Entrevista: CRISTIAN PALACIOS

SOBRE EXPERIENCIAS COMPARTIDAS QUE EDUCAN

Por Carlos M. Díaz

 Tengo que admitir que no soy público de teatro, mis experiencias han sido frustrantes salvo excepciones. Soy conciente que esta entrevista me generó muchas dudas. Pero admitir que no sabía sobre teatro infantil, y rehusarla no me hubiese permitido saldar algunas dudas que tenía este género, sus características propias, y el como conectar al niño con el mundo de las artes, la literatura, la reflexión, y las emociones de una manera amena y divertida.

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– ¿Qué diferencia hay al escribir obras teatrales para chicos de aquellas destinadas para un público netamente adulto?
Habría que pensar si hay diferencia de esencia entre los dos lugares. Mi experiencia personal al escribir para chicos, paradójicamente, es que me da más libertad que el escribir para adultos.
Uno siempre tiende a pensar que el teatro para niños esta mas acotado, porque hay temas de los que no se pude hablar. Pero yo pienso que es al revés, en el teatro para adultos hay muchas cosas de las que no se puede hablar, que no se pueden abordar desde determinados puntos de vista porque están destinados exactamente para adultos.
En cambio, en el teatro para niños, da mucha mas libertad para jugar, para volar, para decir cosas.
Obviamente hay cierto nivel en el lenguaje al que los chicos no pueden acceder, aquel que esta basado en la experiencia, en la acumulación de conocimientos, al que los niños por cuestiones de su edad no tienen acceso todavía. Pero salvando esos puntos, no creo que haya grandes diferencias.

– ¿Entonces, el teatro para niños es un género en si mismo?
Es un género en si mismos, como lo puede ser el policial, el thriller. Vos en un género podes decir ciertas cosas, tenes acotaciones temáticas, formas de decirlo. En el policial blanco no vas a decir malas palabras. En el policial negro, por ahí si. Es teatro bizarro por decirlo de alguna manera; vas a usar a propósito malas palabras. Cada género tiene sus secretos y te va diciendo como escribirlo
Para mi el teatro para niños es esto, un género que está definido por el público al que esta dirigido.
Pero salvando eso, no hay grandes diferencias, escribo de la misma manera para grandes como para chicos, me lleva el mismo tiempo, es tan difícil como escribir para adultos y la responsabilidad es la misma.

– ¿Hay historias que atraigan particularmente a los chicos?
Hay historias que atraen tanto a chicos como a grandes, hay formas de contar que culturalmente son atractivas por el tipo de sociedad en que vivimos, que atrae tanto a los chicos, como a los grandes por igual. En esto se basa el gran éxito de las películas de Hollywood para niños. Tienen ambigüedades, pero son para todo público, no para los niños específicamente.
Cuando uno se ubica en un género especial, si hablamos de teatro para niños, y respetamos las reglas del género, el espectador sabe de que le estas hablando, disfruta del placer del reconocimiento, el placer de entender de “que va la cosa”.
Y a este placer se le suman otros placeres, placer de sorprender al espectador.

Pero uno no puede sorprenderlo, si el espectador no entiende lo que esta viendo. Cuidado!, no estoy hablando de que sea mejor un teatro de corte más clásico que uno experimental. Yo tengo la experiencia de haber trabajo con DE LA GUARDA, y cuando me preguntaban los periodistas si era vanguardia, yo siempre respondía que DE LA GUARDA tenía el relato más clásico del mundo a pesar de que uno no use códigos, palabras, personajes. Pero si hay un nudo, una introducción y un desenlace. Y eso estaba clarísimo, por eso funcionaba tan bien. Y esta regla funciona bien con grandes y con chicos.

– Al adulto podes hacerle madurar una idea, una situación y le buscas un desenlace posterior. En cambio en el teatro infantil, los tiempos de concentración por ahí varían, tenes que ser más mediatista con respecto a un efecto.
Si vos haces teatro para chicos de 2 a 4 años hay ciertos lugares, extensiones, que por ahí no podes tener. Pero también es relativo, vuelvo a poner al cine como ejemplo, hay películas que duran 3 horas y los chicos van a verlas igualmente. Se dice que los chicos no leen y se comen esos libracos de 700 páginas, como “Crepúsculo”.
Si hay tiempos de atención en el niño que no son los mismos que en el adulto. Pero también al adulto le cuesta mantenerse concentrado, estamos en la sociedad del video clip, del zapping.

