FORMAS DE ACARICIAR LO ÁSPERO
Sobre «Los Pibes Suicidas» de Fabio Martínez
Una conocida escritora best-seller, de origen latinoamericano, recibió una pregunta de un lector, en medio de una conferencia. La pregunta en cuestión interrogaba en qué lugar creía ella que nacía la nostalgia. Al cabo de unos días de cavilación emocional, la escritora llegó a la conclusión de que el sitio en el que residía su nostalgia era en su Chile natal, ya que algo elemental en cualquier escritor, era el sentirse extranjero en su lugar de origen. Esta premisa, que personalmente comparto, deviene del hecho de que han existido escritores que jamás se movieron de su ciudad de origen, pero es inherente en el acto de la escritura esa sensación de aparente desarraigo inevitable. Uno escribe para unirse con aquello de lo que siente, se ha separado sin querer, como hilvanando el sentido que nos une a otro camino, quizás más lejano y mucho más propio.
Resulta curioso y divertido – además de bello – cuando se encuentra al lugar de origen en otro libro, otro par de ojos que han sabido captarlo y retratarlo con sabiduría. Eso sucede con Tartagal y Los pibes suicidas. Y sucede con la narración. Una narración no es otra cosa que un trozo de tiempo en movimiento, es decir, un lapso de tiempo que se mueve hacia adelante. Y cuando uno lee ese retrato, ese tiempo en movimiento, esa narración, de un sitio al que siempre ha visto sin tiempo, atemporal, detenido en el curso de las cosas, sucede dos cosas: la hermosura y la sangre.
Existe hermosura en Los pibes suicidas, en ese Tartagal reconstruido y deconstruido otra vez. Ese registro del ayer jamás se veía como esbozo de literatura, y sin embrago, ahí esta: listo para leer entre las vidas de esos personajes sórdidos, acaso similares a los que andan por ahí en esa tela de estrellas que algunos llaman la vida real. Son muy parecidos, créanme. Y también es parecido el lugar en donde se mueven, el boliche al que íbamos, sus vías detrás, el río dividiendo la ciudad en dos. En el retrato esgrimido por Fabio Martínez existe la plaza del centro con su tránsito intercalado por la noche y por el ruido, está también la cercanía entre las ciudades aledañas que se disfrazan de otros mundos allá lejos, donde no nos llega nada y donde estamos perdidos del resto de Argentina, donde somos pocos y nos conocemos mucho. Igual que ahora. Es entonces, esta novela, no el registro fotográfico de una época (aunque se la mencione), sino que viene a ser una dimensión paralela y actual, es otro Tartagal, igual o más vívido que el que se encuentra en el mapa.
Me acuerdo que los viernes íbamos a Mara con la cara larga porque no había nada más que hacer en esta ciudad de mierda que quedaba lejos de todo, aun sabiendo que nos encontraríamos con los vasos vacíos y las pistas desérticas, tan sólo iluminadas por el regocijo azulado de las luces que no llegaban a conmovernos. La conmoción estaba en otro lado: en las peleas de la villa y la madrugada avisando que no había que cruzar por las vías ya que se interrumpía el amor furtivo de algún congénere. Ese Tartagal estaba también tapizado con referencias a Dragon Ball y con música contradictoria, estaba bajo el fuego o bajo el agua, ambos los elementos sustanciales que causarían tanto su historia como su perdición, así su muerte o su renacimiento, si es que ha sido esto último posible. Sin embargo, falta algo en este pueblo, eso que le falta se encuentra en el otro, en el de la novela. Allí sí hay vértigo y se empieza desde abajo, desde lo más hondo, desde el caminar por la avenida vibrante de luces amarillas que avizora la velocidad de los autos que pasan cerca, desde esa soledad nocturna que cae en forma de cigarrillo que gira en su propio eje bajo el puente, oh puente de boca de sapo que hasta el fondo no se alcanza a ver más. Por allí pasamos y por allí también pasa Martincho, el protagonista de Los pibes suicidas, sentadito junto a la baranda del puente, todo golpeado después de haber cruzado la ciudad a pie, abrigado de madrugada, fumando tranquilo.
