Aquí y Ahora: MIGUEL ÁNGEL RODRIGUEZ

FAMILIA RODANTE

Por Jonás Perea Muñoz

Creo haberme cruzado con Miguel Ángel en los pasillos de la escuela artes. Luego compartimos clínica de arte con Eduardo Médici en la galería Sasha d, donde pude ver sus incursiones en formato GIF, que me resultaron innovadoras.

En 2018 organizamos una muestra en 220cc , desde el estudio AA arte & arquitectura, junto a Marta Rivero y Pablo Oshiro, lo convocamos y en aquella oportunidad deslumbró con una serie de juguetes en talla de maderas duras, con una fuerte impronta latinoamericana. Ya en 2019 volvemos a hablarlo para armar muestra en el ciclo CA Arte que organizamos junto al colegio de arquitectos de Villa Carlos paz, donde presentó una serie de casas y paisajes ambulantes en madera. Y por último, tuvimos el agrado de tenerlo como integrante del jurado del MUAJ 2019 en la sociedad española de Cosquín. Su actuación fué importante.

Es un gusto compartir con una personalidad muy formada en sus disciplinas y de una generosa predisposición.
He aquí, su entrevista

________________________________________________

– ¿Cómo es un día en tu taller? (detalles de la vida cotidiana).

Desde mis comienzos en la plástica, mis días fueron y son una combinación de actividades: la familia, la docencia, la arquitectura y, actualmente, la gestión en el cargo de Vicedecano, que ocupo en la Facultad de Artes.
Nombro a mi familia en primer lugar, a mi esposa Ivana y a mis hijos por el apoyo, el estímulo, y también porque todos están relacionados a la producción y al arte, en distintos campos. Con ellos tenemos un intercambio de criterios, de comentarios y de distintos puntos de vista.
En relación con todas estas tareas y profesiones que realizo, todas me apasionan, y me he formado en cada una realizando estudios específicos. En lo cotidiano, intento llevar una convivencia armónica entre ellas. Al principio me costaba integrar la arquitectura, la docencia y la producción plástica, y eso me generaba conflictos internos, pero, cuando pude relacionarlas, y abordarlas como complementarias, siento que me dieron una visión más amplia, que tengo más recursos, porque pude aplicar lo específico de una en las otras áreas.
Para mí es central, es esencial la actividad de producción plástica: proyectar, dibujar, trabajar con los materiales. Cuando realizo estas actividades, me siento vivo, me sumerjo en un mundo de ideales, de lucha por concretar ideas. Creo que éste es mi alimento espiritual.

Hombre Moderno I — Talla en madera, chapa batida y hierro forjado
medidas: 130 x 150 x 15 cm. (1988)

– ¿Cuándo trabajas?

Con respecto al trabajo, para mí existen distintas formas de entenderlo: yo estoy permanentemente pensando, hurgando, leyendo, mirando, relacionando esa tarea interna, del intelecto, que creo fundamental porque es la que nos permite cuestionar lo que hacemos, la que puede hacernos que nos desplacemos y, posiblemente, crezcamos. Otra tarea es la del trabajo físico y concreto de taller: la de poner el cuerpo a la obra, que también está atravesada y relacionada con lo intelectual; por eso dejo y preservo (con bastante esfuerzo) tres o cuatro mediodías por semana para trabajar exclusivamente en la plástica, y la tomo con la seriedad y dedicación de un trabajo profesional o de un obrero.
Siento que, cuando trabajo en función de una idea, con objetivos concretos, el trabajo tiene más sentido aunque no logre lo que me había propuesto.
Esta es una profesión muy particular en la que cada uno tiene una forma, una rutina y allí el tiempo y el espacio propio de trabajo, adquieren un valor fundamental.

– ¿Cuándo nace la obra?

Un trabajo, una producción creo que se construye como producto de un proceso de pensar y de trabajar. En lo personal, como receptor de transmisiones de los que me formaron, yo voy haciendo dos o tres obras al mismo tiempo, alterno la realización, y esto me da tiempo para madurar cada trabajo, de realizar ajustes o modificaciones que surgen a partir del proceso de elaboración. Muchas veces el resultado me sorprende porque las ideas toman otro rumbo distinto del que me había propuesto.
Cuando las obras están casi finalizadas, invito a colegas, a amigos, a mi esposa, a mis hijos a que vean mis trabajos, que me comenten y me realicen críticas. Esto lo tengo incorporado en el proceso de trabajo para tener otras miradas y a partir de esos diálogos, me replanteo o reafirmo conceptos.
Generalmente, después de todo este proceso, creo que doy por finalizada la obra.

– Si tuvieras que ligar tu obra a una corriente o a referentes actuales que alimenten tu trabajo, ¿cuáles serían?

Íntimamente, siento que mis trabajos están impregnados de lo que me afecta, de lo que me toca, de lo que me nutre en los distintos ámbitos del contexto cultural, social y del campo artístico de la región, del país y de Latinoamérica. Y por supuesto que sé que tengo influencias y que abrevo en muchos artistas, locales, nacionales e internacionales; pero, particularmente, yo no sabría decir un nombre.
Percibo que, en esta época, no existe una ligazón tan clara con un artista o con un movimiento, sino más bien con el espíritu de época.

