Editorial: MERCADO DE ARTE / EGGO

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APRECIACIÓN EN CUANTO A LO ONEROSO Y TANGENTE

Mercado de Arte/eggo, ¿una bisagra antes/después o inversionismo en sillas para arte en Córdoba año 2023?

Por Charlotte von Mess

Como dijo el filósofo italiano de Gorizia, Michelangelo Fortini, “Los billetes brillan con la luz adecuada”.

Con motivo de esta ocasión, es oportunidad para hablar de dinero. De una feria de arte es conveniente y prudente hablar de efectivo, cheques y tarjetas aunque mucho efectivo sea seña y cuotas. Se puede hablar de ganancias/ pérdidas y acudir al sadismo interior.

Los premios de videoarte, performance y curaduría, como quien dice en latín o griego antiguo, “comprados por la municipalidad”, estaban instalados en unos contaynnners un poco tristes, despojados y decadentes, parecidos a baños químicos o a una alusión al mingitorio duchampesco en versión ultracontemporánea. Claro que revestidos cada uno con 5.000 pesos, los contaynnners se traducían en belleza y autonomía.

El espacio de videoarte era propicio para el CarTerismo, la performance del fuego/instalación arbórea quemada ensuciaba el suelo blanco un poco menos que las cenizas de las sierras de unas semanas anteriores, y la salita de curaduría transportaba límpida y sonora a un sitio impecable y perfecto que hubiera necesitado más amplitud.

Antes de ingresar corporalmente a la gran carpa, se podían apreciar unos plásticos atrapados en una red, sugerían físicamente seguir de largo: como ya especifiqué, me interesa ahondar en el dinero, no en adornos de arte contemporáneo. Por supuesto que lucen fantásticos en registros o en las fotografías que ilustraron la feria en un medio internacional, posicionándola en otros países, como las películas hechas para festivales de cine o grandes muestras para bienales como Venecia.

En el interior carpestre, se movía el piso y tambaleaba el arte, más que nada las pequeñas esculturas y objetos que son tan difíciles de vender. Días más tarde, conversando con una compradora luego de una adquisición exitosa, me confesó que no se consideraba coleccionista teniendo en cuenta al Arq. José Luis Lorenzo (muy buen mozo) o al Dr. Gustavo Bruzzone (su colección es de unas 1.000 obras). Ella me comentaba que no compra esculturas por la arquitectura de su casa y aprovecha las ferias porque el precio es más accesible; aprovecha las oportunidades, “como en las tiendas cuando hay liquidación de temporada”.

El día de apertura se veían coleccionistas o, al menos, compradores, gente que no hablaba de arte como en una exposición: estaban viendo para comprar. También se vestían de modo diferente, eran distinguibles.

Pero las obras no estaban expuestas para venta, estaban “colgadas”. Milo Lockett entendió un poco más que estaba de gira de negocios y había llevado a su stand (galería) obra de todos los tamaños, precios variados, con marco, sin marco, de madera pintada, libros para pintar, libros ilustrados con texto de otra persona. Y por supuesto vendía. Pude ver el dinero de una transacción comercial.

En la Zona Bonino (¿por qué la zona carpestre no tenía un nombre atractivo?), más cool, independiente, con algunos montajes tipo instalación, no parecían tan dispuestos a las ventas. Incluso, algunos stands directamente estaban abandonados o atendían en otro lado. Si había alguien te enviaban a otro lugar pero tampoco para venderte nada; o había una carta pero no pedían firmas a los asistentes, era algo entre el stand y el Secretario de Cultura, Francisco Marchiaro; dejaban un papel pegado en la pared para que dibujaras… No se veía un espíritu salvaje de ventas.

Era más ir a mostrar, exhibir, dando a entender que lo que sucede en Córdoba en arte independiente es independiente de la municipalidad, no la necesitan excepto para que le reconozcan legalmente un espacio, como Casa 13. Kosovo vende más en una inauguración en su propia galería y puede clavar en las paredes (el montaje en El Cabildo era con tanzas, aunque les pareció “un desafío” también es tiempo que se pierde –a esto último lo agrego yo–). La Cúpula explícitamente marcó que “no hay intención de vender”, al igual que El Gran Vidrio: “No es leit motiv vender”, “no necesitamos vender arte”. De cualquier manera tenían obras en venta. Campo de cruces directamente no tenía nada para vender, mostraban su tarea a través de redes en un plano gráfico. Un globo rojo te enviaba a otra dirección y, si bien ahí había una pequeña trastienda, vender tampoco era el interés principal. Eso no quita que hayan vendido a pesar suyo, el espíritu consumista es más poderoso.

Sin embargo es una queja habitual oír a los artistas decir que no pueden vivir del arte. Pero en Zona Bonino se pudo comprobar que no se hace nada en especial para vender. A los artistas les gusta no vivir del arte, aparentemente les fascina no vender. O les gusta quejarse. O los galeristas los engañan.

Por otro lado, los galeristas deberían asesorar cómo instalar o “ubicar” en los hogares las obras una vez compradas y despejar dudas sobre el traslado de obra. Hay compradores potenciales con $15.000 en efectivo que no compran algo que desean porque no saben qué hacer después. Es una queja particular de alguien 100% real.

