Entrevista: EUGENIO ZANETTI

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DE LA NARRATIVA LITERARIA A LO VISUAL

Por Valeria Arevalo
vale arevalo

 

 

 

 

El multifacético artista cordobés Eugenio Zanetti, uno de los pocos argentinos que ha ganado un Premio Oscar, el mayor premio al que puede aspirar quien se dedica a la industria cinematográfica, por la dirección artística de la película “Restauración”, charlo con nosotros (Guillermo Bawden y quien escribe) en el programa Bitácora de Vuelo – Radio. Durante una hora tuvimos la posibilidad de indagar sobre sus comienzos, la pintura, sus direcciones artísticas, sus producciones cinematográficas, como también sobre sus proyectos para el próximo año.

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– ¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo del arte?

Córdoba en mi infancia, en mi adolescencia, era una ciudad muy pequeña donde no había muchas cosas, no había televisión hasta entrada la adolescencia, teníamos un cineclub, Sombras, y ahí mirábamos las películas. Teníamos una enorme avidez, había muy pocas cosas, pero tanto era el hambre que teníamos que con esas pocas cosas hacíamos mucho (…).
A los dieciséis, diecisiete años, había visto cuanta película se podía ver, desde el mudo hasta lo actual. Sabíamos detalles, estudiábamos el cine. Cuando llegó la nueva ola francesa, nos juntábamos en los cafés y hablábamos, esto era muy importante en nuestra vida, teníamos mucho de vida comunitaria y menos de la soledad que el Internet ha traído a la gente, en el cual la gente está sentada frente a una pantalla (…).
En esa época no había nada. Cuando vino la Bienal Americana de Arte en el año 62/63, fue increíble de lo que pasó en nuestras cabecitas, de personas jóvenes, muy jovencitos, niños casi, porque vimos el arte no solamente en la pintura, sino también a través la música y las artes de performance, y eso fue un evento que ocurrió dos veces en Córdoba que fue muy importante.

En cuanto a la formación, he tenido una formación autodidacta, tanto como pintor, como escenógrafo, como director de arte, y esto se fue dando por que desde muy chico comencé trabajando en pequeños teatros, en El Juglar en Córdoba, haciendo escenografías con lo que había y comencé a hacer las cosas; he aprendido haciendo más que estudiando, y esto suena un poco pretencioso pero es la realidad.

– ¿Era muy nueva la posibilidad de estudiar escenografía en esa época?

Si, era muy nueva. No había escuela de cine, solo una en la ciudad de Rosario para documentar que era de Fernando Birri y eso era todo. Estudié arquitectura un año, porque era lo único que se parecía vagamente a lo que quería hacer.
En la Facultad de Arquitectura había una gran arquitecta, Marina Waisman, que después de un año me dijo: “Mire Zanetti, yo le voy a recomendar algo, Ud no es para una casa, para una familia tipo de Barrio Matienzo, usted esta para diseñar un Palacio (…)” y tenía razón, me ahorró la carrera.

– ¿Cómo fue el apoyo de tu familia en cuanto a lo que deseabas hacer de tu vida?

Mucho apoyo. Mi padre era un intelectual, un hombre muy avanzado en sus ideas, un hombre sin prejuicios, mi madre también; nos guiaban y ayudaban a mis hermanos y a mí enormemente, para que cada uno pudiese seguir el camino que quisiéramos. Mi padre me dio un gran consejo que siempre menciono, me dijo que no me metiera en ese momento en la Escuela de Bellas Artes porque estaba de moda ir a la tendencia mundial en ese momento, la abstracción, y yo siempre fui un pintor muy figurativo, entonces me dijo que perdería diez años en tratar de sacar la influencia que podría recibir, por que cuando uno es muy joven quiere ser como los demás, no quiere ser distinto, así que me ahorró la abstracción (…), y ahora curiosamente, han salido a la luz los papeles de la CIA de los años cincuenta, en el cual promulgaban como método de propaganda contra la Unión Soviética que se impuso en todo Occidente la abstracción como arte moderno.

– ¿Cómo fue tu participación en la película “Medea”, de Pier Paolo Pasolini?

Es una historia larga. Después de unos meses de estar en París, decidí ir a Afganistán, y nos fuimos manejando con unos amigos en una Van por tierra, fuimos y volvimos de Afganistán a Europa en ocho meses por tierra. Después, me puse a trabajar en una obra de teatro en Roma, “Medea”, nada que ver con la de Pasolini y vimos que iba a filmar «Medea» en Afganistán. Dos semanas después que me acerqué a mostrarle mis fotos de Göreme (Turquía) a Pasolini y a contarle que había estado en la Capadocia y que era mejor filmarla allí, me dio la razón, que era mejor filmar Medea en Turquía que en Afganistán, y a partir de ahí me invitó a trabajar en el equipo.

