Entrevista: SEBASTIÁN MATURANO

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BORDE PERDIDO EDITORA: LO AUTOGESTIVO COMO GESTO

Por Gabriela Carrión

En 2013, Borde Perdido Editora se hace presente en la escena cordobesa. Desde entonces, su catálogo en crecimiento, que se nutre de tres colecciones (narrativa, poesía y dibujo), es apenas una muestra palpable (papel, papel) de lo que alberga en sí el “gesto de la edición”. En esta conversación con su hacedor, Sebastián Maturano, se evidencian otros elementos que forman parte de una práctica reflexiva e integral, componentes que se visibilizan desde la profundidad y muestran una imagen más acabada (y al mismo tiempo, siempre en construcción) de este oficio: significaciones de la autogestión, cruces entre disciplinas artísticas, la necesidad de políticas públicas que fortalezcan la actividad, la presencia de referentes en el mundo editorial…

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– Borde Perdido es un proyecto autogestivo y artesanal. Gestar es un verbo tan productivo, tan indicativo de tiempos y procesos… ¿Cuál es la apuesta más grande en tu oficio de editor? ¿Cuáles son los nutrientes que lo sustentan?

Me gusta que se desprenda de la palabra gestivo/auto-gestivo la idea de gestar antes que la de gestionar, una palabra viciada por momentos, “el gestor”, un personaje muy de los noventas. Después hay mutaciones y aparecen figuras como la del “gestor cultural”, una especie de tercerización que hace el Estado de problemas de los cuales no se ocupa, que después deviene, en el mejor de los casos, en un trabajador sincero y honesto con buenas intenciones por la escena cultural de su lugar y, en otros casos, solo hace negocitos con el Estado y la gestión de turno para después viajar a México, o no sé, Duseldorf, y hacer chapa y generar capital simbólico y material en un terreno de códigos creados para ellos. Hay un sesgo sumamente clasista en todo eso.

Por otro lado y ahora que lo pienso, la palabra “autogestivo” desprendida de su primera parte “auto”, también me remite a la idea de “gesto”, lo auto-gestivo es algo que se gesta, desde ya, pero también es un “gesto”, un modo de decir presente en un determinado momento, en un determinado lugar: hoy, Córdoba.

La apuesta más grande creo que es algo siempre a futuro, que se hace desde un presente, y creo que es la posibilidad de seguir en este oficio hacia adelante, años, mejorando y creciendo en todo lo relativo este trabajo. Los nutrientes son los sueños, las ganas de hacer, poner el cuerpo en algo que se sueña y que ese sueño se haga realidad.

– Sé que alguna vez te preguntaron por el significado del nombre de la editorial, ¿podríamos retomar hoy ese relato y profundizar en el asunto de la libertad?

La expresión “a borde perdido” es una expresión de la gráfica, en particular del grabado, que significa sacar una copia sin márgenes, a borde perdido. Tiempo después supe que también se le suele decir “a sangre”. La idea del nombre surgió por esa conexión que yo tengo por mi formación en artes visuales, la frase “borde perdido” me gustaba mucho por cómo sonaba y las cosas que podía remitir ese nombre desde una perspectiva poética, digamos. La idea de no tener borde, además, quiere decir que no tenés un sitio del cual te puedan agarrar, eso me gusta. Además, como nuestros primeros libros fueron con tapas hechas con grabado, en una técnica similar a la xilografía, nombre y concepto cerraban por todas partes.

– Utilizás la expresión “tracción a sangre” para referirte al modo de realizar tu labor artesanal. Imagino que tiene que ver con aquello que te lleva a poner el cuerpo, la energía que empuja el proyecto. Pero también hay algo de brutal en la frase (tan fuerte como el esfuerzo que hacen las bestias para arrastrar los carros), denota injusticia, desigualdad y un poco de soledad. ¿Considerás que esta doble lectura se podría realizar para interpretar alguna dimensión del mundo editorial independiente en Córdoba?

Sí, la idea de “tracción a sangre” surgió como un modo de nombrar el trabajo y su faceta artesanal. Pasa que la palabra “artesanal” ya viene cargada con un montón de significantes que no nos interesaban, o que de alguna manera no nos representan, como si fuera un barniz o algo que tapa otra cosa, puede ser precarización laboral o también está su vertiente chic. Entonces sí, tracción a sangre es un modo de evidenciar algo y nombrarlo, de todas maneras no desde un costado “sufriente” o abnegado, también hay un placer en este trabajo, sino no se podría hacer.

Eso que mencionás de “injusticia, desigualdad” también es parte, sí. No creo que haya soledad, si bien me parece que el trabajo de editor tiene una parte solitaria, creo que lo que nos falta como sector es mayor organización, aunque de diversas maneras siempre nos apoyamos entre pares, sea llevando libros a ferias u otras cosas más del día a día, como resolver un diseño, etc.

El mundo editorial independiente de Córdoba es muy diverso, lo que hace falta, a mi visión, es mayor injerencia de políticas públicas que cuiden del sector y que estén mejor aceitadas, aunque no se puede dejar de mencionar que el Espacio Barón Biza de la Feria del libro es un punto muy importante y se tiene que seguir manteniendo a futuro, fue un reclamo de años de muchas editoriales y que logramos concretar un puñado de editores hace poco más de un año. Los incentivos y compras del Estado municipal y provincial, si bien nunca fui beneficiado con alguno, son sumamente importantes y deben seguir existiendo, pero se tiene que mejorar mucho todo ese mecanismo y construir políticas claras a largo plazo.

– Empezaste con la editorial en el 2013, ahora no te pido un balance, ni una historia, sino una imagen que sea representativa del transitar de tu proyecto por este u otros mundos.

¡Es muy difícil! Pero elijo esta donde están las matrices en grabado del primero libro, en 2013, Poemas Sentimentales, de Silvio Mattoni. Es el comienzo en esa imagen, todo sigue ahí. Vamos rumbo al 2017, paso a paso, como se dice.

borde perdido

– A modo de homenaje y de reflexión sobre las prácticas de las cuales venimos conversando, quisiera dejarte un nombre, Diego Cortés, y la apertura de una hoja en blanco, de una pregunta abierta.

Conocí a Diego, es lo primero que puedo decir. Editó con Llanto un comic que hicimos junto a un amigo hace un par de años. No lo conocí en su intimidad, sino desde su trabajo como editor y poeta, sobre todo. Fue, es y será un referente. Lo recuerdo como alguien solidario y siempre bien predispuesto. A modo de anécdota recuerdo ahora cuando tuve que generar el primer ISBN con la editorial, yo no sabía bien cómo se hacía y todavía no tenía a la editorial inscripta, entonces Diego me ofreció una mano para registrarlo como una co-edición de Borde junto a Llanto y de ese modo poder obtener el ISBN que necesitaba. Recuerdo que fui al local de la galería y nos cruzamos al ciber de enfrente, cruzamos la Colón y entramos al local, ahí Diego me explicó cómo se hacía el trámite y lo imprimimos, alguien lo llamó por teléfono y dijo que en ese momento no podía hablar porque estaba con un amigo, refiriéndose a mí, sentí una sensación de honor cuando dijo eso, si bien suena ridículo lo sentí así en ese momento. Después muchas veces todos esos momentos pequeños, breves, en el recuerdo se revisten de una cosa épica, que si bien puede parecer exagerada creo que son verdaderas porque es como se sienten, y el sentimiento es una forma de la verdad.

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