Con respecto a los artistas, el miedo a la venta puede estar arraigado en que ciertas obras conceptuales pierdan parte o la totalidad de su significado, se banalicen, se vacíen al ser instaladas/colocadas al lado de una playstation, una pantalla plana o “cualquier cosa”. Porque si su obra es comprada “por gusto” corre el riesgo de transformarse en un objeto decorativo o un objeto más de consumo entre todos los otros elementos decorativos y de consumo adquiridos usualmente. Como así también es un nuevo desafío para los compradores animarse a cambiar cierta rigidez estética de sus hogares. El problema, entonces, no pasa por el dinero.

Bebiendo un poco
La feria de huevos/egos (egg-huevo y 0 es la forma visual del producto gallináceo) era para tener un wiskicito y aguantar con paciencia. En la Zona Bonino nadie quería vender pero, ¡cómo lloraban en mi hombro por las ventas de Milo Lockett! Luego levantaban la cabeza volviendo a la compostura y se quejaban de que esos compradores no estaban haciendo una inversión, que eran prácticamente unos –disculpen el léxico– estúpidos. Si les va tener algo simpático y multicolor en la casa, ¿qué les molesta? En cuanto al valor histórico, el 90% de lo que se produce no lo tiene, si es por eso podríamos ir y quemar toda la feria.

El debe y el haber
Gastos: stand (unos $5.000); montaje, luces, alquiler de mobiliario (escritorio y sillas, unos $500), alquiler de matafuego (unos $150). En algunos casos, traslado y alojamiento. Zona Bonino: free, pero gastos de traslado y humano.
Precios de obras desde $150 a $50.000. Algunas obras, muy pocas, estaban en dólares porque los artistas así lo habían dispuesto. Y se modificaron precios porque era una feria: por ejemplo una obra de $60.000 se podía comprar por $30.000.
En un recorrido por la tarde del segundo día, hubo más de 120 obras vendidas, de precios bajos. Hasta ese momento la única que tenía los gastos compensados era Milo Espacio de Arte.

“Los cordobeses no son consumidores de arte.” Daimon Arte
“No hay mercado.” Jacques Martínez
“Falta educación, no se apuesta al mercado joven.” El Gran Vidrio
“No hay cultura de invertir en arte.” Mini-contemporáneo
“La idea es sembrar.” Bitácora de vuelo

Casi por unanimidad, todas las galerías y los espacios independientes volverían a participar si la feria se hiciera de nuevo.

Propuestas con miras al futuro
“Bar, buena señalización, reforzar la difusión, por ejemplo en la vía pública. Encontrar mejores sponsors.” Artistas a la carta
“”Que la feria sea más larga, que incluya el fin de semana.” Marchiaro Galería de Arte
“Más espacios en la zona emergente.” Soho
“Música.” Kosovo
“Que haya tragos. Que esté abierto sábado y domingo.” Mini-contemporáneo
“Fortalecer la cultura del consumo de obra.” H Club
“Que circulen mozos para poder pedir algo.” The White Lodge
“Separar arte contemporáneo de arte tradicional.” Arhus
“Anexar las entradas y salidas para mejorar la circulación.” Hilda Solano

Coleccionistas y la galería Yacques Martínez
Para los galeristas que se unen a artistas que sí quieren vender, hay una clave. Si se mostraran como publicidad las casas de los coleccionistas con las colecciones “aplicadas” se entendería más acerca del “uso” del arte y más personas comprarían por gusto y/o inversión. Como dice el Dr. Gustavo Bruzzone, “regalar una obra de arte para una boda y no una fondiu.”

Claro que en general los coleccionistas compran por gusto, no por inversión. Como dice el Dr. Esteban Tedesco, “los coleccionistas compramos por gusto, de ahí a que uno tenga suerte, es otra cosa. Excepto que sea Warhol o Pettoruti, sí es una inversión, pero no en arte contemporáneo emergente.”

Clara Martínez, de la galería Jacques Martínez, dice: “Me cuesta ser amiga de los artistas porque me cuesta mucho vender y me siento en deuda. Siento que me gustaría poder hacer más.”

Bruzzone se considera coleccionista y conservacionista porque ha salvado obras de la destrucción de los propios artistas por descuido, mala conservación. Ahora se las piden para exponer afuera, circulan. Cuando él ve paredes vacías piensa: “¡Qué desperdicio!”

Clara Martínez observó a la gente durante la feria mirando con devoción y dijo que “Córdoba es un lugar que puede generar un cambio.”

Las obras de los coleccionistas son los vagones que unen a las generaciones que van haciendo historia. El verdadero amor al arte se ve en los coleccionistas, no en los artistas.

En cuanto a que los artistas puedan vivir del arte en la actualidad, Tedesco es categórico: “Con Internet, si el artista es talentoso, busca el modo de sobrevivir.”

Si se educara a la población como pequeños coleccionistas o, al menos, compradores de arte, habría consumo y circulación. Pero antes, a nivel local, los artistas tienen que aceptar/ estar dispuestos a vender sus obras y trabajar junto a galeristas que deseen lo mismo.

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