoba, adquiere para vos una nueva significación?
“Cielos de Córdoba” es una novela corta, una nouvelle. Por su formato hubiera sido complicado publicarla en una editorial más grande. Podría habérsela propuesto a alguna editorial independiente de Buenos Aires pero, a lo mejor justo por estar volviendo a vivir en la ciudad, tenía muchas ganas de que Cielos saliera en Córdoba y que se distribuyera al resto del país, pero desde Córdoba. Nudista era una muy buena opción, a la que había que sumarle la ventaja que implica trabajar con amigos, sin muchos problemas, en un ámbito de familiaridad y confianza. Hay una especie de modo “cordobés” de hacer las cosas, que tiene sus pros y sus contras, pero que siempre proviene del apasionamiento y el entusiasmo. Lo extrañaba y fue un placer reencontrarlo. Hubo dos momentos en el proceso de edición que para mí fueron claves: un almuerzo con Lamberti, Maigua y Juan Cruz Sánchez un sábado bajo el sol del mediodía de invierno y el regresar a San Fernando para hacer las fotos, un lugar donde pasé muy buenos días con amigos hace unos años. Desde la Odisea en adelante está claro que uno nunca regresa al lugar del que partió. Pero durante ese almuerzo, charlando con Lamberti que fumaba en la vereda, mientras esperábamos por la comida, o en la noche de San Fernando, mirando las estrellas y las montañas oscuras, por un ratito pude decirme a mí mismo: volví, estoy de nuevo acá. Fue sumamente placentero y tranquilizador.
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Presentación: Sábado 3 de Septiembre – 19:30 hs.
Lugar: Patio Mayor Centro Cultural Cabildo (Independencia 30)
Entrada Libre y Gratuita