– Da la impresión que tu vida siempre ha sido muy surrealista, esa conexión que hay entre tu vida y tu trabajo.

Recuerdo que mi padre siempre me decía, tenía un sentido poético, que debía conectar todas las cosas, sobre la capacidad de entender otros lenguajes. Y eso es lo que hace al trabajo artístico, coleccionar imágenes poéticas adentro de uno. Siempre fui de la idea que hay que hacer mas de una cosa a la vez, y esto tiene que ver con el trabajo creativo, el hemisferio derecho, el racional, funciona mejor cuando uno distrae al otro hemisferio con algo, entonces cuando uno hace dos o tres proyectos al mismo tiempo hay una parte que ya está ocupada, y eso deja que el otro hemisferio se ocupe por el trabajo creativo, y de ese modo las cosas salen mejor y en forma más fácil.
Siempre estoy debutando, a los sesenta y pico, dirigí “Amapola”, porque no vuelvo a hacer lo que ya sé, por ejemplo ahora voy a dirigir una Ópera, y después no lo sé (…). Trato de no referirme, de no volver, a no trabajar en un estilo que ya desarrollé, trato de enfrentar los proyectos de cero, con la cabeza bien abierta y despejada. Sin embargo hay imágenes que vuelven, y que hacen su entrada nuevamente, y no se puede pelear con eso.

– ¿En qué proyectos estas trabajando ahora?

Estoy preparando una película que escribí, que quiero hacer en Argentina; estoy preparando la obra “Fidelio” de Beethoven que se estrenará el año que viene en el Teatro Colón; también estoy preparando para nuestro Teatro San Martín “Doña Rosita la Soltera” (de Federico García Lorca). También estoy haciendo la escenografía de “Filomena Marturano” (Estrena en Bs As). Con los cuadros me pasa lo mismo, trabajo simultáneamente seis o siete cuadros al mismo tiempo.

– Con tantos proyectos nuevos y trabajos en desarrollo, ¿cómo es un día de Eugenio Zanetti?

No quiero que suene glamoroso, todo me ha costado a nivel personal, nada es fácil, visto desde afuera parece todo muy glamoroso. Es laburo, todo es trabajo, pero cuando es trabajo creativo y encima te gusta, es un privilegio.

– ¿Cuál ha sido el significado que tiene ganar un Oscar (por “Restauración”)?

Por un lado una cosa fantástica, que me gusta mucho, y que es un tema de conversación constantemente, por el otro lado creo que no significa nada, esto es lo que a la gente no le gusta escuchar, porque esto completa la ficha de Cenicienta, era así y sin embargo me paso esto que es espectacular.
El Oscar lo gané a los cincuenta, y venía trabajando hace cuarenta. Fue una cosa muy bienvenida, podría perfectamente no haberlo ganado, como cuando estuve nominado por “Mas allá de los Sueños”, que no gané y me lo merecía más, ya que era un trabajo mucho más completo. Ese año ganó “Shakespeare in Love” con un trabajo mucho menor, una película hermosa, pero mucho menor. Si lo hubiera ganado a los veinte años quizás hubiera habido cambios, a los cincuenta yo ya había hecho mi trabajo y vivía en Estados Unidos.

– Luego de tantos años de trabajo, ¿sentís que tenes ciertas libertades a la hora de trabajar?

Las libertades son relativas, todavía no he sentido las limitaciones de la edad, por ejemplo, hacer “Fidelio” de Beethoven de una manera distinta a la vista últimamente, resulta estrafalario, es un pedido importante. Es la única obra que compuso Beethoven, muy compleja, extraordinaria.
Si hago ópera también dirijo la escena, no solo lo visual. Y como la ópera está regida por la música necesita que lo visual esté conectado con la acción dramática. Es muy difícil hacer la escenografía de una ópera y dirigirla, y más complejo, el amalgamar la música con la imagen. Es un trabajo muy complejo y desafiante.
“Don Carlo” (Giuseppe Verdi), era también una obra muy difícil, donde hay mucho amor, con ciento cincuenta personas en escena cantando. (Estreno el 2015 en el Teatro Colón)
Las óperas tienen esa complejidad propia de la naturaleza humana, son eventos extraordinarios, que no se siempre se brindan, donde hay cien personas en el foso con la orquesta, ciento sesenta en escena, y atrás unas trescientas personas.

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