– El sitcom yanqui en 25 minutos te desarrolla toda una la historia, uno gags atrás de otros, que mantienen al espectador atrapado.
Si, son realmente buenos, es difícil mantener ese ritmo… pero es por eso que repito que es relativo. Hay apuestas muy interesantes de espectáculos que buscan otra cosa y realmente son difíciles de hacer, tanto para adultos como para niños, espectáculos que no buscan la inmediatez, donde la historia se desarrolla en forma más lenta.
Vuelvo al cine para dar ejemplos, porque todos hemos vistos películas.
El Estudio Ghibli que ha realizado películas de animación como “El Viaje de Chihiro”, “El Increíble Castillo de Vagabundo”. Son películas de animación contemporáneas que no apuestan al gags rápido, al desenfreno, van más bien a contar una historia calmada pero que funcionan muy bien.
En teatro también sucede esto. Hay obras que buscan la inmediatez, la rapidez, la velocidad. Pero algo que me ha enseñado la practica escénica, es que cuando se dice: «esta obra es muy larga, vamos a hacerla a toda velocidad», sigues remándola inclusive, solo que a mas velocidad. Lo que te da la atención del público no es la velocidad, una persona sin hablar un minuto te puede mantener en vilo, expectante…

– Cualquier expresión artística tiene diferentes lecturas, en parte depende de la experiencia y la educación, como venís diciendo, ¿Esto se percibe también en lo chicos?
Pasa lo mismo en todos los públicos, depende del nivel económico, del social, del contexto cultural. Pero la imaginación no esta determinada por lo económico. Justo vengo de tomar un curso con Guillermo Heras, un director de España. Nos contaba las diferencias entre el teatro en lugares donde casi no existe, con respecto a lugares donde la actividad teatral es importante. Obviamente existen diferencias en las técnicas, fundamentalmente por la imposibilidad de acceder a la profesionalización, pero la imaginación es igual en todos lados, es universal.
Hay veces que se subestima el poder de la imaginación. Muchas veces la gente del interior va a Capital buscando dramaturgos, pero la creatividad esta en la gente, en todos lados, en todas las clases sociales. Obviamente, todo esto con «peros», si un chico no come, si hay desnutrición el problema es otro, hay necesidades anteriores al arte.

– ¿Y con respecto a lo geográfico?, esas diferencias están presentes si el público no comparte códigos culturales comunes.
Nuestra compañía tiene un espectáculo para niños que se llama «Los Sonámbulos», una obra muy particular porque cuenta la historia de la ciencia y no dice cosas fáciles de entender.
Siempre vienen los padres y nos dicen que han aprendido mucho. Y la hemos presentado en Capital Federal, tanto universidades, como colegios secundarios y escuelas de Lanus o Lugano, incluso en México. También en espacios más marginales, pero como la puesta esta orientada a despertar la imaginación o las inquietudes, las limitaciones culturales empiezan a desvanecerse.
Si, hay limitaciones culturales, no vamos a ocultarlas. Si yo digo en la obra «el músico de Viena», en lugar de Mozart, ahí tenemos un limitante cultural. Pero si yo hago referencia «un músico de Viena», y el espectador entiendo que hago referencia a un músico de esa ciudad, que seguramente es famoso, la limitante desaparece.
Hay que tener cuidado como se maneja estas diferencias. Pero todos los públicos son diferentes, incluso dentro de una misma función, nosotros nos hemos sorprendido las respuestas, y como el público te va enseñando sobre el espectáculo que vos estas creando.

