POR UNA POESÍA PÚBLICA
Por Javier Martínez Ramacciotti

– Una lectura de “Escuela Pública” de Omar Chauvié –
“mis pupilas alrededor de este libro de letras
La letra es el fruto ensimismado que atrae como causa final”
Mario Ortiz
“La violencia es la partera de la historia”
Karl Marx
Cada poema es un pensamiento. Empezar axiomáticamente nunca es recomendable, pero estoy convencido que esta afirmación es sostenida por los poemas de Omar Chauvié, y por otra parte me parece evidente que es así. En cada poema y en la sucesión que los encadena se gesta un pensamiento que es singular al procedimiento de la poesía, que no puede ser reducido a otras zonas del pensar, y que sin embargo necesita entrar en relación con éstas. Entonces, un poema no es asunto de juegos de lenguajes, de goce estético, o de experiencias afectivas escenificando su histeria entre la necesidad de mostrarse y su imposibilidad; o al menos, un poema puede ser todo eso, pero ahí no se detiene: en un poema se juega una Verdad, un Acontecimiento que expone un plus de real que ningún Saber con sus glosarios contiene, y el poema es ese acto de fidelidad a la Verdad descubierta en la invención de su nombre. Un poema es un pensamiento de los nombres para una Verdad que, no siendo de este mundo, viene a proponer otro. Y así las cosas, Escuela Pública, el libro que acá nos reúne, y cuya lectura me llevó a la confirmación del axioma con el que comencé el escrito, ¿qué pensamiento exhibe en la progresión de unos poemas para cuya apreciación haría falta verlos en la página porque en su misma factura visual y de diseño se juega gran parte de su pensar? ¿De qué orden es la Verdad con que este libro fisura nuestra lengua crítica conduciéndonos primero a la afasia pero inmediatamente a la necesidad imperiosa de fabular los nombres que la desplieguen exponenciando su intensidad?
Escuela Pública es una poética del tiempo, del tiempo como Historia, de sus recomienzos, y sobre de qué manera la literatura puede dar cuenta de esos umbrales germinativos en los que La Historia se contrae, se sustrae y vuelve a desplegarse para tener un nuevo inicio, un re-comenzar. Y cuando hablamos de La Historia lo hacemos en el más amplio de los sentidos, porque en estos poemas la historia del aprendizaje de las letras, la historia de un país y la historia de la literatura parecen anudarse de tal modo que su interdependencia se manifiesta como una ley de atracción física. Así, puesto a pensar el tiempo como Historia( es decir, una temporalidad que es ya desde siempre modulada por los ritmos, punteos y dinámicas de la facticidad histórica), los poemas de Escuela Pública asumen la característica de un pensamiento de lo contemporáneo, según la paradójica definición de Agamben: ser contemporáneo es mantener una relación de distancia con el presente, un minúsculo retraso que le extraña y permite aprehenderlo en sus pliegues, en esas ínfimas zonas en las que anida su potencia, los puntos que le dan su peculiar morfología, y que no se aprecia en las superficies en las que el presente pretende exhibirse transparentemente: esto es, la novedad. Ser contemporáneo, por el contrario, es enrostrarse al presente desde el anacronismo, signar el presente con la huella de lo arcaico, y así, no retornar a no se sabe qué pretérito intocado, sino hendir el espacio en el presente por el que se deja pasar el tiempo de La Historia, del tiempo como Historia, del por-venir. “Que volviste atrás en el renglón sin dejar de avanzar”, dice uno de los poemas de Chauvié.