– Aquí y ahora (lo primero que se te ocurra)…

Creo que, aunque uno produzca en soledad, no está solo, nos acompañan aquellos de los que aprendimos, nuestros referentes; los colegas con los que interactuamos, lo que nos marcó desde niños y, también el barrio, los compañeros de trabajo, los amigos y la familia.

“Juguete sudamericano” — Talla y ensamble en madera de quebracho colorado
medidas: 38 x 50 x 23 cm. (2003)

Una comida, bebida y/o un postre: La milanesa, en lo personal, y el asado familiar de los domingos.
Un aroma: Los aromas que emanan de la cocina y los sahumerios de Ivana.
Un disco: Vicentico y los piojos.
Un libro: Dos, Juan Salvador Gaviota y Gandhi

El mejor regalo: Mis hijos y mis nietos.
Otras disciplinas que desarrolles con comodidad y cuentas pendientes: La arquitectura, la realización de proyectos: me encanta hacer el proyecto, pensarlo y después ver cómo se concreta la obra. Lo pendiente para mí está en la plástica, en lo que voy a hacer, en concretar proyectos que vengo soñando.

Una compañía: Ivana, mi compañera, mi amiga, mi gran amor de toda la vida.
Un lugar en el mundo: La patria de mi infancia, la ciudad de La Rioja, la casa paterna con mis nueve hermanos.

– Coméntanos un poco de tu trayectoria

En relación con mi formación, alterné el estudio sistemático con la asistencia a talleres y otros ámbitos de formación que creía necesarios para mí; y, en cuanto a la producción, fue variada. El eje siempre fue la escultura y la tridimensión, pero trabajé y sigo trabajando en varias disciplinas.
Cuando estudiaba arquitectura, comencé a ir al taller de pintura de Silvia Germán, porque desde chico me gustaba dibujar, porque sentía que la arquitectura no cubría esa necesidad de expresión. Un hecho fue fundamental para mí: mi esposa, antes de casarnos, sabiendo cuánto me gustaba la pintura, me inscribió como alumno en la Escuela de Artes, sin que yo supiera y, sin pensarlo, comencé la carrera. Esa decisión se la voy a agradecer siempre.
En el cursado, descubrí un mundo de posibilidades con el grabado (con la xilografía, el gofrado y las técnicas mixtas) y la pintura, pero la escultura me apasionó y la elegí como la especialidad para cursar la Licenciatura.
Por ese entonces, ya trabajaba como maestro de plástica en una escuela primaria; necesitaba aprender y experimentar más sobre el dibujo, la escultura y comencé a ir al taller del profesor Carlos Peiteado, al que asistí dos años.
Al poco tiempo, me recibí de Arquitecto. En 1989 gané la beca del Fondo Nacional de las Artes en escultura. A partir de ese hecho y de lo que estaba realizando en esa época (trabajos en talla en madera y hierro forjado), asumí esta disciplina como profesión. Cuando terminé tercer año, dejé de cursar en la Escuela de Artes para dedicarme a la producción; comencé a ir al taller de pintura de Patricia Ávila y, al mismo tiempo, al taller de la calle Mendoza a hacer grabado y litografía con Boyo Quintana, Walter Páez, y Juan Longhini.
Después, integré el grupo “Los hijos de la vaca”, hicimos una clínica- taller de un año y terminamos con una gran muestra.
En 1995, Mora Flores, una gran escultora y gran persona, a quien recuerdo con mucho cariño, me incitó a que me presentara a una selección docente en la Escuela de Artes, y allí comencé la docencia en la universidad. Por esa época, comencé a ir al taller del profesor Mario Rosso, al que asistí dos años, a dibujar y a trabajar el mármol y la madera.
Tuve años de producciones variables, hasta el 2002, año en que terminé de construir nuestra casa y realicé un viaje familiar a Salvador de Bahía. Esos dos acontecimientos: el de tener un espacio propio y el de viajar, ver unas tallas extraordinarias en madera, fueron determinantes. Decidí abordar nuevamente la producción con más fuerza y continuidad. Comencé a enviar a salones; me presenté en convocatorias participe y realicé muestras en otras provincias, como Buenos Aires , La Rioja, Jujuy, y en el interior de Córdoba.

“El antiguo emisario del Rey de las mentiras” — Vaciado en bronce, policromado 
medidas: 56 x 24 x 21 cm.

