Entrevista: MARTÍN PONS

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A CONTRAMAREA DE UN UNIVERSO ACELERADO

Por Carlos M. Díaz

En su primera producción como artista independiente, Martín Pons trajo a Córdoba “Ensueño de Martini”, una producción en el cual nos propone un universo visual cargado de símbolos y metáforas, una sucesión de imágenes y situaciones cargadas de ternura y emoción que describen los deseos del corazón.

Clown, mimo, un artista que nunca dejo de estar conectado con su niño interior. Un artista a contramarea de un universo acelerado.

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– Tu primer amor fue la plástica, el diseño, y parece que es cierto lo que dicen que todo el mundo tiene un payaso en su interior ¿Cuándo supiste que querías hacer reír, llorar, emocionar a los demás?

Si, nací con un lápiz bajo el brazo en vez de un pan. El dibujo, la plástica y el diseño esta en mi naturaleza. Sobre si todo el mundo tiene un payaso en su interior, no lo puedo aseverar, pero es cierto que en mi caso había una intencionalidad oculta detrás de mi timidez, y en alguna ocasión de niño logré hacer reír. Pero ciertamente fue una niñez que provocaba hacer reír, llorar, emocionar a los demás a través del dibujo. Lo logré con mi fiscalidad luego de terminado el secundario pasando por la escuela de mimo y clown que me fueron desinhibiendo.

– ¿Qué formación y estudios has realizado para dedicarte a este mundo?

Mi mundo escénico comienza en la escuela de mimoteatro de mis maestros Roberto Escobar e Igon Lerchundi, pioneros del arte de la mímica en Latinoamérica, discípulos de Decroux quien fue el maestro de Marcel Marceau. Técnica precisa y disciplina rigurosa a la antigua. Luego llegaron mis maestros de clown a desestructurar esas formas y dejar sacar la desnudez del alma como lo fueron Claudio Martínez Bel, Julia Calvo, Angelleli o René Bazinet ya estando en el Cirque.

– De Tigre a Canadá sin escalas… ¿Cómo fue llegar al Cirque Du Soleil?

Del Tigre a Canadá fue un largo camino, y sin saberlo, lo necesario para madurar como artista. O sea que quizá si hubo pequeñas escalas, paciencia, en si un rally que comenzó con una primer audición del Cirque du Soleil aquí en la argentina en el año 99, de la cual quedé preseleccionado como potencial artista de la compañía. En medio siguió mi crecimiento como artista en tigre, y en una serie de grupos de teatro independiente que me fueron armando. En el 2005 vuelven a hacer casting a la argentina y voy a regañadientes, pero esa vez además de ser preseleccionado había roles destinados para mí. Esos roles llegaron en el 2008. Por eso digo que fue un maravilloso camino de crecimiento.

– ¿Cómo describirías la experiencia de haber formado parte de esa mega compañía?

La describiría como maravillosa, porque combina la excelencia del artista con una maquinaria de empresa que potencia nuestro arte. Cada integrante desde coachs, encargados de migraciones, logística, utileros, técnicos de sonido, iluminación, vestuario y un infinito combo humano que trabaja para lo más importante que es cada show. Una familia, una ciudad ambulante y amigos que hablan más de 20 lenguas. Por mi parte que ello, además, me haga recorrer el mundo fue un plus invaluable.

– Y una vez fuera de la Compañía… ¿Qué inquietudes tuviste para desarrollar un espectáculo en forma independiente?

Ya estando en la compañía empecé a soñar Ensueño. Sabiendo que sería otro nuevo largo camino comencé a dibujar y ensayar escenas. En si estar en Cirque du Soleil me hizo mirar para adelante recuperando todo lo que había aprendido con mis maestros y revalorizar lo simple. El recorrido por el mundo me dio el valor de intentarlo, ver que tal vez no es imposible.

– ¿Cuánto te costó amoldarte a esta nueva faceta de director y actor?

Es complejo y tal vez no soy director sino creador, lo defino desde la óptica del artista plástico. Si bien no es nueva la faceta de creación como artista ya que muchas veces la autogestión te coloca en acciones impensadas para lograr el teatro independiente, todo lo que ensaye, dibuje y creé también tuvo su maduración a través de la acción desde el estreno a esta parte. Además de la colaboración de Maxi Trento, un amigo oriundo de Villa María, quien le dio una mirada como co-director en el comienzo de este sueño. En sí no fue un proceso traumático, más bien una consecuencia.

– ¿Cómo le pones límite a la creatividad y a un personaje?

El límite lo traigo con mi timidez y mi adultez, el trabajo duro es libertar la creatividad y el juego, dejar salir al artista, al niño. Es un constante ensayo que todo lo pactado en un guion tenga libertad y sea vivo cada función. Cada función me peleo con la razón para que no le gane a la inocencia, cada función es única e irrepetible aun así con sus límites.

– Chaplin decía que era un payaso, y no un actor… ¿Cómo te describes? mimo, clown, artista circense…

En mi caso me describo como artista, ya que abarca dibujante, payaso, mimo y no puedo negar todas estas facetas que soy. Considerarme “artista”, si bien sé que lo soy de nacimiento, me llevo años para autoproclamarme como tal. Es un título grande sí, pero al día de hoy ya puedo decirlo.

– Para terminar ¿Todavía te pones nervioso antes de salir a escena?

Claro que sí, unos minutos antes me pregunto ¿Que hago acá? ¿Les gustará la función? …y tengo los primeros segundos del espectáculo para romper mi propio hielo!!!

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