– ¿Los chicos pueden distinguir la ilusión, la fantasía de la realidad presente sobre el escenario? Pueden disociar la puesta escénica de la realidad?
Seguro, podría decirte que entienden mejor que un adulto que estamos jugando. Podría decirte que hasta es una ventaja trabajar para niños desde esta óptica.
Ellos entienden el juego, y jugar es jugar en serio. Es jugar a que grito, a que lloro, a que me da miedo.
Yo realmente creo que ellos entienden cuando uno esta dentro del papel y cuando se sale del papel.

– ¿Se puede pensar en un teatro infantil despegado de cualquier cuestión pedagógica, sin la pretensión de dejar una moraleja?
Para mí, el teatro es una forma de pensar y conocer el mundo… Si hablamos del buen teatro obviamente. Hay fórmulas más limitadas que se apegan a los prejuicios, a las tradiciones, que no tienen nada malo… pero no que enseñan nada nuevo. Y hay formas donde realmente hay un cuestionamiento. Me gusta mucho decir esta frase que le corresponde a un crítico literario alemán: «las buenas obras siempre te hacen una pregunta, te dejan preguntas». Ahí esta la enseñanza.
Si entendemos al teatro para chicos como aquel donde tenemos que enseñarles a ser buenos, a lavarse los dientes, a portarse bien… no estamos enseñando. Estamos repitiendo códigos que ya se instruyen. El teatro infantil puede y posiblemente deba despegarse de estas cuestiones pedagógicas.

Un espectáculo que esta bien hecho, que tiene compromiso, aunque solo te haga reír, te esta enseñando algo si te retiras de la sala con cuestionamientos. No hay nada malo en ser pedagógico, pero el teatro infantil no tiene que tener esta condición para ser calificado de buen teatro infantil.

– Como investigador, ¿qué importancia dan los padres o los docentes al mensaje que quiere trasmitir la obra en detrimento de como esta expresado dicho mensaje, de la forma?
En las obras bien hechas, es difícil separar lo que sería forma y contenido, están implicados profundamente. Hay obras en las que el contenido y la forma son lo mismo, por ejemplo, si la obra busca enseñar a lavarse los dientes. Pero si la obra va mas allá de esa simplicidad, la forma establece una dialéctica indivisible.
Respondiendo a tu pregunta, los padres y maestros son mediadores quiéranlo o no, son los referentes que el niño tienen, incluso son referentes a cuestionar, los niños son críticos con respecto a sus referentes.
Si te respondo desde la práctica, con un espectáculo que llevábamos a las escuelas de riesgo, marginales, sobre Derechos Humanos, que se llama “El Extraño Viaje de Nicolás Pipper”. Después de la presentación, un especialista daba una charla a los chicos sobre sus derechos de levantar la mano para preguntar, que los chicos deben ser escuchados. Pero nos pasaba que muchas veces estos especialistas buscaban “extraer el contenido” del espectáculo. Pero no se puede extraer el contenido, porque la obra en ningún momento menciona explícitamente nada sobre los derechos humanos, aunque habla de ellos.
Este especialista quería que los chicos extraigan el mensaje del espectáculo, y eso es un acto de violencia hacia los chicos, porque ellos se habían quedado con otra cosa, les había despertado otros cuestionamientos que eran muchos mas interesantes que los que este especialista quería hacer.
Nosotros como grupo sentíamos que estaban destruyendo lo que habíamos generado con el espectáculo. Cuando uno logra que lo pibes escuchen atentamente una hora, donde habían llegado a emocionarse con lo que le sucedía al protagonista de la obra.
Las emociones no son enseñanzas que se puedan trasmitir en palabras. La emoción no se puede ensañar con palabras, pero la emoción en si misma es una enseñanza muy significativa.
Esta bien enseñar derechos humanos, pero es mas importante enseñar que pasa cuando se violentan esos derechos, que pasa con nosotros que vemos que se violentan los derechos permanente alrededor nuestro. Llegar a emocionarse por eso, a conmoverse a inquietarse, es mucho mas importante que decir yo creo o adhiero a esos derechos.

– ¿Los chicos son buenos receptores del contenido?
Toda persona que trabaje para niños te va decir que dicen la verdad, que sino les gusta no la van a caretear, pueden ser malos inclusos. Tampoco hay que idealizarlos son seres humanos con sus odios, rencores, sus miedos, con sus formas de recibir, a veces entienden, a veces no.