En mi formación, considero muy importante el haber trabajado y recibido conocimientos y enseñanzas de Ramón Cañete, un restaurador y eximio tallador de todo lo que se refiera a madera, especialmente del Barroco americano. De él aprendí a conocer y a valorar las bondades cada madera, las técnicas de encolado, de acabados y de tallas, que venían desde la práctica y el conocimiento del trabajo.
En este nuevo período, comencé con unas tallas en madera con estructura totémica, vertical; luego incorporé el juguete como un canal de expresión y trabajo.
Trabajé alternando la talla en madera, que a partir de ese momento, se transformó en el eje de mis obras, con la resina, las técnicas mixtas, la cartapesta, el dibujo y la pintura con acrílicos.
Otro momento importante fue cuando me encargaron para La Rioja, en el marco del aniversario del bicentenario la realización de un monumento al Obispo Angelelli.
En el 2012, tuve un gran empuje cuando gané el Primer Premio del concurso Nacional Arnet a cielo abierto, y construí “Paisaje ambulante” en el parque de Las Tejas. Después vinieron exposiciones en distintas galerías, museos y la participación en ferias, salones nacionales y otros premios y distinciones.

“Paisaje ambulante”
Parque de las Tejas (2011)

Después, realicé dos clínicas anuales con Eduardo Medici y otras con AnaKe Asef y Andrés Lábaque.
En el 2015, comencé la Especialización en Procesos de Producción y Análisis en Arte Contemporáneo, que terminé en el 2018. Como producción final, de ese posgrado opté por realizar un trabajo digital de Gifs. Este estudio me permitió realizar un replanteo de mi obra y volver después a las esculturas y a los objetos de otra manera.

– ¿Cómo es el paso del taller al museo y viceversa?

Creo que sacar la obra del taller, en primer lugar, hace que uno la dé por terminada, y ponerla a consideración del público, de colegas y críticos que nos realizan comentarios, devoluciones y criticas, sumado a esa toma distancia permite una lectura más objetiva de lo que hizo. Es muy importante porque todo eso hace que se repiense la obra, lo que se está haciendo y cómo se va abordar de nuevo. Para mí es muy saludable mostrar la obra, sacarla del taller y presentarla en cualquier ámbito o espacio expositivo que sea.

– Podés anticipar algo de lo que estás trabajando ahora; fecha para una próxima muestra.

Actualmente, estoy emprendiendo en mi producción plástica varias líneas de trabajo en objetos, en dibujos y en intervenciones: por un lado, abordo de una manera sintética y contundente la forma; por otro lado, trabajo de una manera más caótica, más difusa, con límites menos claros, aludiendo a lo virtual y lo fragmentario. También estoy trabajando con proyectos colaborativos y grupales. Estas producciones y temas los entiendo como tópicos emergentes de conflictos sociales, culturales y políticos.

“100 puertas abiertas” — Obra colaborativa, en el marco del centenario
de la Reforma Universitaria UNC (2018)

Sinergia — Chapa de acero, acabado en esmalte sintético y patina oxidada
medidas: 1,48 x 1,70 x 1,40 m.

Me siento motivado por el desafío de continuar construyendo objetos, con un abordaje simbólico, con escasa narración y descripción. Trabajo a partir de la dupla síntesis-forma y la expresión del material, en construcciones, ensambles de maderas y de hierros, complementadas con texturas, policromía y pátinas. Me interesa y asumo la decisión de la realización de objetos materiales, en este mundo cada vez más virtual porque me interesa la interpelación a través de un objeto.
En la materialidad de la obra, veo una continuidad en distintos componentes formales de mis trabajos (el color, la textura, los materiales), pero, especialmente, hallo un hilo conductor en lo temático.
En este proceso, me siento, por momentos, con muchas dudas; y, en otros, con la certeza de que este desafío me hace transitar un camino que me exige, que me inquieta y ese desafío me incita a seguir trabajando. Siento el material como la vida; los colores y las texturas, como los sentimientos, y la materialidad, como una pulsión simbólica sobre cuestionamientos e interrogantes de acciones de la humanidad.
Con respecto a próximos compromisos, tengo pendiente una muestra en una galería local, me realizaron propuestas para participar en el Mercado de Arte y estoy preparando unos proyectos para realizar una muestra en un museo. Actualmente sigo realizando la muestra online en gifmar.net, “MESMEDADES NEBULOSAS”, de GIF geolocalizados en la ciudad de Córdoba

“Bemoles” — Talla y construcción en madera de quebracho blanco
medidas: 70 x 19 x 36 cm. (2018)

Las esculturas de Miguel Ángel Rodríguez se convierten en objetos de deseo.
Cada una de sus piezas es singular, sin perder la idea de familia en la concepción completa de su obra.
Pareciera que tanto en la manufactura como en la en la elección de los materiales interviniese un proceso ritual.
El abordaje desde el juguete provoca una situación empática inmediata con su obra. Lleva un tiempo de introspección, separarse de aquella primera impresión inocente, para pasar a una instancia reflexiva de encontrar posibles lecturas ideológicas o críticas, que el Artista plantea, casi como un descubrimiento.
Chapeau

Vive en Barrio San Antonio, de la ciudad de Córdoba, donde tiene su taller y su estudio de arquitectura. Encontramos referencia suya en el Diccionario de Artistas Plásticos de Córdoba y en el blog artemarcba.blogspot.com. // Gif mar.net

________________________________________________

Jonás Perea Muñoz / Aquí y ahora – Ciclo de entrevistas / Octubre 2019

Si te interesa este artículo, podés compartirlo:

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Sobre admin