Retomemos, entonces; el pensamiento y La Verdad de Escuela Pública es la de una poesía contemporánea e intempestiva que reenvía el presente- ese instante que se presume sin Historia- de la literatura y el lenguaje a los comienzos. Y así, lo primero que me llama la atención son esas citas-epígrafes de Sarmiento y Hernández, o esas citas incorporadas al cuerpo del poema, como las de Lucio V. Mansilla o Bartolomé Hidalgo. La remisión es, entonces, a la gesta- en el doble sentido: épico y de comienzo, un inicio que es violencia, la partera de La Historia- de La Literatura Argentina, una literatura que era doble, simultáneamente ejercicio estético y praxis política; escrituras que carecían de la distancia de la autonomía y se trazaban sobre la superficie empalagosa y sísmica de un Estado-Nación también gestándose sobre una multitud de líneas y planos de fuerza. Acá capto el primer guiño para algo que me interesa sostener: la remisión a los comienzos convulsivos e impuros de La Literatura Argentina, ¿no apunta al re-comienzo en el presente de una poesía que, para retomar el título del libro, podríamos llamar “poesía pública”? Ni una poesía social ni una poesía política, porque ambos términos contienen elidido un genitivo objetivo: poesía de la sociedad, poesía de la política. Y la ejemplaridad de una literatura que co-nace con La Historia y El Estado, de cuyo nombre recibe el gentilicio, es que no puede ser nunca una poesía transitiva ni meramente referencial, ya que aquello de lo que habla es también aquello de lo que forma parte y con cuyas piezas construye su armazón. Una poesía pública, como me atrevo a designar a la poesía de Omar Chauvié, es una que sostiene en su inmanencia la interrelación con cualquier ámbito, una poesía en cuya verdad se juega también la verdad de una ciudad, porque interviene como una voz más en “la cosa pública”. Y, además, interviene en los instantes instituyentes, en ese magma de virtualidades previo a cualquier institución y de cuya acción depende: de algún modo, Escuela Pública pareciera escrito con la inseguridad, con el trastabilleo, pero también con el furor y el arrojo con que se habla en una asamblea en una plaza pública, ahí donde una multitud de singularidades( una de ellas, la poesía) en plano de igualdad se dan a sí mismos la realidad en la que van a vivir sus días y sus noches. ¿Cómo una poesía así, en situación pública, puede desenvolverse como la voz de un sector social o de un referente político, cuando todo es conflicto larval, cuando todo es pasión por lo real, que no es la realidad sino el umbral en la que ésta se contrae para comenzar de nuevo? Escuela Pública parece pensar una poesía pública que, sin querer reproducir la literatura del siglo XIX, sí extraiga de allí su pasión por lo real y a Historia, su arrojo y su salto, su impureza y su voluntad de fundación.
Pero este nuevo término que se me ocurrió inventar, porque nada hay más hermoso que inventar términos, también puede ser pensado desde la otra signatura arcaizante del presente; en este caso, del presente de nuestro uso competente de La Lengua. Y acá aparece la interrogación por la palabra “Escuela” en el título y como escenario recurrente en los poemas que permite el pensamiento de una materialidad de la letra, y de una poesía que se escriba en la proximidad de esa materialidad. ¿Cómo aprendemos La Lengua? La pregunta siempre es importante, pero en relación a la escritura poética lo es en extremo grado, ya que de la definición de ese inicio se seguirán poéticas disímiles, porque la poesía es siempre un sacrificio de las palabras que la conduce hasta sus albores inmemoriales. Existe una primera aproximación a la filogénesis de La Lengua y el aprendizaje infantil: la mímesis sonora, la imitación placentera de la cría de los sonidos circundantes, preferentemente los maternos; es una experiencia de la onomatopeya, de la sílaba, de la palabra y la oración. Es, antes que nada, degustar la insignificante resonancia del sonido en la boca, y es esta imagen la que anida en una extensa genealogía de poetas al afirmar una “experiencia de los límites infantiles de la lengua”.
Pero hay otro comienzo; no un Origen, sino un inicio segundo, un re-comienzo que es simultáneamente olvido y creación: La Escuela. ¿Acaso no nos enseñan en los primeros grados de la escuela a descomponer lo aprendido, la necesaria destrucción de la experiencia materna en el seno de un aula pública para así dar marcha a una nueva pedagogía, a una nueva lengua, a la escritura? Descomponemos las palabras en sílabas, pero antes de las sílabas en letras. El umbral del recomienzo es La Letra, y La Letra no es la reproducción gráfica del fonema, en principio porque La Letra tiene una cualidad que la multiplica, y es su materialidad espacial: no hay una sola “e” porque hay aprender la mayúscula y la minúscula, la cursiva y la imprente, y porque además hay plurales caligrafías. El aprendizaje de la letra, de su diseño, es el aprendizaje de la potencia de la escritura, de su diseminación.