¿Hay algo que le falte a Los pibes suicidas? ¿Alguna crítica catedrática o alguna condena para el libro o a su autor? Más bien mi crítica o mi condena sería para la realidad, para el Tartagal en serio, que ya no sigue siendo el del libro porque ya cambió y ya no tiene una noche rayada de tigres donde se vislumbran continentes y ejércitos que parecen otros tigres, ya no sigue siendo el que conocimos y que leemos el libro de Martínez como el viaje cómplice a un territorio propio. Un guiño.
Ellis aseveraba que la literatura no es algún tipo particular de texto sino lo que se proyecta en él a través de su lectura, es decir, ¿es literatura este texto que estoy escribiendo? dependerá de la forma en que lo leas. La forma en que se lee el pibe suicida de la novela es una forma de constante presente, de belleza, así sea de dolorosa belleza. A una referencia musical pertenece el título de esta nota y eso se debe a este concepto que contemplo aquí: el polvo mezclado con la sangre cuando sobre el suelo se permanece herido, pero en paz, sangriento pero feliz, porque ya no se oye en el suelo la estampida acercándose otra vez. La voz del presente es mordaz, cuenta aquí y ahora, se pone los guantes y empieza a relatar te guste o no, y así te lleva, obligado sobre el asiento trasero del mismo auto, mirando con los mismos ojos las desventuras de la noche absoluta y trabajándose el tabique con la misma moneda.
El realismo propugna la aliteración a una escala determinada del mundo circundante, cosa nada sencilla ya que en ese vía crucis se pierden muchas cosas, generalmente, el sentido de la realidad, para ser irónicos. Esta trama es una trama que alimenta un entramado de varias historias a la vez pero vistas a través de un ojo humano. Aquí no hay super dioses o consciencias extraordinarias. Lo que hay es historia, hay una construcción de un escenario latente del principio en el que se derrama sangre y hasta el final en el que se camina sin rumbo, hay un hilo conductor y hay un limbo onda purgatorio que da descanso para lograr tomar aire antes de la próxima bajada. Es un libro para todos y para pocos. Es para el extranjero y para el que vivió aquí. En las últimas páginas Martínez le dedica el libro a los habitantes de Tartagal, probablemente esos mismos que una mañana se alarmaron a oír sirenas y gritos de que se venía la hecatombe. Había gente corriendo en círculos y otros que pasaban con lavarropas a la espalda camino a casa para lavar las camisas.
Los que éramos chicos en esa época los papás nos llevaban a la ruta pa’ acompañar a los compañeros y pasábamos la noche curiosos por si pasaría algo, cualquier cosa, pero nos volvíamos apenas amanecía a dormir tranquilos y luego era la noticia y el chisme, y la ciudad humeante que vomitaba cenizas. El conflicto socioeconómico de la privatización de YPF ha sido narrado y se encuentra casi en el discurso popular de los que lo vivieron en carne propia, pero no era una historia para nosotros, los menores de diez, y quizá tampoco era historia para los recién adultos como el Martincho del libro. Es historia ahora, tomada por la mano de la ficción que no es tanta ficción porque existe en una memoria que a veces se completa con ese romántico tinte de desgarro y euforia.
La gran cantidad de pasos náufragos que atraviesan una ciudad entera, destinada al fracaso. Atravesar la ciudad ya sea de noche, acompañando la punzante luna reflejada en las heridas. Atravesar la ciudad ya sea de día, incendiándose junto al verano mismo que ha solido ser envuelto en llamas. Y finalizar con la misma, exacta y justa manera de dibujar huellas en las calles: “… empiezo a caminar, sin rumbo fijo”.
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+ acerca de Mario Antonio Flores:
Nació en Tartagal, Provincia de Salta, en 1990. Es escritor y artista de instalación. Autor de los libros de verso y prosa poética Todas las tormentas y Tarot, y de la novela – bonsái Retrato del viento, trabajos inéditos. Reseñó el ciclo de festivales musicales de la Asociación Rock del Norte, y coordinó el movimiento literario – mural denominado Acción Poética correspondiente a su ciudad de origen entre los meses de enero y noviembre de 2013. Actualmente se encuentra trabajando en una plaqueta de poesía de próxima publicación, de edición completamente independiente.
Libro: Los Pibes Suicidas
Autor: Fabio Martínez
Editorial Nudista – Julio 2013
www.editorialnudista.com.ar








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