-¿Cómo espectadores, qué les aporta a los chicos el teatro?
Me parece fundamental porque justamente están en formación, y en las sociedades contemporáneas, el teatro es el único lugar donde sigue vivo el encuentro, el lugar donde esta la experiencia presente, donde hay necesidad de un cuerpo a cuerpo con los actores.
Al teatro no se lo puede bajar de internet, ni se le puede hacer zapping, no se lo puede piratear. Si bien el teatro es una de las formas más antiguas de expresión artística, es paradójicamente, la que esta a la vanguardia de todos estos dispositivos que buscan quitarle el cuerpo a las emociones. El enviar un mensaje de texto es la forma más fácil de no decir las cosas cara a cara.
Y en el teatro, todo es un cara a cara, y eso es fundamental para los niños, incluso para los adultos, ya que es una experiencia enriquecedora. Lo es a tal punto, que sí el teatro es malo, es insufrible. Una película aburrida te aburre, una obra de teatro mala y aburrida es insufrible. Pero una obra de teatro bien hecha te absorbe, una obra mal hecha te expulsa de la sala. En el teatro estas siendo parte de una experiencia.

– ¿Qué le lleva a escribir a un dramaturgo? ¿Qué ves en un escenario vacío al momento de escribir una obra?.
Lo que me lleva a escribir a mí es una pregunta, una idea, una inquietud, esos son los puntos de partida. Querer investigar algo, pero no desde el punto de vista académico o teórico, sino desde el pensamiento, desde la investigación literaria.
Cuando empiezo a trabajar, cada tema te dicta su lenguaje propio. Yo siempre cuento que cuando escribía «Mundo Bilina», comenzó siendo una obra de teatro, y llego a un punto en que ya no podía serlo, salió una novela.
Y con el teatro pasa lo mismo. Cuando el dramaturgo escribe, solamente escribe teniendo como referencia que el texto se volcará al teatro; pero es más importante la instancia de la escritura literaria.

– ¿El teatro escrito es un género literario?
El teatro propiamente dicho es lo que pasa sobre el escenario. Cuando un director toma lo que un dramaturgo escribió, en la medida que ese director sea responsable con lo que esta tomando, ese texto se va a transformar. No hablamos de cambiar palabras, sino del punto de vista, de la interpretación, la puesta en escena, eso es lo que hace a la obra de teatro, ese momento que dura 1:30 hs. y se desvanece en el aire, del que no se puede ni dejar registro. Cuando la obra termina, no queda nada de ella, solo la experiencia de los actores y espectadores.

– Cómo convencerías a los padres para que acerques a sus hijos al teatro?
El teatro es una experiencia muy importante que los padres deberían compartir con sus hijos, el teatro no es un lugar para dejar los chicos un rato, para que se diviertan y los padres se puedan ir a tomar un café. Si lo ven así, prefiero que vayan a ver una película o a los videojuegos. Las dos partes deben ir, las dos partes deben comentar si fue aburrida, si no les gusto la obra, si fue lenta, larga. Y lo mejor que puede pasar es que se retiren diciendo «que buena que estuvo esta obra».
A diferencia del cine, que es otro maravilloso lenguaje, el teatro es un arte vivo, como la danza o el circo, en el cual pueden estar cuerpo a cuerpo con los artistas. Eso lo hace maravilloso, interesante.
También es importante que no se queden con la primera sensación que les puede haber dado una obra mala, se van a perder miles de obras excelentes y enriquecedoras, de pasar momentos muy lindos entre padres e hijos.

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Cristian Palacios, artista e investigador, ha visitado Córdoba en varias oportunidades durante 2011 con motivos de su trabajo en relación al Programa «Problemáticas del Acontecimiento Teatral para Niños. Estudios y Prácticas en Producción y Recepción» del equipo de trabajo de Chocolate con Churros, Teatro para niños y jóvenes. Palacios obtuvo recientemente el 3° premio del 5° concurso de novela «Los jóvenes del Mercosur» de Editorial Comunicarte con su obra «Margarana».

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