La pregunta por la poesía, por su anacronismo y su reenvío arcaico, es la pregunta por la infancia, y Escuela Pública nos exhibe otra posibilidad de ensayar esa infancia de La Lengua. Si en una tradición bien consolidada podemos hablar de una “experiencia con la lengua” como una experiencia infantil en la suspensión fónica, vocal, musical del sentido, en Escuela Pública, por otra parte, podemos leer otra deriva, la de “lo infantil escolarizado” que conduce a la experimentación con la materialidad de La Letra. ¿Y qué es la materialidad de la letra? Es La Lengua incardinada, corporizada, en la vida pública; el instante en que la lengua adánica se exilia de sí hacia la apropiación de los hombres, de las ciudades, de los carteles, de la historia, de los grafitis. Y así, Escuela Pública, eligiendo la experimentación por sobre la experiencia, la escuela por sobre el infante con la madre, intenta en el montaje constructivista de sus poemas aprenderlo todo de nuevo, tal como lo hace un estudiante en un aula, y esa es posiblemente una de sus mayores virtudes; Escuela Pública, como poema público de experimentación de la letra, realiza el gesto materialista por excelencia: el recomienzo, la remisión y el olvido activo. Es siempre ya el tiempo como Historia- no Hegelianamente, la dialéctica del Sentido, sino Benjaminianamente: el montaje de su dispersión-, La Lengua ya no en sí sino ya siempre Trazo en un aula de repartición pública con escasos recursos dibujándose por una mano cansada para unos ojos mitad distraídos, mitad indiferentes.
Escuela Pública, de este modo, es un libro extraño, al mismo tiempo actual (su poética es fácilmente relacionable con eso que se llamó, a falta de inventiva, poesía de los 90) y sin embargo viejo, claramente Nacional pero con efecto universales. Sea como fuere que se lo califique, es una máquina estética que, como tal, es al mismo tiempo una máquina de pensamiento y de guerra; un artefacto que no puede dejar tranquilo a nadie, porque en sus engranajes incuba el empuje de La Historia y la dispersión de La Letra.
Recomienzo, ya que de recomienzos sólo he hablado. El poema es un pensamiento, sí, pero también se puede decir que el poema es una pregunta. El poema es una pregunta y simultáneamente la respuesta. Y entonces, como suele suceder, la última palabra será, cuando yo finalmente me calle, del libro. Pero antes del silencio, una imagen, porque cuando el trajín del discurso fatiga las palabras, éstas caen rendidas al suelo y se quedan mirando el vacío del cielo y lo que allí ven es una imagen.
Es el primer día de clases. Al final del aula, en un rincón en penumbras, obnubilado mirando esos dibujos en el pizarrón- líneas impasibles y duras como toda línea, a un milímetro de toda significación- un nene, un alumno, copia en su cuaderno Kapeluz, como puede y le sale, esas efigies que observa en blanco sobre la superficie negra; va, luego, hasta donde está la maestra y le muestra el cuaderno preguntándole: “¿está bien así”. La maestra le sonríe y antes de poder responder el nene lo hace por sí mismo: “sí, así está bien”. El nene, el alumno, es, obviamente, Omar Chauvie, y esas letras copiadas en el cuaderno estaban todas invertidas y a medio hacer. Escuela Pública es una copia de ese cuaderno Kapeluz, una copia mala, divertida y un poco irrespetuosa, como toda copia infantil, como toda buena copia.
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+ acerca de Javier Martínez Ramacciotti (Córdoba, 1985):
Participó de la antología de jóvenes narradores de Córdoba Es lo que hay (Editorial Babel) y de Dieciocho. Antología de poetas hombres de Córdoba (Tinta de Negros Ediciones). Ganó el primer premio del Concurso Literario El Banquete 2011, género poesía, con el libro Fondo Blanco publicado por Alción Editora. Es ayudante-alumno de la cátedra de Hermenéutica y miembro del Equipo de Investigación “La experiencia de la voz, la imagen y el cuerpo en escrituras poéticas contemporáneas (1980-2010).” Participa de la Dirección y Consejo Editorial de la Revista Caja Muda (www.revistacajamuda.net).
Mantiene los blogs www.ennombreimpropio.blogspot.com y www.noeranecesariorama.blogspot.com.
Su mail es: ramacciottijavier76@gmail.com
Libro: “Escuela Pública”
Autor: Omar Chauvié
Editorial: Vox – 2013






